Rafael Doménech: "Nos hemos acostumbrado a vivir con unas tasas de paro intolerables"

El economista jefe de BBVA Research pide cambiar "de forma inmediata las modalidades de contratación" e introducir "la mochila austriaca".

D. Soriano

España tiene una tasa de paro del 21%. Teniendo en cuenta que hemos estado por encima del 25%, a veces se nos olvida lo extraño que suenan esas cifras en otros países. Pocos temas han estado más presentes en el debate público en el último lustro, pero no parece que de las próximas elecciones vaya a salir ninguna reforma de calado en esta cuestión. El Gobierno defiende que la reforma ya se hizo en 2012 y que ahora quedan retoques. Y la oposición, si acaso, pide derogar aquella norma.

Hace quince días, BBVA Research publicó un informe titulado "España. Hacia un mercado de trabajo más eficiente y equitativo". Recoge un conjunto de propuestas para cambiar la estructura legal del mercado laboral de nuestro país. Se tocan temas sensibles y se hacen propuestas audaces.

Contrato indefinido por defecto, mochila austriaca, cambios en las políticas activas de empleo, reforma de la prestación del paro, rebaja de cotizaciones sociales, formación individualizada, colaboración público-privada en las agencias de empleo, convenios colectivos a nivel de empresa… El conjunto de medidas propuesto por BBVA Research es amplio y toca muchos palos. Quizás por esa ambición el informe fue muy comentado cuando se publicó, aunque la mayoría de los titulares se los llevó la propuesta de hacer una indemnización por desempleo flexible, más generosa en épocas de crisis y más reducida en épocas de crecimiento.

Pero el documento tenía mucho más. Esta semana, Libre Mercado habló con Rafael Doménech, economista jefe de BBVA Research para Economías Desarrolladas y catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Valencia. A pesar de la dificultad de la tarea, se intuye un cierto optimismo en sus palabras, como si creyera que no es tan difícil como a veces se piensa poner en marcha un "círculo virtuoso" que acerque España a la "normalidad" de los países de su entorno.

En realidad, bien mirado se puede pensar que es cuestión de voluntad política. Es decir, se podría aprobar todo mañana… o podríamos seguir dentro de quince años preguntándonos qué salió mal.

- Mi primera pregunta no es sobre ninguna medida en concreto, sino sobre cómo aplicarlas. Aunque el paro es un problema de primer orden, en España parece muy complicado hacer reformas en profundidad. Por eso lo primero sería preguntarnos cómo empezar o qué primeros pasos habría que dar.

- Las medidas hay que verlas como un todo. Nuestro planteamiento implica una reforma integral. Es cierto que algunas de las medidas que se proponen tienen sentido sólo si otras funcionan.

Lo que es fundamental es construir un consenso y en estos momentos no creo que lo haya. Sí que lo hay en cuanto a la necesidad de reducir el paro y mejorar la calidad del mercado de trabajo, pero no lo hay en cuanto al diagnóstico y lo hay menos en cuanto a las soluciones. Nosotros lanzamos esta propuesta porque queremos contribuir al debate para forjar ese consenso, sin el que difícilmente esto saldrá adelante. Si hay consenso, sí que sería posible llevar a la práctica muchas medidas al mismo tiempo.

- Sobre esta cuestión del consenso, la percepción que existe es que España es un país en el que los intereses creados y la inercia tienen mucho peso. ¿Cómo cambiar esa dinámica y convencer al ciudadanos medio de que es necesario un cambio? En cualquier otro país, con un paro como el que hemos tenido en los últimos 30 años, sería extraño que una propuesta de este tipo no estuviera sobre la mesa de cara a las elecciones.

- Creo que estás en lo cierto. Me gusta cómo lo has planteado: la inercia. Lamentablemente, la percepción que tengo es que esta sociedad se ha acostumbrado a vivir con estas tasas de paro. Lo que en otros países sería intolerable, aquí no lo es. Por eso nosotros siempre decimos que España es una anormalidad internacional y estas tasas son inaceptables. Y hay que decirlo. Esto no tiene por qué ser una maldición. ¿Es un problema persistente? Lo es. Llevamos desde comienzos de los 80 con estas tasas y parece que nos hemos acostumbrado a convivir con el problema.

- Vamos a las medidas concretas. En primer lugar, me gustaría fijarme en su propuesta de contrato único y mochila austriaca, que al fin y al cabo son dos propuestas complementarias. En lo que hace referencia al contrato único, la principal crítica que se hace es que nos convertiría a todos en temporales.

- Primero te tengo que hacer una pequeña matización: nosotros no hablamos de contrato único porque proponemos tres contratos.

- Cierto

- El contrato temporal sigue existiendo. Lo que decimos es que en un mercado de trabajo normal el contrato indefinido tiene que ser el que se aplique por defecto. Y el contrato temporal tiene que tener un papel residual y ligado a una causa clara y tasada. Debería ser minoritario.

Contrato indefinido por defecto significa que cuando una empresa y un trabajador llegan a un acuerdo para firmar un contrato, éste tiene una duración que no está definida. No hay que renovarlo en una fecha determinada. Es un contrato abierto que no tiene por qué tener una caducidad.

Y no haría que todos fuéramos temporales. Lo que conseguiríamos es que todo el mundo tuviera un contrato que no tiene una fecha de fin preestablecida. El contrato temporal te da una certidumbre de la fecha fin del contrato y te deja con la incertidumbre del día después. Sería ingenuo pensar que con un contrato indefinido se van a eliminar todas las incertidumbres. Con ese contrato indefinido no sabes si va a durar un año, cinco o veinte… Pero lo que sí que sabes es que mientras funcione la empresa bien y el trabajador siga aportando valor añadido no te tienes que preocupar de la finalización de un contrato. Al revés, este contrato te va a dar la opción de que lleves una carrera laboral ascendente dentro de la empresa. Un contrato temporal no te da ninguna posibilidad de carrera laboral, porque es un contrato para un puesto específico y para un período determinado.

- La otra cara de esta moneda es la de la mochila austriaca. En su momento, yo se la escuché a los sindicatos (en concreto, a CCOO), aunque luego han dejado de hablar del tema. Tampoco la patronal parece muy feliz con la idea, porque creen que sería un coste extra en cada contratación. [La propuesta consiste en que todos los trabajadores recibirían el equivalente a ocho días de salario en forma de una bolsa individual de ahorro para el caso de que fueran despedidos. Esta cantidad se sumaría a la indemnización que pagaría el empresario en caso de despido o se sumaría a la pensión de jubilación si el trabajador llega a su retiro sin ser despedido].

- La aportación a la mochila hay que verla como un seguro. Si las empresas hicieran una planificación financiera correcta, deberían provisionar la indemnización. Sabemos que en la práctica no lo hacen y esto sería una manera de, en cierta forma, obligarles a que lo hicieran. En el fondo es eso, una prima de seguro que estarían pagando para hacer frente a la posible indemnización.

¿Eso significa para la empresa es sólo un coste? Pues sí, es un coste, pero cuando hacemos este análisis tenemos que hacer una valoración coste-beneficio. En la medida en que éste es un mecanismo mucho más eficiente, es una forma de generar una productividad adicional por parte del trabajador. Estás eliminando incertidumbres para el trabajador y le estás haciendo una aportación a una cuenta individual de un dinero que es suyo. Si no le despiden nunca, va acumulando un capital que podrá utilizar cuando se jubile. Por lo tanto, es razonable que las empresas esperen recibir a cambio una aportación en términos de eficiencia y valor añadido de sus trabajadores.

Porque todo esto contribuye a generar un entorno en el que los trabajadores aportarán más valor añadido. Es importante no olvidar que los trabajadores con contrato indefinido, corrigiendo por otros determinantes, tienen una productividad un 15% superior a la de un empleado temporal. Por eso, la empresa puede pensar que tiene que hacer una aportación de un 2,15% al año (tanto para los contratos indefinidos como temporales) pero que si contrata a un trabajador indefinido mejora en productividad un 15%. No sólo eso, al mismo tiempo, como esto forma parte de una propuesta integral, nosotros proponemos que esto se ponga en marcha a la vez que bajamos las cotizaciones sociales a las empresas.

- Pero las cuentas de la Seguridad Social están al límite

- También se tendría que compensar la pérdida de recaudación de las cotizaciones con otros impuestos, porque tenemos que garantizar que lo que deja de ingresar la Seguridad Social se recaudará por otras vías.

En esto hay dos modelos extremos. Por un lado está el español: en nuestro país el cociente entre cotizaciones sociales e imposición indirecta es de los más altos de la UE. En el otro modelo está Dinamarca, que tiene el cociente más bajo entre cotizaciones sociales e imposición indirecta (de hecho, las cotizaciones sociales efectivas en Dinamarca están por debajo del 2%).

Además, cuando se hace este análisis coste-beneficio hay que tener en cuenta que si España consiguiera reducir la tasa de desempleo de forma permanente en doce puntos, los ingresos públicos subirían el equivalente a nueve puntos del PIB. Cuando la gente trabaja no sólo paga sus cotizaciones sociales, también tiene un sueldo que paga IRPF y mejora su capacidad de consumo con el que se recauda IVA… Y todo eso lo que termina generando es que, además, haya que pagar menos prestaciones por desempleo y que pueden ser más altas. Entre lo que se ingresa de más y lo que se ahorra de gasto se obtienen nueve puntos de PIB extra de reducción del déficit.

- Ésa es la idea de su propuesta, entiendo, generar unos efectos positivos que vayan más allá de la medida concreta, eso que se llama efectos de segunda ronda y que ponen en marcha un círculo virtuoso que ayude al conjunto de la economía.

- A mí me gusta llamarlo así, círculo virtuoso.

- La segunda pata de su documento sería la que tiene que ver con negociación colectiva, flexibilidad salarial o convenios a nivel de empres. Esto es habitual en muchos países de nuestro entorno.

- Lo común es lo que hacen en estos países. Lo excepcional es lo que pasa en España.

- Cierto pero, ¿cómo pasar a esa situación sin que se incendie el país? Porque lo que hablábamos antes de intereses creados, inercia o statu quo quizás sea en este punto en el que cobra más importancia.

- Creo que profesionalizando el papel de los agentes sociales. El hecho de que la negociación colectiva sea a nivel de empresa, que en otros países ya lo tienen claro, se resume en esta expresión de "One size doesn’t fit all". Un único convenio no puede satisfacer las necesidades de empresas tan dispares como una de diez trabajadores frente a una multinacional de 10.000 o 20.000 trabajadores con unos objetivos completamente distintos. Pensar que un convenio colectivo sectorial puede atender a empresas tan distintas no tiene mucho sentido. El convenio a nivel de empresa lo que otorgaría es una mayor presencia a los agentes sociales, porque en lugar de sentarse a hacer un único convenio para un sector tendrían la responsabilidad de sacar tantos convenios como empresas lo necesiten. Hay que hacer que el convenio se adapte a las necesidades de cada empresa.

- Por último están los temas relacionados con la prestación de desempleo, formación o políticas activas de empleo. Leyendo su documento saco la conclusión de que su apuesta es por ese modelo que se ha dado en llamar de "flexiseguridad", que pone más el foco en proteger al trabajador y no tanto en proteger el puesto de trabajo, que es lo que hacemos ahora en España. Pero cuando en nuestro país hablamos de flexibilidad se equipara a "despido o pérdida de derechos". ¿Cómo se puede convencer al trabajador medio de que no es así?

- Lo has descrito bien. Éste es un modelo que trata de poner al trabajador en el centro de la propuesta. Por eso también hablamos de equidad. Tenemos un mercado de trabajo muy poco equitativo. Ahora mismo estamos descolgando del mercado de trabajo a casi la mitad de la población trabajadora. Entre el 21% de paro y el 27% de tasa temporalidad tienes a muchos trabajadores en una situación precaria. De lo que se trata es de poner en el centro a los trabajadores que más lo necesitan, los que están más desprotegidos.

Quizás a los que están en el 5% de la cola superior del mercado de trabajo estas medidas no les dicen mucho. A quien más benefician es a ese 40-45% de la parte baja del mercado de trabajo que es donde se concentra el desempleo y la precariedad. ¿Cómo los vamos a recuperar? Asegurándonos de que están el menor tiempo posible en el paro, con políticas activas y poniéndoles un trampolín para que salten el listón de la regulación del mercado de trabajo. Y por otra parte bajando ese listón de regulación que es el que hace que nuestra tasa de paro y temporalidad sea tan elevada en relación a otros países. Si no lo hacemos de forma simultánea, dejaremos a buena parte de nuestra población trabajadora desasistida.

- Hay muchos casos de personas que dicen "Yo tengo 35-37 años y llevo 12-15 años encadenando contratos temporales". ¿Se puede recuperar a esta gente? ¿Pueden comenzar carreras laborales normales o ya son casos perdidos?

- No son un caso perdido, esta gente es perfectamente recuperable. Lo que hacemos es que ese nuevo contrato indefinido, que es sólo para los nuevos contratos y no afecta a los que ya están trabajando, reemplace a los contratos temporales actuales. Le damos esa salida a gente que lleva años encadenando contratos temporales. Para que tengan contratos indefinidos hay que generar incentivos y para eso hay que bajar las barreras a la contratación, ese listón del que hablábamos. Las empresas tienen que ver que el contrato temporal les sale más caro que el indefinido. Hay que abaratar el indefinido respecto al temporal. Es como una especie de bonus malus: si una empresa quiere seguir contratando temporal le saldría más caro que si lo hace indefinido.

- Con este planteamiento general, si ustedes estuvieran en el equipo del Ministerio de Empleo a partir del día 1 de septiembre, con el nuevo curso político: ¿qué tres medidas cree que se deberían aprobar de forma inmediata para iniciar ese círculo virtuosos del que hablábamos antes?

- Hay muchas cosas que se pueden hacer simultáneamente y no tenemos que restringirnos sólo a tres. De forma inmediata, hay que cambiar las modalidades de contratación y poner la mochila austriaca, cambiando el esquema de indemnización. A partir de una fecha, todos los nuevos contratos se deberían hacer de acuerdo a esa normativa [con el nuevo modelo de indefinido por defecto].

Al mismo tiempo, a partir de una determinada fecha, la negociación colectiva tiene que tener como opción por defecto una cláusula opt-in en lugar de la existente ahora, que es el descuelgue o opt-out. Es decir, las empresas tendrían que hacer su propio convenio colectivo a no ser que pacten y declaren expresamente que se suman al convenio sectorial.

Tercero, la devaluación fiscal: rebaja de cotizaciones a cambio de subir otros impuestos.

La cuarta, que quizás te lleve un poco más de tiempo hasta ver los resultados, es un plan de choque de políticas activas que también dinamice la colaboración público-privada en todo lo que tiene que ver con la atención en las oficinas de empleo. Hay que aumentar la eficiencia en la colocación. Esto requiere más recursos y gastar más dinero para sacar a la gente del paro. Hay que contar con más profesionales que se dediquen a ayudar a los parados y mejorar todo lo que tiene que ver con su inserción laboral.

La quinta, que ya se está trabajando, es todo lo que tiene que ver con la formación y la evaluación de su eficiencia, que está muy unida a la anterior. Si bajamos a nivel micro, los orientadores que están ayudando a los desempleados tienen que detectar las carencias de esos trabajadores y recomendar planes de formación que se tiene que hacer de forma simultánea mientras el trabajador siga buscando empleo. No es incompatible. Un trabajador desempleado debe recibir ayuda personalizada de un orientador que al mismo tiempo le aconseje de qué cursos tiene que hacer para aumentar su empleabilidad de forma efectiva.

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