Por qué Alemania no se sumará a la cruzada contra el dinero en efectivo

El temor a las turbulencias monetarias y al excesivo endeudamiento explican la fuerte resistencia de los teutones y su gobierno.

Libre Mercado

Los gobiernos de Dinamarca o Francia han planteado en los últimos años fuertes restricciones al uso de dinero en efectivo. Estas decisiones se enmarcan dentro de un movimiento generalizado hacia el dinero electrónico, un patrón alentado por economistas de prestigio como Kenneth Roggoff o Larry Summers.

En Alemania no lo ven igual. De hecho, su ministro de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, respondió con un tajante "no" al periodista de Die Zeit que le preguntó si el gobierno de la Canciller Merkel estaba pensando en unirse a esta cruzada internacional contra los pagos en metálico. En esta línea, el Frankfurter Allgemeine Zeitung ha tratado el tema con un amplio reportaje en el que la postura teutona queda claramente alineada en contra de la eliminación del efectivo.

Cierto es que algunos teóricos teutones se muestran a favor de dar ese paso. Es el caso de Peter Bofinger, asesor económico del gobierno alemán que se definió en su día como "el último keynesiano" del país germano. Según explicó al FAZ, "es un debate que merece la pena considerar, pero cuando lo he planteado me he encontrado con una avalancha de reacciones muy emocionales contra esta propuesta... El tema suscita más oposición que cualquier otro de los ámbitos que he tocado a lo largo de mi carrera".

Temor a las turbulencias monetarias

Y es que los alemanes no ven con buenos ojos el abandono del dinero en efectivo, hasta el punto de que el 80% de las transacciones comerciales siguen haciéndose en metálico. La cifra contrasta con el 56% de Francia o con los niveles inferiores al 50% que se observan en otros países desarrollados como Estados Unidos.

El diario alemán apunta que el miedo a dejar el efectivo está muy relacionado con temor a las turbulencias monetarias, algo que los alemanes tienen siempre en cuenta tras la terrible experiencia de la hiperinflación bajo la República de Weimar en los años 20. La idea de manejarse con tarjetas de crédito se interpreta como un paso hacia una economía en la que el endeudamiento sería mayor y la disciplina financiera de las familias se vería resentida.


Como muestra, valga un botón: un gran supermercado de Munich hizo un experimento hace algunos meses, abandonando por un día los pagos en efectivo y pidiendo a sus clientes que abonasen sus compras recurriendo al dinero electrónico. "Los consumidores se enfadaron notablemente, afirmando que era el mayor ridículo que habían visto y diciendo incluso que emigrarían en caso de que este tipo de medidas se aplicasen permanentemente", explica el Frankfurter Allgemeine Zeitung.
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