Ron Manners, el legendario extractor de oro que huyó de Australia por motivos fiscales

El oro "es una magnífica materia prima, llena de oportunidades, atractiva en todo el mundo…"

Libre Mercado

Ron Manners es toda una leyenda de la industria minera en Australia. Ha visitado España con motivo de la celebración del Free Market Road Show, una gira de conferencias liberales que organiza cada año el Austrian Economics Center y que hace parada en Madrid de la mano del Instituto Juan de Mariana. Libre Mercado no ha querido perder la ocasión de hablar con Manners sobre su experiencia en el mundo de la empresa y su compromiso con la defensa de las ideas liberales. El resultado es la siguiente conversación.

-¡Sus empresas han extraído 1.275 millones de onzas de oro!

Explorar las reservas de materias primas ha sido mi gran obsesión. Cuando era joven, un alto ejecutivo de la industria me dijo que no debía obsesionarme con copiar el modelo de las grandes compañías, porque sus esquemas productivos son mucho menos eficientes, mucho más costosos… Por eso, me centré en asumir riesgos y también en mantener modelos empresariales más ligeros y sostenibles.

-Y todo girando alrededor del oro, ese brillante objeto de deseo…

Es una magnífica materia prima, llena de oportunidades, atractiva en todo el mundo… Hay pocas industrias tan verticales. Y, en el caso de Australia, el reto con el que nos enfrentábamos era la falta de tradición minera. Teníamos que empezar casi desde cero. Y partíamos de restricciones severas, que iban contra la tenencia privada de oro pero también regulaban su precio de compra y venta. Al final, la clave fue la desregulación y la liberalización.

-Hollywood acaba de estrenar "Gold". ¿Qué le ha parecido?

Es curioso que la película cuenta un fraude de los 90 diciendo que ocurrió en los 80. Y también cambian los nombres de todas las partes implicadas. Pero cualquier persona que sepa algo de esta industria entiende perfectamente de qué episodio nos están hablando. Yo viví todo aquello. Fue una gran estafa y ese tipo de escándalos nos hace daño a todos, porque puede golpear el nombre de todos los profesionales honestos que nos desvivimos por hacer bien nuestro trabajo y procuramos desarrollar día a día una minería moderna y competitiva. Pero, en cualquier caso, la película acierta, sobre todo porque pone de manifiesto las locuras que hemos llegado a ver en el pasado.

-Vd. ha sido un exiliado fiscal: dejó Australia para escapar de la voracidad del fisco.

Escribí un libro llamado Heroicas desventuras con el objetivo de explicar todo aquello. Los problemas empezaron cuando vendí unos terrenos. Las normas vigentes dictaban que los pagos no se podían hacer de manera automática: era necesario asegurar que las tierras contaban con los componentes geológicos incluidos en el contrato, para evitar fraudes. Esto suponía más de un año de espera y de papeleo. Pero Hacienda pretendía cobrarme los impuestos desde el minuto uno, a pesar de que yo aún no había recibido el dinero de la transacción y podía verme obligado a esperar un año hasta que llegase ese momento.

-Y entonces hizo las maletas.

No estaba dispuesto a aceptar esa actitud de persecución que adoptó Hacienda. De manera que me fui del país durante siete años y trabajé por todo el mundo. Estuve en Hong Kong, estuve en Bali… No volví hasta que las autoridades cambiaron de actitud hacia mí. Dejaron de exigirme aquellos pagos tan ridículos y entonces, solo entonces, regresé feliz a casa.

-¿Qué hizo en Hong Kong?

Trabajé en un banco que estaba especializado en canalizar transferencias financieras de una jurisdicción a otra. Hong Kong se erigió entonces en una jurisdicción clave, porque preservaba el secreto bancario y permitía una mayor privacidad en las transacciones. ¡Hasta la CIA acudía a nosotros! Parte del dinero que reservaban para financiar la lucha contra el comunismo lo movían por Hong Kong, aunque el destino final no era necesariamente Asia y, de hecho, no pocos fondos acababan en países de América Latina.

-Se suele asociar capitalismo a empresa, pero muchos empresarios buscan favores, subvenciones, protección del gobierno… ¡Todo lo contrario a lo que Vd. predica!

Creo en la libertad. Me apasionan los mercados. Hay muchos empresarios que piensan que hay una manera más rápida y fácil de llegar a la cumbre. Por eso buscan favores, tratos preferenciales, ayudas, medidas proteccionistas… La tragedia es que los beneficios de esas medidas están concentrados, pero los costes están dispersos, de manera que son menos visibles para la ciudadanía.

Mi forma de ver la economía es diametralmente opuesta a la de esos empresarios. Creo que la competencia es la mejor manera de promover la innovación y el progreso. Por eso invierto en mis proyectos empresariales. Y, además, también intento dedicar recursos a la defensa de las ideas liberales, un ámbito en el que promuevo diversas iniciativas a través de proyectos intelectuales y de becas de intercambio que concedemos a estudiantes que quieren conocer de primera mano las economías más liberales del mundo.

-Hábleme del modelo económico australiano.

Sin duda, tenemos un modelo económico razonablemente abierto. Hay dos aspectos fundamentales que explican nuestro éxito y que también son ingredientes importantes para entender el desarrollo de España. En primer lugar, somos líderes en el ámbito de la ingeniería y las infraestructuras. En segundo lugar, tenemos un estilo de vida atractivo, con un clima privilegiado. Todo eso nos ayuda y nos asemeja a vuestro país.

-Pero Australia es más próspera que España. ¿Qué otros factores explican ese grado más alto de desarrollo?

Nuestro sistema es competitivo, está abierto a la globalización, hay buenas instituciones, la regulación es eficiente y favorable a los negocios…

-¿Optimista de cara al futuro?

En principio sí, pero me preocupa la falta de reformas, a medio y largo plazo puede hundirnos. Es un problema recurrente en el resto del mundo desarrollado. Y, aunque Australia parte de una situación más favorable, hay aspectos que debemos corregir. Por ejemplo, la deuda privada ha subido mucho mientras que el ahorro se ha desplomado. Todo eso me genera dudas. Por eso insisto en que no hay que ser conformistas y pensar que nuestro bienestar está garantizado.

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