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¿Qué haría Iago Aspas si su hijo se hace del Depor?

Este domingo a las 12 en Balaídos se disputa el Derbi Gallego. Aspas, icono del Celta, quiere terminar con su sequía ante el Deportivo de la Coruña. 

Alfredo Somoza

Este domingo a las 12 en Balaídos se disputa el Derbi Gallego que enfrenta al Celta de Vigo y al Deportivo de la Coruña. Es el partido del año por la enorme rivalidad existente. El Depor, que se ha quedado sin estandarte con la marcha de Lucas Pérez -el Arsenal abonó los 20 millones de su cláusula de rescisión- intentará aprovechar los espacios que deje un Celta que, a priori, llevará la iniciativa del partido.

Los de Garitano, uno de los equipos más endebles en ataque de La Liga -tan solo han marcado cinco goles en los primeros ocho partidos ligueros y la sensación de peligro en campo rival es ínfima- destaca en tareas de intendencia. Con los Sidnei, Albentosa, Mosquera, Borges o Guilherme, el caparazón del equipo coruñés es bastante sólido.

Por su parte el Celta, al que le falta algo de creación y último pase en tres cuartos, se encomendará al talento de Iago Aspas y Orellana para intentar romper la zaga blanquiazul. Aspas, el hijo pródigo del Celta, está ansioso por estrenarse como goleador en un derbi. El moañés, que jamás pierde la sonrisa, responde con arte una pregunta de un periodista sobre que haría si su hijo fuera seguidor del Deportivo de la Coruña. Iago no se corta: "Le mandaría a trabajar a la batea".

Aspas, celtista desde la cuna

Tras dos años muy difíciles fuera de su casa -Aspas jugó en el Liverpool y Sevilla- Iago volvió la temporada pasada a Vigo con nuevas ilusiones. No ha perdido la velocidad, el descaro, la lucha, su extraordinario uno contra uno, la capacidad para asociarse, la picardía, ni el gol. Balaídos vuelve a sonreír al ver a su salvador -aún están en la retina de muchos celtistas los dos goles contra el Alavés cuando el Celta se jugaba el descenso a Segunda B, y que salvaron de la desaparición al equipo de su vida- con la elástica azul celeste y él responde en cada partido como si el día final hubiera llegado.

En Aspas todo está empapado de un celtismo que le viene marcado a fuego en su ADN. De sus tiempos de recogepelotas y de proyecto de futbolista de A Madroa. Por eso volvió al Celta con una sonrisa que ilumina. Cruzar todos los días Rande, pasear por Moaña, pisar cada dos semanas Balaídos, estar cerca de su madre, que le sigue lavando la ropa y poniendo un plato de cuchara cada día, salir con sus amigos... Su ecosistema. Sin él, no es feliz, no exprime todo su jugo. Es de esos jugadores hechos de una pasta diferente. Su intenso celtismo, rebosa y contagia.

Este domingo, Iago buscará hacer realidad uno de sus sueños. Marcar el gol de la victoria ante el Deportivo -jamás ha conseguido mojar ante el eterno rival-, y conseguir llenar de sonrisas a una ciudad que se muestra orgullosa de su gran ídolo.

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