Elena Mukhina: morir por un sueño

Un salto con el que aspiraba a ser campeona olímpica le condenó a pasar sus últimos 26 años en una silla de ruedas.

Tolo Leal

La historia de Elena Mukhina es la historia de la superación, el sueño de ser la mejor, llevado al extremo. Tan al extremo, hasta terminar con su carrera. En unos años en los que todo valía por conquistar un oro, fue víctima de un entrenador despiadado, y de una ambición desmesurada. Hoy se cumplen 10 años de su muerte.

Su infancia ya fue realmente complicada. Nacida el 1 de junio de 1960 en Moscú, fue abandonada por su padre al poco de nacer, y su madre falleció en un incendio cuando apenas contaba con cinco años. Fue criada por su abuela, y en el deporte encontró su lugar en el mundo. A los 12 años entró en la escuela de gimnasia de Moscú.

Pero era una época, y sobre todo un lugar –la URSS, aunque podría extenderse a todo aquel territorio más allá del telón de acero- en la que en el mundo del deporte sólo valía ser el mejor, costara lo que costara conseguirlo. Entrenamientos fuera de todo lugar, entrega completa e incluso desproporcionada, malignos sistemas de dopaje…

Demostrar de joven que se podía ser válido en un deporte era sinónimo de convertirse en una máquina de coleccionar medallas y honrar al país antes que una persona. Y eso es lo que le pasó a Mukhina. Además, lo hizo en la gimnasia, un deporte en el que la Unión Soviética había reinado casi desde sus inicios, pero que ahora –hablamos de mediados de los 70- había sido desbancada por culpa, especialmente, de una joven rumana de nombre Nadia Comaneci.

En aquella tesitura Elena Mukhina cayó en las garras del entrenador Mikhail Klimenko. Un entrenador que vio enormes cualidades en la joven gimnasta, y en realidad las tenía, y que decidió convertirla en la mejor gimnasta bajo cualquier precio.

En el Mundial de Estrasburgo de 1978 comenzaron a verse los resultados, al ganar tres oros –entre ellos el de todos los ejercicios, y el de equipos- y dos platas. La complejidad de sus movimientos, la combinación de elementos, y su elegancia fueron la mezcla perfecta para conseguir tal hazaña. Su explosión fue un alivio para la Unión Soviética, que vio cómo con ella se iniciaba la recuperación tras el huracán Comaneci en los JJOO de Montreal 76.

El salto prohibido

Pero querían más. Mukhina quería más, y sobre todo Klimenko quería más. Poco importaba que se hubiera roto una pierna, o que hubiera tenido problemas cervicales. Eran sólo pequeños contratiempos para un entrenador y una gimnasta que sólo soñaban con un objetivo: el oro olímpico.

Por eso, y pese a ser la vigente campeona del mundo y presentar un repertorio de acrobacias difícil de alcanzar por cualquier rival, Klimenko le propuso un nuevo salto a Mukhina. Un salto maldito. El salto Thomas. Es el inicio de la tragedia.

Con los primeros ensayos, la gimnasta soviética se da cuenta de que aquel nuevo movimiento es imposible, y se rebela a su entrenador. Pero éste le obliga a seguir ejecutándolo hasta que le salga perfecto. Es la llave segura, afirma, para la victoria en Moscú 80.

En una de las prácticas, a apenas dos semanas de los Juegos, y a pesar de las negativas de la gimnasta, vuelven a intentarlo. La pierna rota, que no se ha recuperado del todo, le impide hacer una buena clavada, la rotación no es completa, y Elena cae con el mentón al suelo. El diagnóstico es terrible: fractura completa de las vértebras cervicales, y con ello parálisis completa del cuello hacia abajo. Elena Mukhina queda tetrapléjica. Tan solo tiene 20 años.

Confusiones del régimen

En la época de la dictadura comunista soviética, aquel suceso permanece escondido. No puede darse a conocer que una de las principales estrellas del deporte soviético no va a poder seguir compitiendo por culpa de la desmesurada exigencia de su entrenador. Incluso, el presidente de la Federación Rusa de Gimnasia, ante las voces que comienzan a escucharse en el exterior del país, afirma que Mukhina se está recuperando de una lesión y podrá volver a competir en breve.

Pero lo cierto es que Elena Mukhina pasará el resto de su tiempo en cama o en silla de ruedas, estudiando y ofreciendo conferencias. Su condición le provoca diferentes problemas en el corazón, que le llevarán a su muerte el 22 de diciembre de 2006. Para el recuerdo queda como una de las más grandes gimnastas de todos los tiempos, con elementos que se ven aún hoy en la gimnasia, como la pirueta mortal en suelo. Aunque nunca llegó a ser campeona olímpica.

Poco después de su lesión, el salto Thomas fue prohibido en la gimnasia femenina, y excluido del código de puntuación. El riesgo para las gimnastas era demasiado elevado. Klimenko lo sabía, pero poco le importó visualizando el objetivo: el oro olímpico. "Una vida humana vale poco en comparación con el prestigio de la nación; nos han enseñado a creer esto desde la infancia", afirmó Mukhina.

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