Vasilis Hatzipanagis, la pesadilla del 'Maradona' griego

El 22 de noviembre de 1975 comenzó la pesadilla del que pudo haber sido uno de los mejores futbolistas europeos de sus tiempos.

Tolo Leal

De todos los futbolistas a quienes se ha comparado con Diego Armando Maradona, probablemente Vasilis Hatzipanagis sea quien más se le asemejó. Por su físico, sobre todo. Por su carácter, también. Incluso, y aunque a muchos de los lectores les pueda chocar, por su estilo de juego.

No en vano, estamos hablando de un futbolista bajito pero corpulento, zurdo, de pelo largo, con el 10 a la espalda, de gran regate y mejor visión de juego, con un cambio de ritmo único…

Sin embargo, pese a tratarse de una de las mayores promesas del fútbol soviético en los años 70, su carrera estuvo muy lejos de ser la de una gran estrella. Al menos, fuera de su país. Su fichaje por el Iraklis griego el 22 de noviembre de 1975 le condenó para siempre. Vivió desde entonces en una cárcel con balón.

La condena soviética

Vasilis Hatzipanagis nacía en Tashkent (Uzbekistán) el 26 de octubre de 1954. Allí se había refugiado su familia, como tantas otras familias griegas, tras ver cómo su país era azotado por una guerra civil nada más concluir la Segunda Guerra Mundial.

Y ahí, en Tashkent, en el Pakhtakor, el único equipo de la república de Uzbekistán que formaba parte de la elite del fútbol soviético, comenzó a despuntar Hatzipanagis. Era, para los uzbekos, el equipo del pueblo, el equipo "algodonero", como significa su nombre en español, representación de la mayor industria del país, y en la que trabajaban la mayoría de los refugiados que ahí residían.

Hatzipanagis debutó con el primer equipo a los 17 años. Para hacerlo, la legislación soviética le obligaba a nacionalizarse. Un detalle al que el joven Vasilis, deseoso de jugar al fútbol al máximo nivel, no daría demasiada importancia, pero que terminaría marcando su carrera.

De su mano (y de la de otro refugiado, el uzbeko-coreano Mikhail An) llegaron los mejores años del Pakhtakor Tashkent. Hasta que en 1979, ya sin Hatzipanagis en la plantilla, un fatídico accidente de avión terminó con el presente y el futuro del equipo uzbeko.

En las tres temporadas transcurridas entre 1972 y 1975 Hatzipanagis fue una de las grandes estrellas de la liga soviética. Anotó 22 goles en 96 partidos. Fue convocado por la selección sub-19 primero y la absoluta soviética después. Y en dos ocasiones fue escogido como segundo mejor jugador del país, sólo por detrás de un tal Oleg Blokhin.

La pesadilla griega

En aquel verano de 1975 los mejores equipos de la URSS querían hacerse con sus servicios. Sin embargo, él lo tenía claro: iba a volver a Grecia, a sus orígenes. Aunque aquello significara renunciar a un futuro entre los mejores de Europa en tierras soviéticas. Pero con lo que no contaba nunca es con la forma en que lo haría. Con que sería engañado.

El nuevo gobierno democrático instalado en Grecia, sucesor de la Dictadura de los Coroneles, había abierto las puertas a los refugiados del país. Lo que Vasia deseaba era volver a casa con su familia.

El Olympiacos fue el primer interesado en el futbolista. Pero la exagerada burocracia soviética imposibilitó su fichaje. Como apunta Joel Sierra en su libro ‘El club de los olvidados’, la única forma en que el futbolista podría salir de la URSS y regresar a su país era fichando por algún equipo de fuera de Atenas. Lo dejó en manos de un intermediario, que se aprovechó de su situación.

La solución parecía pasar por un breve paso por el Iraklis de Tesalónica, salvando así el escollo burocrático soviético, y al año siguiente poder firmar por alguno de los grandes conjuntos del país. Sin embargo, aquel contrato fue una trampa. Un resquicio legal permitía al club renovar unilateralmente al futbolista año a año. De ese modo comenzó su pesadilla. Su cárcel.

A pesar del interés posterior ya no solo de Olympiacos o Panathinaikos sino de grandes conjuntos europeos como Arsenal, Stuttgart (con los que llegó a entrenar), Oporto o Lazio, éstos se encontraron siempre con el hermetismo del Iraklis, que no estaba dispuesto a permitir la salida de su estrella y reclamo bajo ningún concepto. Lo intentó por vía judicial, pero tampoco. Hatzipanagis ya no vestiría otra camiseta en toda su carrera, prolongada hasta 1991.

Durante toda su estancia en el conjunto heleno Vasia se convirtió en una leyenda. En total, sumaría 62 goles en 281 partidos, magníficas asistencias e incontables regates en aquellos 15 años.

Ya fue majestuoso su recibimiento, conocedores los aficionados de que a su equipo humilde había llegado incomprensiblemente para ellos todo un genio. El estadio se llenó para ver su presentación. Un estadio, por cierto, que se convirtió en el más grande –y el más visitado- del país durante el apogeo de Hatzipanagis.

En su primera temporada, el Iraklis ganó la Copa Griega tras imponerse en la final al Olympiacos en la tanda de penaltis. Hatzipanagis se erigió en héroe al anotar dos tantos durante el encuentro.

En liga, el equipo estaba muy por debajo de los grandes conjuntos. Su mejor resultado fue la tercera plaza conseguida en la temporada 1983/1984. Es el mejor puesto histórico del Iraklis en la competición griega. Además, en 1985 se hizo con la extinta Copa de los Balcanes.

Poco bagaje para un futbolista de la talla de Hatzipanagis, pero el equipo no daba para más… "Debí haber tenido más paciencia antes de marcharme de la Unión Soviética", declararía años después.

Tampoco con la selección

La pesadilla de Vasilis Hatzipanagis no se limitó tan solo a su imposibilidad de salir del Iraklis. También la vivió el excelente futbolista con la selección de Grecia.

Poco después de llegar a su tierra, Vasia debutó con el combinado nacional griego, en un encuentro amistoso ante Polonia. Todas las esperanzas estaban puestas en él para llevar a la selección a una Eurocopa o Mundial, algo que hasta la fecha no había conseguido.

Sin embargo, tras su primer encuentro, llegó la noticia: Hatzipanagis no podía jugar con la selección griega, puesto que ya había disputado partidos oficiales con la selección de la URSS. No volvería a vestir los colores de su país durante el resto de su carrera, a excepción de un partido amistoso en 1999, en los que disputó 20 minutos a modo de homenaje.

Vasilis Hatzipanagis se había retirado nueve años antes, en 1991, con 36 años. Lo hacía como todo una leyenda en el Iraklis y en el fútbol griego. Tanto es así, que en 2003 fue elegido por la Federación Griega como el mejor futbolista del país en toda su historia, pese a que sólo había disputado dos encuentros con la selección.

Aquel reconocimiento permitió a Vasia recuperar parte de la grandeza que, sin duda, merecía haber vivido durante su carrera a tenor de su inmensa calidad. Ante el estupor de tantos y tantos aficionados de fuera del país que desconocían quién era aquel futbolista que Grecia –no una gran potencia, pero tampoco un país menor en cuestiones de fútbol- había escogido como su mejor jugador de todos los tiempos, comenzó a conocerse su historia fuera de sus fronteras. Sus vídeos han ido recorriendo las redes desde entonces.

La historia de un futbolista que pudo ser uno de los más grandes de Europa en los años 70 y 80, pero a quien las malas decisiones y, sobre todo, la geopolítica y la burocracia de aquellas décadas impidieron asombrar al resto del mundo fuera de Grecia.

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