Una cumbre decisiva

Las cinco claves de la nueva Europa de 'Merkozy'

Francia y Alemania intentarán imponer su visión de la UE, protagonizada por la armonización política y económica de los Veintisiete.

D. SORIANO

Todos los comentaristas coinciden en que lo que ocurra entre este jueves y viernes en Bruselas cambiará por completo la cara de la UE. Desde hace días se habla de la refundación del proyecto común y se ha generalizado la sensación de que los Veintisiete se enfrentan al momento más importante en la construcción europea desde el Tratado de Maastricht en 1992 y, quizás, desde el propio Tratado de Roma de 1957. En esta situación, dos cartas, una del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, a los gobiernos de los Veintisiete y otra de Angela Merkel y Nicolás Sarkozy al propio político belga, han establecido las posiciones que se discutirán en el encuentro.

Mucho se ha hablado en los últimos meses sobre la posible ruptura del euro o, incluso, de la UE. Ante esta perspectiva, Angela Merkel ha tomado cartas en el asunto y ha pasado a liderar la reforma institucional con la que sacar a la Unión del marasmo político-económico en el que se encuentra. La canciller alemana ha conseguido el entusiasta apoyo de Nicolas Sarkozy (la prensa europea ya los ha bautizado como Merkozy), necesitado de mejorar su imagen de líder internacional ante las elecciones del año que viene.

De esta manera, el dúo más poderoso de Europa quiere imponer su visión al resto de los socios. Sin embargo, no les resultará sencillo. Por un lado, otros países de los llamados ricos (Finlandia, Holanda, Austria,...) no parecen muy contentos de entregar soberanía a Berlín y París a cambio de una supuesta estabilidad. Además, está la Comisión Europea, a la que le gustaría un proceso de toma de decisiones más centralizado y con una solución rápida para la crisis de deuda. Y por último tendrán que lidiar con la reticencia de los países periféricos a adoptar aún más ajustes con los que cumplir con los duros requisitos franco-germanos.

En esta situación, el Gobierno alemán ya ha alertado de que es "pesimista", en lo que parece un aviso para navegantes y una presión adicional a los demás socios para que acepten las tesis germanas. No será sencillo para la canciller convencer al resto de participantes. En su misiva a Van Rompuy ha expuesto las claves de la nueva Europa que han diseñado entre la alemana y el francés. La duda ahora está en saber si sus socios estarán dispuestos a pasar por el aro.

1. Gobierno común: la primera exigencia alemana es "reforzar la arquitectura institucional". Esto quiere decir dar más poder a las autoridades creadas en el nuevo tratado que, además, se reunirían cada poco tiempo (un mes mientras dure la actual crisis y seis meses en períodos de más normalidad) para controlar las cuentas de los estados y el cumplimiento de las normas comunes. Esto significará entre otras cosas que los presupuestos generales anuales de todos los países así como su grado de cumplimiento estarán vigilados desde Bruselas. Es como si todos los gobiernos se convirtieran en policías de los demás, lo que debería ayudar a un mayor cumplimiento de las obligaciones adquiridas. En la práctica, Berlín tendrá el control sobre la política económica y fiscal del resto de los socios de la UE.

Toda esta retórica acerca de la necesaria unidad de los socios suena muy bonita, pero es posible que muchos estén pensando en que detrás se esconde simple y llanamente un deseo germano de controlar con mano de hierro la Eurozona (y, por extensión, la UE). A los países en dificultades, que necesitan de la ayuda alemana puede que no les quede otro remedio; pero a los ricos estados del norte de Europa quizás no les haga tanta gracia perder soberanía por un problema de deuda que ellos no han creado.

2. Sanciones: como complemento a ese nuevo marco institucional y regulatorio, Merkel propone un sistema de sanciones inmediatas para los países que incumplan con el 3% de déficit o con las normas que año a año les serán impuestas. En el texto enviado a Van Rompuy se habla claramente de "consecuencias automáticas" y de "una secuencia de intervenciones de intensidad creciente" para responder al incumplimiento continuado. Sólo una votación aprobada por una "mayoría cualificada" de países podría evitar estas condenas.

De nuevo, en esta cuestión también existen recelos por parte de los demás actores de la función. En el Pacto de Estabilidad y Crecimiento aprobado cuando se creó el euro en 1993 ya había un sistema de sanciones previsto para aquellos que superasen el 3% del PIB de déficit o el 60% de deuda pública. Pero claro, los primeros que incumplieron estos criterios fueron Francia y Alemania, y en ambos casos se obviaron las multas. Muchos piensan que de aquellos polvos vienen estos lodos provocados por la irresponsabilidad de los países periféricos. Está claro que en los próximos años se será estricto con los nuevos criterios, pero la duda es si el mecanismo será realmente automático o los países con gobiernos irresponsables podrán seguir eludiendo los controles de la UE.

3. Dominio sobre las votaciones: en la carta enviada por Merkozy a Van Rompuy, se establece un nuevo formato de "resolución de crisis". De esta manera, el Mecanismo Europeo de Estabilidad entrará en vigor en 2012 con el objetivo de controlar cualquier amenaza futura sobre la estabilidad de la Eurozona. El formato para agilizar esta toma de decisiones es pasar de la unanimidad actual a una "mayoría reforzada" en la que estuvieran los países que firmaron "el 85% del capital del Banco Central Europeo".

De nuevo, el diablo se esconde en los detalles. Por un lado, está claro que eliminado la unanimidad será más fácil tomar decisiones. Pero por otro, parece que es una propuesta diseñada específicamente para entregar todo el poder al eje franco-alemán. Si uno o dos pequeños países se niegan a aprobar algo, no habrá problemas para obviar sus pretensiones, porque no alcanzan ese 15%; pero sin embargo, París y Berlín sí que mantendrán su veto, porque ellos consiguen alcanzar ese porcentaje.

4. Reglas comunes sí, pero ¿cuáles?: la cuestión de la que más se ha hablado ha sido la de las normas comunes que el dúo Merkozy quiere imponer a todos los países que sigan en el euro. De esta manera, en el documento se habla explícitamente de "presupuesto equilibrado en todos los estados", "compromiso de los parlamentos con las recomendaciones adoptadas a nivel europeo, regulación financiera, mercado laboral y armonización del Impuesto de Sociedades y creación de un impuesto de transacciones financieras".

Tanto la canciller como el presidente están de acuerdo con implantar un conjunto de reglas comunes para la Eurozona. Pero no se aclara cuáles serán estas normas comunitarias. Por ejemplo, en la cuestión del Impuesto de Sociedades (de la que más se ha hablado en las últimas horas), no es lo mismo que se implante el irlandés (12%) que el vigente en la actualidad en Francia (por encima del 30%). La sensación es que la idea que predomina en Bruselas, París y Berlín está muy alejada del tributo celta, pese a la enorme ayuda que éste ha supuesto en el despegue económico de la isla en las últimas dos décadas.

5. El futuro y las dos velocidades: desde un punto de vista institucional, quizás lo más importante de la carta de Merkozy sea su abierta y decidida apuesta por una Europa a dos velocidades. Si ya el euro había abierto una importante separación entre los 17 estados con la divisa común, ahora la pretensión de Francia y Alemania es conformar un verdadero núcleo duro que avance en la unión política y económica: "Reglas más ambiciosas y compromisos para los miembros de la zona euro (...). Deberían pavimentar el camino para un nuevo tipo de cooperación e integración. Dichos estados deberían continuar por delante".

Puede que muchos ciudadanos europeos, especialmente de los países del sur, piensen que Angela Merkel es más fiable que sus respectivos presidentes o primeros ministros. Pero lo que deberían recordar es que ni una ni otros estarán eternamente en el cargo, mientras que el diseño institucional que salga de la cumbre de este jueves-viernes permanecerá por muchos años en la UE. Cuando se habla de una "mayor integración" no hay que perder de vista que esto supone la creación de un súper Estado europeo en el que los gobiernos perderán poder ante Bruselas y ante los grandes países de la Eurozona. Nadie sabe quién será el canciller alemán o el presidente francés dentro de una década: pero estos políticos aún desconocidos podrían tener el control sobre la política económica del resto de los países si se aprueban algunas de las propuestas de ese nuevo ente de la política europea que ya se conoce como Merkozy.

A continuación