¿Por qué nadie quiere entrar en el 'banco malo'?

El Gobierno presiona a las principales entidades españolas para que entren en el capital de la Sareb antes de final de año.

D. SORIANO

Cuarenta días. Ése es el plazo que tiene el Gobierno para cerrar la primera fase de la constitución del banco malo. Y por ahora, las dudas permanecen. En el sector financiero, casi todo el mundo da por hecho que lo conseguirá. Y en Economía son monolíticos en su discurso: "Habrá inversores suficientes como para cubrir los 2.200- 2.500 millones de euros que hacen falta para que la participación privada sea mayoritaria".

Eso sí, en este juego de tiras y aflojas, por ahora la gran banca se resiste. Las condiciones del decreto de constitución de la Sareb no son las mejores. Las entidades irán porque tienen que ir, pero su entusiasmo, al menos por ahora, es perfectamente descriptible.

Las fechas

Uno de los problemas que tiene por delante el equipo de Luis de Guindos es el tiempo. La ley dice que para el día 30 de noviembre tiene que estar en marcha la nueva sociedad. Cuando se puso ese plazo, todo el mundo pensó que para esa fecha ya tendríamos un dibujo, con los inversores y el reparto del capital. Pues no.

Ante las dificultades para cerrar la llegada de dinero, el Gobierno ha optado por una solución intermedia para cumplir la ley dándose algo de margen. Así, para el día 30 estará cerrada una sociedad instrumental, en la que el Frob tendrá el 100% del capital. Luego, a lo largo del mes de diciembre, llegará la nueva sociedad, la definitiva Sareb, ya con una mayoría de privados (condición imprescindible para que sus deudas no computen como déficit público). Eso sí, antes del 1 de enero de 2013 tiene que estar operativa plenamente, puesto que así lo exigen las condiciones del rescate bancario pactado con Bruselas.

Una partida de ajedrez

Posiblemente a todos los interesados les interesaría tener más plazo para tomar decisiones definitivas, pero la realidad es que no lo hay. Quedan 40 días y ni uno más. Por eso, el Gobierno está jugando una partida de ajedrez con las entidades. Parece claro que éstas no quieren ir, pero también parece evidente que, al menos las grandes, tendrán que aceptar las presiones de Moncloa. Se habla de 500 millones de euros para cada uno de los cuatro grandes no intervenidos: Santander, BBVA, La Caixa y Sabadell. El menos entusiasta parece BBVA, pero incluso en este caso hay un cierto consenso en que al final pasará por el aro.

No deja de ser curioso que un vehículo de inversión que el Gobierno asegura que proporcionará una rentabilidad del 15% anual durante quince años tenga tan poco atractivo, más aún cuando la cantidad por entidad es de apenas 500 millones, una cifra alta pero completamente asumible por los grandes.

Las razones habría que buscarlas en las condiciones impuestas por el Gobierno. Como explica Tano Santos en Nada es Gratis, la Sareb no parece el vehículo más atractivo del mundo por varias razones. El profesor de la Universidad de Columbia los divide en tres apartados a los que podríamos añadir un cuarto punto resumen:

  1. Sin opciones: una vez que un banco entre en la Sareb, tendrá ese capital inmovilizado durante unos cuantos años. No será fácil que coloque este capital a otro incauto. El decreto dice que la Sareb tendrá quince años de vida. Y tres lustros es mucho tiempo, aún más en un momento en el que la liquidez es un valor en alza. Además, nadie asegura que no haya pérdidas extraordinarias en los primeros años de vida y los accionistas no tengan que poner más dinero.
  2. Sin control: aunque los privados tendrán la mayoría en el consejo, el control lo tendrá el Frob. El Gobierno quiere un conjunto de inversores lo más diversificado posible, que convivirán con su participación, que estará en el entorno del 45%. De hecho, los dos principales cargos de la Sareb ya están nombrados (Belén Romana y Walter de Luna). La teoría es que luego los tendrá que ratificar el consejo. Pero con un 45% en manos del Gobierno, en éste como en otros asuntos, no será fácil oponerse a sus deseos.
  3. Sin margen de maniobra: la Sareb durará quince años, pero su futuro se juega en los próximos días. Lo más importante para su éxito o fracaso es el precio al que los bancos traspasen sus activos inmobiliarios. Ésa es la clave de todo y en esta cuestión los accionistas no tendrán nada que decir. El valor de cada activo que la Sareb acogerá en su balance lo determina el Banco de España. En el caso de los adjudicados, el descuento medio será del 63%, mientras que en el caso de los préstamos se quedará en el 45%. Cada uno tendrá su opinión sobre si es mucho o poco, pero lo que es evidente es que los más interesados no podrán meter mano en el tema.
  4. Sin solvencia: todo esto tiene una importante repercusión en el tema más relevante del momento para la banca. Entre los inversores extranjeros no hay demasiada confianza en la solvencia del sistema financiero español (aunque está claro que BBVA, Santander o La Caixa juegan en otra liga y sí tienen acceso a los mercados). Por eso, en una situación así, obligarles a invertir durante quince años en un vehículo sobre el que existen dudas más que razonables, pues no parece que vaya a ayudarles. Por eso, también, intentan evitar lo que parece cada día más inevitable.
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