Agapito Iglesias o cómo dejar un club de fútbol al borde de la desaparición

En la historia del Real Zaragoza hay un antes y un después de Agapito Iglesias, el empresario que dejó al club en la peor crisis de su historia.

José Miguel de Pedro

Una afición enfrentada al club, una deuda de 113 millones, más de 150 jugadores contratados, diez técnicos y dos presidentes es el balance de Agapito Iglesias al frente del Real Zaragoza. Nadie en la ciudad quiere oír su nombre, después de vender sus acciones el pasado verano. Su supuesta implicación en el caso del posible amaño de un partido para evitar el descenso en 2011 es el punto final de la etapa más oscura del club.

El 26 de mayo de 2006 Alfonso Solans cerró la venta del paquete mayoritario de acciones del Real Zaragoza a Agapito Iglesias, dueño de la constructora Codesport. Durante su presidencia, el club ganó 2 Copas del Rey (en el 2001, al Celta de Vigo y en el 2004, al Real Madrid) y una Supercopa de España (en el año 2004 al Valencia) y, anteriormente, bajo el mandato de su padre, se había conquistado la Recopa de Europa ante el Arsenal en 1995. Se abría así una nueva etapa en un equipo que aspiraba a volver a pelear en Europa.

Agapito llegó con un proyecto ilusionante bajo el brazo y colocó a Eduardo Bandrés como presidente del club, mientras se quedaba en un segundo plano. Regresaba como entrenador el técnico que hizo campeón al equipo en la Recopa, Víctor Fernández, y el argentino Pablo Aimar era el fichaje más esperado de un conjunto que contaba con jugadores como Gabi o Diego Milito. Fue la temporada más exitosa y tranquila del empresario soriano como dueño del zaragoza. Terminaron la temporada sextos, en puestos que daban acceso a jugar la UEFA.

Fichajes galácticos

Era entonces momento de invertir para jugar tres competiciones. Por ello, en la temporada 2007/2008, el dueño del club decidió apostar por invertir en construir un equipo más competitivo, a costa de abrir una deuda que, desde ese momento, no dejó de crecer. Llegaron fichajes como el argentino Roberto Ayala o los brasileños Ricardo Oliveira y Matuzalem. Sin embargo, la cosas no comenzaron según lo esperado y solo se lograron cinco triunfos en la primera vuelta. El resultado fue la destitución de Víctor Fernández, al que siguieron en el puesto hasta tres técnicos más: Ander Garitano, Javier Irureta y Manolo Vilanova. Lo inevitable e inesperado llegó y el equipo descendió.

La pérdida de ingresos del club provocó los impagos y así se sucedieron las denuncias de jugadores y algún club, como el Shakhtar Donetsk, que reclamaba 13 millones de euros por Matuzalem. El proyecto de Agapito se había venido abajo, la deuda era asfixiante y, además, el dueño era poco amigo de dar explicaciones ante los aficionados y la prensa. No obstante, en el plano deportivo a pesar de las dificultades las cosas se enderezaron y con Marcelino García Toral en el banquillo se consiguió regresar a Primera División.

Dos salvaciones inverosímiles

El técnico asturiano tampoco duró mucho en el banquillo y fue despedido en la jornada 11 de la temporada 2009/2010. En el mismo mes de diciembre Eduardo Bandrés dimitía como presidente y el propio Agapito se hacía cargo del equipo. La deuda creció un poco más con los siete fichajes que se realizaron en invierno para conseguir salvar al equipo. Pero en la siguientes dos campañas el descenso se dio por hecho y el equipo se salvó milagrosamente. Las sospechas de amaño comenzaron a sobrevolar con fuerza la figura del máximo accionista.

Llegó entonces el polémico final de temporada con el partido que está siendo investigado por la Fiscalía Anticorrupción. El Zaragoza ganó al Levante en el último partido de la Liga 2010/2011 con dos goles de Gabi y presentó el concurso voluntario de acreedores con una deuda de 130 millones de euros. Un año después, la situación del equipo fue calcada. Problemas económicos, fractura social entre directiva y aficionados y un equipo que parecía descendido y logró salvarse en otro partido puesto en tela de juicio. Los maños ganaron 0-2 a un Getafe que no se jugaba nada en la última jornada, una situación calcada a la vivida en Valencia un año antes.

Con manifestaciones incluidas de los zaragozanos y la oposición frontal de veteranos del club, Agapito Iglesias volvió a dar un paso atrás y nombró presidente a Fernando Molinos. La nueva directiva tampoco fue capaz de recuperar el favor de la afición y el proyecto deportivo, acuciado por las deudas, desembocó en el segundo descenso en siete años que ha dejado al equipo en la situación económica más delicada de su historia en busca de la supervivencia en Segunda. Con la venta del club, Agapito salía definitivamente este verano del equipo. Ahora, en Zaragoza quieren olvidar los ochos años más oscuros de club.

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