La revolución del poder adquisitivo: así nos enriquecen los precios bajos

El low cost se traduce en una mejora directa de nuestro poder de compra, ya que nos permite hacer más con menos.

Libre Mercado

A menudo se habla de la evolución de la desigualdad de ingresos como único indicador capaz de determinar si somos más o menos ricos. Sin embargo, este enfoque estático ignora que nuestro poder adquisitivo también depende del abaratamiento o encarecimiento de los bienes y servicios que consumimos.

Analicemos, por ejemplo, el porcentaje de nuestros ingresos que consignamos a gastos corrientes como la compra de alimentos para el hogar, el mantenimiento de un automóvil, la compra de ropa o la adquisición de electrodomésticos y muebles.

En 1930, estas partidas suponían más del 60% de los desembolsos asumidos por los hogares de EEUU. Sin embargo, las décadas siguientes han estado marcadas por un descenso casi indefinido de dicha cuota, hasta los niveles del 35% que nos encontramos hoy.

No hace falta, en cualquier caso, que nos vayamos atrás ochenta años para comprobar esta evolución. También podemos comprobarlo con un análisis de la última década: a lo largo de la misma, se registran aumentos significativos en el coste de la universidad, así como ciertas subidas en el coste de los alimentos, el gasto de mantenimiento de vehículos o la sanidad; sin embargo, baja todo lo tocante al hogar, la salud personal, la ropa, la compra de vehículos, los servicios telefónicos, los juguetes, los accesorios tecnológicos, la informática o las televisiones.

Pero hay más indicadores que reflejan esta evolución. Fijémonos en el precio de viajar en avión en el periodo que va desde 1980 hasta la actualidad. Este abaratamiento se produjo especialmente entre 1980 y 2005 pero, al contrario de lo que anticiparon algunos analistas, no se revirtió en la última década a pesar de los altos precios a los que se ha llegado a mover el crudo.

El poder adquisitivo en España

Este fenómeno que también se observa en países como España ha venido reforzado por el entorno de desinflación en el que se han movido los precios a lo largo de los últimos años. Lo vemos en el IPC del último año:

De hecho, como ha explicado el Instituto Juan de Mariana, España es uno de los países más igualitarios de Europa cuando medimos la capacidad de consumo de los hogares. Nos situamos, de hecho, a la altura de Suecia y por delante de Alemania o Italia.

Queda claro, por tanto, que la "revolución del poder adquisitivo" que vienen experimentando las economías capitalistas en las últimas décadas debe ser tenida en cuenta a la hora de hablar de las diferencias salariales, ya que las eventuales divergencias en dicho campo van de la mano con un proceso paralelo en el que los costes se abaratan y los precios bajos nos permiten hacer más con menos.

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