Penti y Paquillo, vidas paralelas

El campeón europeo de 3.000 obstáculos en Múnich 2002 fue detenido el lunes en su casa de Sevilla por tráfico de sustancias dopantes.

LD / Efe

El atleta sevillano Antonio Jiménez Pentinel, conocido en el mundillo atlético por Penti, camina sobre las dudosas huellas de otro andaluz, el granadino Francisco Fernández, Paquillo, cuya carrera deportiva sufrió el mismo aparatoso borrón: detenido por posesión de productos dopantes.

Paquillo, que fue una vez subcampeón olímpico y tres subcampeón mundial de 20 km marcha, además de doble campeón de Europa, se retiró con 35 años y su imagen completamente arruinada por la Operación Grial. En febrero de 2010 él mismo confesó al Consejo Superior de Deportes "de manera voluntaria -advertía- y sin que se hubiera iniciado ningún procedimiento sancionador en su contra" haber estado en posesión de sustancias prohibidas.

La Guardia Civil había registrado su domicilio de Guadix y halló productos dopantes, entre ellos viales de EPO (eritropoietina) y hormonas. Paquillo negó, sin embargo, haber consumido dichas sustancias. Sólo admitió haber caído en la tentación de comprarlas con el propósito de utilizarlas la temporada siguiente, a la vista de sus malos resultados en los Juegos de Pekín y en los Mundiales de Berlín. "Afortunadamente, esos productos nunca llegaron a ser utilizados", aseguraba.

Paquillo tenía 34 años y los mejores días de su carrera quedaban atrás. La tentación de tomar atajos era muy fuerte.

La gloria de Penti queda muy atrás

Penti se encuentra en una situación parecida: 37 años, con su carrera prácticamente vencida y sus años de gloria muy atrás, allá por el 2002, cuando se proclamó en Múnich campeón de Europa de 3.000 metros obstáculos.

Penti había logrado en 2001 un bronce en el Europeo de cross corto y cuajó, al año siguiente, una temporada soberbia: campeón de España de cross corto, de 3.000 en sala y de 3.000 m. obstáculos antes de llegar a los Europeos de Múnich, donde terminó de consagrarse con la medalla de oro en obstáculos. Era su cuarta medalla internacional y de largo la más valiosa.

Aquél éxito resonante le colocó en el primer plano del atletismo español, no sólo por su calidad como atleta, sino por su carisma, su desparpajo, sus frases rotundas, la sucesión de titulares que proporcionaba a la prensa sin abandonar su eterna sonrisa.

Pero le costó también una profunda depresión. El sevillano fue presa de un estado de ansiedad que le atenazó durante más de un año. Después se fue recuperando y su carrera experimentó altibajos, pero nunca volvió a ser el de antes.

Penti continúa siendo el plusmarquista español de 2.000 m obstáculos (5:18.65), ha sido seis veces campeón de España en esta disciplina y otras tres de 3.000 en pista cubierta, además de dos veces sexto en unos Mundiales al aire libre (Edmonton 2001 y Helsinki 2005).

La Guardia Civil le ha detenido en su ciudad natal de Sevilla por tráfico de sustancias dopantes (jeringuillas, ampollas con hormona de crecimiento y sangre lista para realizar autotransfusiones), en la Operación Jimbo. Ahora se enfrenta a la amenaza de una sanción de dos años que equivaldría a su jubilación definitiva. La mera posesión de productos prohibidos constituye una infracción de dopaje en el código de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Lo sabe bien Paquillo, que cumplió dos años de sanción.

El Comité Español de Disciplina Deportiva le redujo la suspensión a la mitad por colaborar con la investigación, pero la IAAF no aceptó la reducción y trasladó el caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que le obligó a cumplir los dos años. Paquillo regresó a la competición, pero ya no fue ni la sombra de lo que había sido.

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