John McAvoy, de la cadena perpetua a estrella del Ironman

Tras una infancia complicada, su estancia en prisión le hizo cambiar la mentalidad. Todo su esfuerzo lo trasladó al deporte, hasta ser una estrella.

Tolo Leal

La historia de John McAvoy es controvertida. Digámoslo así. Porque, al fin y al cabo, se trata de la historia de un delincuente. Algunos lo reducirán simplemente a eso. Sin embargo, nosotros preferimos quedarnos con la visión de cómo el deporte puede cambiar una vida para bien. Ya sea para superar un momento dramático, una enfermedad, una situación inesperada o, como en este caso, una vida que parecía abocada al hundimiento.

Porque John McAvoy iba directo a recibir una condena a cadena perpetua. Pero gracias al deporté logró reconducir su vida, y hoy es un triatleta reconocido.

Un oscuro destino

Nacido en Londres en el seno de una familia de criminales, su tío y su padrastro eran parte importante de la banda ‘Brinks Mat’, que se dedicaba al hurto y a la extorsión. Su padrastro, de hecho, pasó casi toda su vida en prisión por robo a mano armada.

Y, como no podía ser de otra manera, John McAvoy pasó a formar parte de la banda criminal desde bien pronto. Como él mismo confiesa, la manera fácil de conseguir dinero -mucho dinero- era lo que más le llamaba la atención en su juventud.

Pero a los 16 años ya fue detenido por posesión de armas. Fue una leve condena, la primera de ellas. Tres años más tarde sería de nuevo detenido cuando su banda estaba llevando a cabo un importante atraco. En esta ocasión fueron cinco años de prisión los que le cayeron, por robo a mano armada. Era la sentencia mínima. Se llegó a pedir cadena perpetua…

Fue enviado a una prisión de máxima seguridad. Se pasó más de un año sin salir de una celda de 8x12. Pero fue aquella entrada en prisión lo que le hizo remover algo en su cabeza. "Nadie me había obligado a hacerlo, asumí toda la responsabilidad, pero también decidí que no quería ser un criminal" apunta McAvoy cuando recuerda aquel momento.

Marcado por la tragedia

Ante la imposibilidad de realizar prácticamente nada más, John McAvoy tomó contacto con el deporte. Comenzó con la práctica continua de ejercicio como una manera de escapar de la cruda realidad que tenía que afrontar cada mañana. Más de mil sentadillas, flexiones y abdominales cada día. Algo que, como él mismo confiesa, le hacía sentir vivo.

Y un buen día, mientras practicaba sus ejercicios, escuchó una frase que se le quedó grabada para siempre, como recuerda en un reportaje realizado por Red Bull sobre su vida: "Estaba entrenando, y me sentía realmente bien. Entonces oí cómo aparecía un oficial de prisiones en mi celda, y me dijo 'tienes un don. No sólo estás en forma, sino que sabes sufrir. Y esa es una mezcla poderosa'. Aquello me animó a seguir aún con más fuerza".

Justo en aquel momento hubo otro detonante, quizá aún mayor, que le hizo cambiar definitivamente de vida. En las pocas llamadas que le permitían realizar desde prisión telefoneó a su primo, y éste le contó que uno de sus mejores amigos de la infancia, miembro también de la banda criminal a la que John pertenecía, había fallecido en un tiroteo. Entonces lo tuvo claro: la vida le había dado otra oportunidad, no como a su amigo, y no la iba a desaprovechar. No volvería jamás a aquella otra vida.

Comenzó a entrenar con más ahínco, decidido a convertirse en deportista profesional algún día. Uno de los pocos deportes que se le estaba permitido practicar durante sus salidas vigiladas de prisión era el remo. Además, consiguió un permiso especial para disponer de más tiempo para ejercitarse, ya que tenía la intención de participar en una prueba destinada a recaudar fondos para niños enfermos.

Fue precisamente en esa prueba caritativa donde John McAvoy cumplió los 1000 kilómetros de distancia remando. Previamente, en las sesiones de entrenamiento, había conseguido el récord británico de remo indoor. Y más tarde batiría el récord británico de distancia remada en 24 horas, con 263 km; el récord de más tiempo remando sin detenerse, con 45 horas continuadas… y todo ello estando aún en prisión.

Tras dos años de condena salió de la cárcel por buena conducta, y lo primero que hizo fue acudir al London Rowing Club de Putney para seguir practicando remo. Ahora como una persona libre. Y desde el primer momento todo cambió. Pasó, como confiesa él mismo, de estar rodeado de delincuentes, a estarlo de deportistas de elite. De un mundo de crimen y delincuencia, a otro de ilusión y coraje. "El deporte me abrió los ojos. Esa era la vida que yo realmente quería".

El cambio al triatlón

Aunque el remo era lo que más le fascinaba, McAvoy se dio cuenta de que, en realizad, había comenzado muy tarde para poder convertirse en profesional. Sin embargo, vio cómo Craig Alexander se proclamaba campeón del Ironman de Haway con 39 años. Así que para aquello, para el ironman, para el triatlón, sí tenía tiempo por delante.

Además, el triatlón le caía como anillo al dedo dada su carga de trabajo y sacrificio, y la necesidad de una inmensa fortaleza mental a la par que capacidad cardiovascular. Sólo había un problema, y no era pequeño: McAvoy no sabía nadar. Pero poco a poco fue aprendiendo –sobre todo, como relata en la mencionada entrevista de RedBull, usando vídeos de Youtube- y mejorando en la carrera y el ciclismo, hasta llegar a completar su primer triatlón oficial en Londres.

De ahí fue progresando, dando el salto al Ironman, aún más exigente. Y a finales de 2013 terminó el 36 en la general del Ironman de Reino Unido de entre 1700 participantes. Fue tal la fama que fue alcanzando su figura y su historia que firmó un contrato de esponsorización con Nike.

A día de hoy John McAvoy sigue siendo un reconocido triatleta de Ironman. Es cierto que quizá no ha alcanzado las expectivas que generó en sus inicios, pero no lo es menos que ha conseguido completar algunos de los Ironman más importantes del mundo como el de Hawai o el de Reino Unido.

Sigue firmando contratos con importantes patrocinadores, y aún tiene años por delante para seguir alcanzando objetivos en el mundo del Triatlón. Mientras tanto, recorre el mundo entero mostrando su ejemplo para concienciar a tantos jóvenes que, como él, casi sin darse cuenta, se encuentran inmersos en una espiral de delincuencia. A gente que, como él, termina en prisión. Y les convence de que, como él, tienen una oportunidad para rehacer sus vidas, y que el deporte es una de las mejores –si no la mejor- arma para conseguirlo.

Recientemente, se le ha podido ver enviando mensajes de fuerza y optimismo durante el confinamiento provocado por el Covid-19, afirmando que si él ha estado más de un año en una celda de 8x12, nosotros podíamos estar unos meses en casa; y que "siempre se puede sacar algo positivo de todo esto".

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