Rudi Ball, el jugador que salvó a su familia del Holocausto a través del hockey

Tuvo que alcanzar un acuerdo con las autoridades nazis, pese a ser judío. Con ello, logró salvar su vida y la de su familia.

Tolo Leal

Unos meses antes de los Juegos de Berlín, aquellos que se usaron como magnífico escaparate para mostrar al mundo las bondades de la Alemania nazi, se disputaron también en Alemania, concretamente en Garmisch-Partenkirchen (Baviera), los Juegos Olímpicos de Invierno.

Quizá ha trascendido menos a lo largo de la historia, pero los deportistas de origen judío sufrieron en aquellos Juegos de Invierno las mismas atrocidades que sufrirían éstos en los Juegos de Berlín. Rudi Ball, uno de los mejores jugadores de hockey sobre hielo de Europa, sea quizá el mejor ejemplo.

Nacido en Berlín el 22 de junio de 1911, Rudolf Victor Ball se convirtió pronto en una gran estrella del hockey alemán. Con 17 años ya debutaba en el primer equipo del SC Berliner, y en sólo dos años llevó a los suyos a ser el mejor conjunto de Alemania y prácticamente de Europa.

Su debut internacional se produjo en 1930, con 19 años, y de su mano llegó el crecimiento de la selección de hockey alemana, hasta el punto de convertirse en una de las grandes potencias mundiales.

En los seis años siguientes a su llegada, y con Rudi Ball como gran referencia, la selección alemana conquistaría una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1932, una medalla de plata y otra de bronce en los Mundiales de 1930 y 1934 respectivamente, y una medalla de oro y otra de bronce en los Europeos de 1930 y 1936.

Con este bagaje, no había dudas de que Alemania llegaba a los Juegos Olímpicos de Berlín del 36 como una de las grandes candidatas al oro.

Sin embargo, todo se removió cuando se dio a conocer la lista de convocados para la cita olímpica. A pesar de ser su capitán y el mejor jugador del país, Rudi Ball no figuraba entre los elegidos. Era incomprensible desde el punto de visto deportivo, pero no desde la perspectiva nazi, como se confirmaría sólo unas semanas más tarde en Berlín. ¿Acaso iban a permitir que la estrella del equipo alemán, uno de los candidatos al oro, fuera un judío?

Con lo que no contaban las autoridades nazis era con que Gustave Jaenecke, la otra gran estrella del equipo, mostraría su disconformidad con la decisión tomada renunciando él también a la selección. Afirmó que si Ball no participaba, él tampoco lo haría.

Entonces, los dirigentes alemanes quedaron en duda. ¿Era mejor ganar con un jugador judío, o hacer un mal papel en casa, en unos Juegos pensados ya para mostrar aquella hegemonía aria de la que presumían?

A los pocos días un alto mando nazi se reunió con Ball en Suiza para comunicarle que finalmente habían decidido incluirlo en la lista. Sin embargo, Ball, tremendamente molesto por lo acontecido, así como por el trato que estaban recibiendo los deportistas judíos que, como él, habían defendido con honor a Alemania, rechazó la invitación.

Siguió la insistencia. Fuentes aseguran que se llegó a amenazar al jugador y a su familia si no participaba en los Juegos. Otras, que fue el propio jugador quien reculó. Sea como fuere, al final se llegó a un acuerdo: formaría parte del equipo si permitían a su familia salir del país. Un pacto entre el jugador y las autoridades nazis por el que sus padres se mudaron a Johannesburgo, Sudáfrica, tan pronto como Rudi Ball se incorporó a la plantilla del equipo nacional de hockey sobre hielo.

Pero las cosas en los Juegos no fueron como se esperaban. Rudi Ball se lesionó en el cuarto encuentro, después de haber anotado dos tantos, y el equipo se resintió. Alemania, que en aquel momento era líder de su grupo en la segunda fase, empataría ante Reino Unido y perdería ante Canadá en los dos siguientes encuentros, ya sin Ball. Fue finalmente quinta, muy lejos de las grandes aspiraciones al oro con que había llegado a la cita.

Un resultado, por cierto, que algunos historiadores inciden en que terminó por decantar a la Alemania nazi en su decisión de no permitir a los deportistas de origen judío representar al país en los Juegos Olímpicos de Berlín que se disputarían tan solo unos meses más tarde.

Ball, por su parte, se marchó a Johannesburgo junto con el resto de su familia en 1944, donde falleció en 1975, después de convertirse en pieza clave en el crecimiento del hockey sobre hielo en Sudáfrica. Desde 2004 forma parte del International Ice Hockey Hall of Fame.

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