Gottfried Von Cramm, el tenista que osó desafiar a Hitler

Fue uno de los mejores tenistas de la época. Regó de títulos Alemania. Pero se negó a sucumbir a los designios nazis. Y terminó pagando por ello.

Tolo Leal

20 de julio de 1937. Final interzonal de la Copa Davis de tenis. Alemania se mide a Estados Unidos. Es el quinto y decisivo duelo, al que se llega con empate a dos victorias. El alemán Gottfried von Cramm se mide al estadounidense Don Budge.

Adolf Hitler está pendiente de todo cuanto acontece en Wimbledon. Llama a Von Cramm y le insta a la victoria. Está deseoso de ver cómo su país se impone al enemigo. Es mucho más que un partido de tenis...

Poco podía imaginarse Gottfried von Cramm que aquel partido sería su sentencia definitiva. Su sentencia de muerte.

Un aristócrata enamorado del tenis

Nacido el 7 de julio de 1909 en Hildesheim (Alemania), Gottfried Alexander Maximilian Walter Kurt Freiherr von Cramm era el tercer hijo del barón Burghard von Cramm y de Jutta Charlotte von Steinberg. Una familia aristocrática de Sajonia, que poseía un impresionante castillo en Hannover.

Era entonces el tenis un deporte al que pocos tenían acceso. Pero aquello no fue ningún impedimento para la familia Von Cramm: disponían de una pista propia en los dominios de su castillo. Ahí fue donde comenzó el pequeño Gottfried a enamorarse del deporte de la raqueta.

Tanto que, contra la voluntad de sus padres, a los 18 años abandonó los estudios para intentar convertirse en tenista profesional. Ingresará en el Rot-Weiss Tennis Club de Berlín, ciudad a la que acababa de llegar y en la que disfrutaría de los mejores años de la República de Weymar.

Los tres grandes

El tiempo no tardó en darle la razón. Tras varias victorias amateurs y ser considerado el tenista más prometedor de Alemania, con 22 años le llegó la primera convocatoria para la Copa Davis, entonces el torneo más prestigioso de tenis a nivel mundial –con permiso de Wimbledon-. Será el año de su salto a la fama internacional.

Aunque su consolidación llegaría en 1934, año en que se hizo con la victoria en Roland Garros al imponerse al australiano y entonces vigente campeón del torneo John Crawford (6-4, 7-9, 3-6, 7-5, 6-3).

Aquella imponente victoria puso al tenista en el punto de mira de Adolf Hitler, que acababa de llegar al poder. Sin ser un gran amante de los deportes, el Führer veía en aquellas gestas grandes logros, grandes motivaciones para el país alemán. Además, Von Cramm era atractivo, alto, rubio, fuerte… Cumplía con todos los rasgos que los nazis atribuían a la raza aria.

Sólo había un problema: Gottfried von Cramm no era nazi. Ni quería serlo. No quería saber nada de ellos, aun con todos los movimientos de las autoridades para que se enrolara en sus ideales. No iba a desempeñar el papel que le requería el nazismo, aunque le obligaran a llevar la esvástica en su siempre impoluta vestimenta blanca, o a realizar el saludo brazo alzado antes de cada partido.

Además, el tenista mantenía en secreto una relación con un joven actor judío, Manasse Herbst. Un secreto que la Gestapo conocía. La Alemania nazi había tipificado la homosexualidad como delito. Y los judíos ya comenzaban a ser discriminados en el país. Pero iban a pasar por alto su relación. Siempre y cuando, claro, Von Cramm siguiera ganando campeonatos para Alemania. Era un arma perfecta para la propaganda del país. Pero si dejaba de serlo, tenían un demoledor as en la manga…

Y siguió ganando campeonatos. Aunque hubo un capítulo que desató la furia de las autoridades nazis, y que describe a la perfección cómo era Von Cramm. Sucedió en la Copa Davis de 1935. En la final interzonal entre Alemania y Estados Unidos, durante el partido de dobles, en un punto que resultaba decisivo Gottfried von Cramm le dijo al árbitro que el golpeo de su compañero había rozado en él. El árbitro no lo había visto, había dado punto para Alemania, pero tras el comentario de Von Cramm rectificó y dio el punto para Estados Unidos, que terminaría llevándose aquel partido, y la serie.

Ya en el vestuario el capitán alemán Heinrich Kleinschroth reprochó el comportamiento a Von Cramm, acusándole de ser un "traidor a la Patria". "En absoluto, no creo que haya fallado al pueblo alemán. De hecho, creo que lo he honrado", respondió él. Las autoridades, no obstante, no opinaban lo mismo de aquella acción.

Aun así, la imponente victoria en el Roland Garros de 1936, deshaciéndose en la final de Fred Perry (6-0, 2-6, 6-2, 2-6, 6-0), acalló todo el runrún que se había generado en los despachos en torno a su figura. Sus victorias valían más que todo aquello que podía haber en su contra.

En aquellos años Von Cramm se consolidó como uno de los mejores tenistas del mundo. Sólo el hecho de coincidir en el circuito con dos de los más grandes de todos los tiempos, Fred Perry y Don Budge, le impidió sumar más títulos. De hecho, perdió hasta tres finales de Wimbledon, dos ante el británico y una ante el estadounidense. Lo que no evitó que se convirtiera en todo un ídolo en el All England Club.

La fatídica derrota

Por todo ello, la Copa Davis de 1937 se presentaba como una excelente oportunidad para Gottfried von Cramm y para Alemania, que veía cómo la tensión interna crecía a pasos agigantados.

Y así, llegamos a aquel 20 de julio. Quinto y definitivo encuentro en el duelo –una vez más- entre Estados Unidos y Alemania. Gottfried von Cramm y Donald Budge decidirán quién pasa a la final, en la que ya espera Gran Bretaña.

Instantes antes de arrancar el duelo, el tenista alemán recibe una llamada. Así la describe su rival estadounidense: "hablaba con una persona a la que se refería como Mein Führer. Al colgar, estaba muy pálido". Es imposible saber qué le dijo Hitler. Pero no cuesta mucho imaginar el sentido de la conversación…

El partido comenzaría con un juego brillante de Von Cramm. Los dos primeros sets caerían de su cuenta: 8-6 y 7-5. Pero Budge reaccionaría a tiempo, llevándose las dos siguientes mangas: 6-4 y 6-2. El partido –y la eliminatoria, el pase en la final- se decidiría en el último set. Todo parecía encarrilado para el alemán con un parcial de 4-1, pero Don Budge no había dicho su última palabra y, tras una remontada épica, terminaría llevándose el duelo (6-8).

El público no daba crédito a lo que acababa de contemplar, en lo que durante mucho tiempo sería conocido como "el mejor partido del siglo". Rompió en una atronadora ovación a los dos tenistas, ante aquella exhibición que acababan de brindar. Pero aquello no consoló a Von Cramm, que no pudo evitar las lágrimas.

Tampoco consoló a las autoridades nazis, que sólo podían ver que su tenista no había conseguido el triunfo para su país. "No es tan buen alemán", decían.

Y, ahora sí, comenzó la cacería.

Un final de carrera impropio

Adolf Hitler puso a algunos hombres de su confianza a seguir a Von Cramm. Aunque durante unos meses se le permitió continuar jugando al tenis –llegaría incluso a disputar Wimbledon y el US Championships, cayendo en ambos torneos en la final ante Don Budge-, el 5 de marzo de 1938 dos agentes de la Gestapo detenían al tenista en su casa.

"Conducta inmoral", alegaron, acusándole de mantener una relación homosexual y ayudar a un judío –su pareja- a huir de Alemania en 1936, rumbo a Palestina. Cargos que, pese a todo, Von Cramm no podía negar.

Fue condenado a un año de cárcel, pena que se redujo a la mitad tras aducir su abogado que el tenista había sido engañado por "un astuto judío".

Una vez cumplido el castigo y liberado, Von Cramm volvió a competir. Pero nada sería lo mismo. Por un lado, porque pasó a estar ya de manera definitiva en todas las listas negras alemanas. Por el otro, porque también el mundo del tenis le dio la espalda. Ni Wimbledon ni el US Championships le permitirían participar en sus campeonatos por su condición de exconvicto.

Sí pudo jugar en Queen's (tras una reñida votación de 12-11), donde se llevaría el título. Pero el siguiente mazazo llegaría en Roma, donde el gobierno nazi no permitió su participación, temeroso de que Von Cramm se impusiera a algún tenista alemán.

Con todo, el estallido de la II Guerra Mundial detendría de manera definitiva su carrera tenística.

Von Cramm fue enviado a luchar al Frente Oriental, donde tuvo que ser rescatado tras estar a punto de morir por congelamiento. En su regreso a Alemania fue condecorado con la Cruz de Hierro por su valor en combate, reconocimiento que le sería retirado poco después, al ser nuevamente detenido en esta ocasión acusado de conspirar para asesinar a Adolf Hitler.

Por ello sería condenado a muerte, aunque la intercesión del rey Gustavo V de Suecia, amigo de la familia, impidió que se ejecutase la sentencia. Permanecería en Suecia hasta el final de la Guerra, momento en que regresó a Alemania, ganando aún algunos campeonatos nacionales, a pesar de su edad.

Tras su retirada trabajó durante años para la Federación Alemana de Tenis y puso en marcha diversos negocios, especialmente como importador de algodón de Egipto. Sería ahí precisamente, en El Cairo, donde fallecería en un accidente de tráfico el 8 de noviembre de 1976.

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