La inexplicable hecatombe del Real Zaragoza que avergüenza a toda una ciudad

La lamentable derrota ante el descendido Llagostera destrozó a una afición que lo perdona todo pero que no soporta que se falte el respeto al escudo.

Alfredo Somoza

El Real Zaragoza se pegó un batacazo histórico ante el ya descendido Llagostera en Palamós. Los de Carreras dependían de sí mismos en la última jornada de la Liga Adelante para consolidar su plaza de play-off de ascenso. Un sólo punto bastaba. Sin embargo, los maños fueron vapuleados por el conjunto catalán (6-2).

Decenas de aficionados habían acompañado a su equipo para dar un empujón a unos jugadores que se mostraron demasiado apáticos para lo que se jugaban. En uno de los mayores ridículos de la historia del conjunto maño, muchos en la capital del Ebro aún no comprenden cómo un equipo que se jugaba la vida, puede caer de esa manera ante un conjunto de segunda B -el Llagostera estaba matemáticamente descendido-.

Desde Zaragoza, su fiel afición -a pesar del descenso a Segunda siempre ha dado la cara por su equipo- está que trina. Viendo cómo se desarrolló el partido, muchos sospechan que varios jugadores, con contrato en vigor para el próximo año, se dejaron ir ya que, de subir a Primera, su continuidad en el club hubiera sido muy complicada -el nivel del plantel maño está temporada era bastante justito y en la Liga BBVA pocos de los ahora presentes tendrían hueco-.

Durísimas acusaciones que jamás se podrán probar. Lo que es indiscutible es que el partido disputado en Palamós no fue normal. Demasiados errores en la marca, falta de intensidad y un portero, Manu Herrera, que tuvo un día para olvidar. Tampoco es muy lógico el hundimiento del Real Zaragoza en el rush final de temporada -1 victoria en los últimos 5 partidos-. Elementos que siembran la duda y la sospecha en el ambiente.

Arde Zaragoza

La vergonzosa derrota dolió mucho a la afición blanquilla. El tortazo de ilusión fue tremendo. Con un final propio de un guión tarantiniano, el esperpento de Palamós revolvió las entrañas de una afición que jamás ha dado la espalda a su equipo, pero que no consiente que se juegue con la dignidad de un escudo.

Unas 150 personas esperaban en la madrugada del domingo en La Romareda la llegada del autobús del equipo para mostrar su enfado. Los aficionados no pudieron ver a los jugadores, ya que la expedición del Real Zaragoza alteró su plan de viaje. Sobre las 4:00, el autobús se desvió y, en vez de ir a La Romareda, se dirigió a una cooperativa de taxi, según desveló en exclusiva el Heraldo de Aragón.

Desde allí, los jugadores fueron a sus domicilios en taxis o vehículos de familiares y amigos. Varios jugadores que viven en la zona de La Romareda volvieron a casa en vehículos policiales.

El filial paga los platos rotos

Algunos aficionados del equipo blanquillo descargaron su rabia contra los coches de los jugadores del equipo filial. Un Zaragoza B que nada tuvo que ver con el esperpento firmado por el primer equipo ante el Llagostera. Más bien, todo lo contrario. Los cachorros maños, que se encuentran disputando la fase de ascenso a Segunda B, venían de ganar en el partido de ida en Redondela (Pontevedra) al Choco (1-2).

Tras un largo viaje en autobús, cuando llegaron a la Ciudad Deportiva del conjunto maño para recoger sus respectivos vehículos, algunos futbolistas se encontraron sus coches rayados y las ruedas pinchadas.

Difícil situación económica

Si las consecuencias deportivas por no subir a Primera dejan muy tocada a una afición desencantada con un equipo que el próximo año cumplirá su cuarta temporada en la división de plata, en una travesía por el desierto demasiado larga para todo un histórico del fútbol español, en el apartado económico el no ascenso deja al Real Zaragoza herido de muerte.

El Zaragoza, con una deuda cercana a los 83 millones de euros, tiene la soga al cuello. El continuar en la Liga Adelante ahoga a un club que viene arrojando un déficit de 10 millones de euros por temporada en la división de plata. Y lo que es más preocupante, hasta la próxima temporada estaban congelados los pagos derivados del convenio del concurso de acreedores gracias a una cláusula suspensiva que entraba en vigor si el Zaragoza estaba tres años consecutivos en Segunda División -como ha ocurrido-. Sin embargo, la próxima temporada se activan nuevas obligaciones financieras, que se mezclan con las necesidades de cumplir con el pago a Hacienda, en un convenio nada provechoso para el conjunto maño.

Para más inri, el Zaragoza perderá sobre un millón y medio de euros por caer de la cuarta posición a la octava -en una última jornada que tardará tiempo en olvidarse- entre taquillas play-off y el dinero del reparto televisivo.

El presidente del equipo blanquillo, Christian Lapetra, avisaba este lunes que habrá que acometer "acciones extraordinarias para cumplir con las obligaciones". Lapetra anticipa los malabarismos que tendrá que hacer el director deportivo, Narcís Juliá, para configurar la plantilla 16/17 con un presupuesto de 4,5 millones de euros.

Aguas turbias bajan por la capital del Ebro.

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