La subida del salario mínimo de Podemos-IU perjudicaría a los jóvenes y a los trabajadores menos cualificados

Cuanta menor diferencia existe entre el salario medio y el mínimo, más elevada es la tasa de paro. Subir el SMI a 900 euros destruiría empleo.

Ángel Martínez

El pasado 10 de mayo Podemos e IU llegaron a un acuerdo para concurrir juntos a las elecciones generales del próximo 26 de junio. Este pacto incluye una lista de 50 puntos en donde, entre otras medidas, se plantea subir el salario mínimo desde los 655 euros actuales hasta los 900 en 2019.

Siempre que en cualquier debate sobre la necesidad o no del salario mínimo interprofesional (SMI) se pone como ejemplo a países como Suiza o Dinamarca, que sin SMI gozan de altos salarios y bajas tasas de paro, sus defensores argumentan que la cultura es diferente y que, por ello, eliminarlo en España traería nefastas consecuencias. Igualmente, se suele argumentar que Luxemburgo, con el mayor SMI de Europa, también goza de excelentes condiciones laborales y roza el pleno empleo.

¿Quién tiene razón?

En el siguiente gráfico, se puede observar la diferencia que existe entre el salario medio en cada comunidad autónoma y el SMI, así como su correspondiente tasa de paro -con datos de 2013-, y la tendencia es clara: a mayor diferencia entre el salario medio y el SMI, menor tasa de paro y viceversa.

¿Es que acaso el mayor o menor impacto del SMI en Madrid y en Castilla y León se debe a sus diferentes culturas? Es evidente que no. La auténtica razón es que en Madrid los trabajadores son más productivos y, por tanto, gozan de sueldos más altos, pudiendo así esquivar con más facilidad el pernicioso obstáculo que impone el SMI al mercado laboral.

El salario mínimo funciona como una barrera de entrada, ya que condena al paro a todas aquellas personas cuya productividad no alcanza o supera dicho umbral. El trabajo es un factor de producción más y, como tal, aporta valor al proceso productivo, pero también supone un coste. Tratar de aumentar ese coste (salario) por encima del valor que genera el trabajador (productividad) conlleva, inevitablemente, que el empresario prescinda de él para evitar incurrir en pérdidas.

Esto explica la tendencia observada en el gráfico. Cuanta menor diferencia exista entre el salario medio y el SMI, más trabajadores se situarán por debajo del salario mínimo y, por tanto, se verán condenadas al paro por ser poco productivas.

Estas personas, además, suelen ser las más vulnerables: tanto jóvenes como trabajadores con escasa formación y con contratos más precarios. Es, precisamente, este colectivo el que resultaría más perjudicado por el aumento del SMI que plantean el tándem Iglesias-Garzón. A los trabajadores cuyo sueldo supera el salario mínimo, sin embargo, ni les beneficia ni les perjudica esta medida.

Es así como se entiende el caso de Luxemburgo, donde la diferencia entre la productividad y el SMI es de las más altas de Europa, con lo que su impacto negativo es mínimo.

Esta tendencia se hace aún más clara si en vez de analizar la diferencia entre salario medio y el SMI por comunidades autónomas se observa el impacto por grupos de edad. Tal y como muestra el siguiente gráfico, la diferencia entre ambas variables se hace cada vez más grande a medida que aumenta la edad, hasta el punto de que dicha distancia en el grupo de menores de 25 años se sitúa en menos de 2.000 euros, mientras que en los mayores de 55 superaba los 16.000.

La relación, una vez más, es muy clara. A mayor distancia entre el salario medio y el SMI, menor tasa de paro. Esto demuestra a quién perjudicaría la subida del salario mínimo: los jóvenes con salarios más bajos.

Así, una vez demostrado el terrible efecto que el SMI ejerce sobre las regiones más pobres y los trabajadores más desfavorecidos, tratemos de ver con más claridad el efecto que tendría la subida del SMI a 900 euros, tal como proponen Podemos e IU en su acuerdo.

Si acudimos a los últimos datos disponibles de distribución salarial del INE, dividiendo a los trabajadores en 10 grupos proporcionales (deciles) en función de su retribución, se observa que dicha medida pondría en riesgo el empleo de más del 70% de los asalariados a jornada parcial que cobran menos de 972 euros, aunque en este caso es algo más complejo cuantificar su impacto concreto.

Asimismo, si acudimos a la distribución del salario por nivel de formación, los trabajadores menos cualificados (primera etapa de educación secundaria) se verían más perjudicados por esta subida, ya que un 28% percibe menos de 972 euros mensuales, con lo que podrían verse empujados al desempleo si, efectivamente, la diferencia entre lo que aporta a la empresa y el salario mínimo pasa de ser positiva a negativa. Por el contrario, en el caso de trabajadores con educación superior, tan solo un 11% se podría ver afectado por la subida.

El incremento del SMI nunca debe ser recibida como una buena noticia, sino como una medida nociva que afecta a las regiones más pobres y a los trabajadores jóvenes y faltos de experiencia y formación adecuadas. Así pues, la próxima vez que oiga que quieren subir el SMI, en vez de alegrarse pregúntese lo siguiente: "¿Estoy seguro de que puedo generar valor para el mercado por esa cantidad o me pillará el toro?".

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