Lo que no entiende Alberto Garzón: por qué limitar salarios castigaría sobre todo a la clase media

La introducción de topes en los sueldos implicaría la salida del país de los trabajadores más productivos, mejor formados y con mejores expectativas.

D. Soriano

Izquierda Unida (IU) no lo tiene fácil en las próximas elecciones. La irrupción de Podemos ha arrinconado a la formación de Cayo Lara y Alberto Garzón. Quizás por eso, y a la vista del fracaso en las negociaciones para acudir juntos a las urnas, el número 1 de IU le está robando algunas de las propuestas más conocidas y radicales a Pablo Iglesias, ésas que se le han caído a la formación morada por el camino de la moderación.

En la lucha por conseguir titulares, la propuesta de Garzón que más atención ha recibido ha sido la de limitar los salarios. Según informaba Libre Mercado la pasada semana, el líder de IU ha prometido que si llega a La Moncloa establecerá un límite máximo a los salarios, tanto en la empresa pública como en la privada, que no supere "10 veces las retribuciones totales que perciba la persona de salario más bajo por una jornada ordinaria o normal según la legislación vigente o, en su caso, el convenio aplicado". Es decir, si ganara las elecciones prohibiría que los trabajadores ganen más de 6.500 euros al mes, cuantía que resultaría de multiplicar por diez el actual SMI (648,60 euros), o bien que no supere 10 veces el salario mínimo fijado por convenio.

La cosa no tendría más importancia (al fin y al cabo las posibilidades de que Garzón tenga algún tipo de influencia en el próximo Gobierno son mínimas) si no fuera porque a raíz de esta idea se ha generado un enorme debate en la opinión pública. De hecho, en su momento ya fue una de las promesas de Podemos que más apoyo recabó entre las bases. Pablo Iglesias apeló a ella en su entrevista en Ecuador con Jordi Évole. Y sólo se ha caído del programa definitivo por el intento de la dirección de no asustar al votante moderado. ¿Por qué no?, se preguntan muchos españoles. Tanto los bajos salarios de muchos trabajadores como los elevados ingresos de otros llaman la atención y quien más quien menos puede llegar a jugar con la idea de repartir las rentas de forma más equitativa. Al fin y al cabo, aparentemente sólo unos pocos saldrían perjudicados…

La realidad

En los últimos días, desde Libre Mercado ya hemos analizado cuáles serían las consecuencias reales de esta medida respecto a las personas que en estos momentos tienen estos elevados ingresos:

- Descapitalización del país: los directivos, técnicos, científicos o profesionales de alto nivel se irían de España, porque en otros países les ofrecerían mejores condiciones y sería relativamente sencillo para ellos desplazarse.

- Hundimiento de la recaudación fiscal: es llamativo que los mismos que fían todas sus promesas de incremento de gasto a la subida de los impuestos a los ricos luego… prohíban ser rico. Entonces, ¿quién pagará esos tipos marginales muy elevados que proponen? Como explica Manuel Llamas, los 600.000 contribuyentes que reconocen ingresos superiores a 60.000 euros "apenas representan el 3% del total de declarantes del IRPF, pero aportan casi 19.000 millones de euros a las arcas públicas a través de esta figura tributaria, el 26,6% de la recaudación total" (y hablamos de rendimientos totales, si se circunscribe al sueldo apenas el 1,5% de los asalariados alcanza esa cifra).

- Desplome de la competitividad: como explica Juan Ramón Rallo, la importancia de seleccionar (y pagar bien) a los directivos de las empresas va más allá de su propia remuneración: "El alto directivo es el encargado de determinar a qué deben dedicar su tiempo cientos, miles o cientos de miles de trabajadores. Si el directivo la pifia, el despilfarro de recursos que implica que cientos de miles de personas estén produciendo bienes que no deberían ser producidos es infinitamente superior al despilfarro derivado de que un jardinero la pifie; e inversamente, si el directivo acierta, la generación de riqueza obtenida de que centenares de miles de personas produzcan bienes valiosos para los consumidores es muy superior a la derivada de que un jardinero acierte".

¡Que se fastidien!

Dicho esto, puede haber quien piense que tampoco perdemos tanto. Al fin y al cabo, son sólo 600.000 ricachones a los que afecta. "¡Que se fastidien!", dirá alguno, igual que lo pasan mal los mileuristas o los parados. Y el problema es que aprobar una medida como ésta a quien fastidiría más es precisamente a quien se supone que quiere proteger. No serían los profesionales de nivel más elevado los que más sufrirían. De hecho, ellos podrían irse de España fácilmente. Son los que no podrían, los que se quedarían, los que estarían atrapados:

- Cristiano, Messi y los jugadores del Levante: siempre que se habla de topes salariales salen a relucir los jugadores de fútbol o actores. Es un ejemplo clásico, porque es un tipo de trabajador que se vería directamente afectado por la medida y del que se conocen (más o menos) sus ingresos. Sin embargo, también existe el peligro de que se trivialice la cuestión y haya quien piense que si lo peor que puede pasar con un límite salarial es que la liga de fútbol se deteriore pues tampoco es tan grave.

Sin embargo, el ejemplo de los deportistas es bueno por dos razones. En primer lugar, porque Cristiano y Messi ganan mucho dinero, eso es cierto, pero no porque se lo hayan quitado a nadie ni porque se aprovechen de algún incauto. Sus servicios son reclamados y valorados en el mercado y ellos reciben una remuneración acorde. Al igual que la gran mayoría de las personas con sueldos elevados, los cracks de la liga no han hecho nada malo para tener esos ingresos, ni quitárselos haría más rico a nadie, por lo que son un buen ejemplo de lo pernicioso que es el discurso habitual anti-ricos que no va más allá de una cifra sobre un sueldo.

Pero además, es un caso que nos deja otra enseñanza. Prohibir un sueldo de 20 millones de euros para Cristiano o Messi no sólo les perjudica a ellos. De hecho, ellos serían los que tendrían más facilidad para buscarse alternativas. Quizás prefieran Madrid y Barcelona a Manchester, París o Turín, pero en cualquiera de estas ciudades encontrarían un equipo que les pagará un sueldo parecido. Si no son 20 millones, serán 18.

Pero pensemos en sus compañeros del Levante, Sporting de Gijón o Las Palmas. Ellos no tendrían tan sencillo emigrar o encontrar un jeque que les iguale el sueldo. Y sin embargo, al día siguiente de la marcha de Cristiano y Messi, la Liga en la que juegan valdría mucho menos. Por lo tanto, ellos también cobrarían menos, porque las televisiones no darían un duro, las entradas tendrían que ser muy baratas y los patrocinadores huirían… Una medida dirigida, en teoría, a penalizar a los jugadores más ricos de la Liga, acabaría castigando sobre todo a los más pobres, porque la productividad media del campeonato se desplomaría. Lo mismo ocurriría a nivel país: expulsar a tus mejores trabajadores tiene un efecto directo sobre la productividad de la economía en su conjunto y, por lo tanto, sobre los sueldos más bajos, los que además no tienen escapatoria.

- Adiós a las clases medias: los siguientes cuatro gráficos son tablas del Decil de salarios del empleo principal que el INE publicó el viernes.

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¿Qué conclusiones pueden sacarse? Bastante previsibles. Los sueldos medios crecen a más edad, más tiempo de permanencia en la empresa, más formación y más tamaño de la empresa. Por ejemplo, el 16% de las personas con más de 55 años tiene unos ingresos superiores a los 3.358 euros al mes, mientras que sólo el 3,7 de los que tienen entre 25 y 34 años alcanza ese nivel.

¿Esto qué quiere decir? Pues entre otras cosas que la promesa de Garzón no afecta sólo al 3% que declara esos ingresos. Porque ese porcentaje hace referencia sólo a los que ganaron por encima de 60.000 euros el año pasado. Pero no a los españoles que en algún momento han tenido unas ganancias superiores o que las tendrán en el futuro. Imaginemos a una persona con 40 años, con un puesto medio en una gran empresa y que gana 40.000 euros. A primera vista, podría parecer que no le afecta la medida, porque no llegó al límite legal en 2015. Pero no es cierto. De hecho, es el más afectado, porque lo que le están diciendo es que nunca podrá tener ese sueldo.

Es decir, le están quitando la esperanza de progresar. Le acaban de poner un muro. Si sigue ascendiendo o si un año se hace sus resultados y obtiene un bonus o si le ficha la competencia a golpe de talonario… en todos esos casos, su mejoría profesional no tendrá repercusión en su bolsillo. Es decir, si lo hace bien en su trabajo, Garzón o Iglesias prohibirán que obtenga recompensa. Es complicado imaginar una manera más sencilla de destruir la clase media con aspiraciones u obligar a sus integrantes al exilio. Cualquiera que piense que en algún momento de su vida podría superar esa cantidad (¡incluso aunque lo tenga muy complicado!) estará tentado a irse del país.

- Estampida de cerebros: y algo parecido podría ocurrir con los más jóvenes. Ya hemos visto que tener un título universitario hace que sea mucho más sencillo llegar a los niveles superiores de ingresos. Y también hay diferencias por sector, como podemos ver en el siguiente gráfico.

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Los salarios medios son más altos en las actividades financieras, suministros de energía, industrias extractivas o telecomunicaciones. Tampoco es una sorpresa. Las notas de corte en las universidades o el coste de los MBA suelen ser un buen indicador de lo que el mercado reclama. No es extraño que las ingenierías y las escuelas de negocio estén tan demandadas. Cuando un adolescente escoge una carrera su vocación tiene un peso en la decisión, pero también está pensando en su futuro profesional.

¿Qué pasará con estos chicos, nuestro futuro, si prohibimos ganar más de 60.000 euros a los trabajadores actuales? Pues simplemente, que muchos de ellos se irán. Probablemente los mejores. Si en los últimos años se ha hablado mucho de una supuesta fuga de cerebros, podríamos ver una auténtica estampida. No podemos saber cuántos de los ingenieros de telecomunicaciones que ahora mismo estudian en la Politécnica de Madrid ganarán más de 60.000 euros en algún momento de su vida. Pongamos que sólo el 15-20% lo consigue. Pero el efecto del anuncio de un límite salarial les afectará a todos. Porque no saben si cada uno de ellos estará entre el 15-20% afortunado. Por eso, todos tendrán el mismo incentivo: irse del país que les prohibiría, si triunfan, disfrutar del éxito de su trabajo. Estaríamos animando a marcharse a lo mejor de nuestro país.

España y los ricos

En realidad, lo que más llama la atención de estas propuestas es que se hagan precisamente en España. Nuestro país no tiene precisamente un problema de desigualdad porque los ricos sean muy ricos. Por ejemplo, el porcentaje de las rentas que acumula el 1% con más ingresos de nuestro país está por debajo del que tienen en la mayoría de nuestros vecinos: "Tal y como publicaba Libre Mercado, el 1% más rico de España atesora una renta media de 153.000 euros. En términos comparativos, nuestra élite es menos pudiente que la de otros países de la OCDE. Por ejemplo, el 1% más rico de España atesora el 8% de la renta nacional, mientras que en Francia, Italia y Suiza, este porcentaje alcanza el 9%, 10% y 11%, respectivamente".

En este enlace están las estadísticas de Eurostat por ingresos salariales. La diferencia entre España y los países más ricos de Europa es abismal. Por ejemplo, un soltero sin hijos en nuestro país gana una media de 20.150 euros, mientras que en Suecia se lleva 33.907 euros, en Reino Unido 33.723 euros y en Suiza ¡61.571 euros! Ni siquiera hay que compararse con los más ricos. Cojamos el caso de Francia:

  • Soltero sin hijos: España 20.150 euros – Francia 26.687 euros
  • Matrimonio con dos hijos y sólo un sueldo: España 22.130 euros – Francia 30.777 euros
  • Matrimonio con dos hijos y dos sueldos: España 41.260 euros – Francia 56.431 euros

Podemos ver en la tabla de Eurostat que en los países más ricos (Suiza, Luxemburgo, Suecia, Dinamarca, Holanda,…) los ingresos que a Garzón o Iglesias les parecen escandalosos: 60.000 – 70.000 – 100.000 euros son relativamente normales en muchas familias. Ése debería ser nuestro objetivo. Ser más competitivos y generar riqueza para pagar esos salarios. Por alguna extraña razón, de lo que se discute en nuestro país en estos días es de cómo castigar a los pocos españoles que ya lo han conseguido.

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