Xavi Hernández es el encargado de liderar el cambio en el FC Barcelona

El exjugador azulgrana vuelve a Barcelona para hacerse cargo de un vestuario muy diferente.

Víctor Garcés

¿De verdad Xavi puede hacer algo por este Barça? ¿Hay alguien que pueda hacer algo por este Barça? Son preguntas que se hacen muchos aficionados del FC Barcelona, preocupados y viendo en la figura del espectacular jugador (ahora entrenador) el oasis en medio de un desierto que cada fin de semana se hace más grande, el último bastión capaz de defender el más puro estilo del Barça inculcado desde la Masía. Por otro lado, otros muchos ven un proyecto a largo plazo, una transición o cambio de ciclo que le tocará liderar.

Pero de nada sirve pensar en un futuro, el Barça juega cada 4 días y tiene que convencer a los abonados ahora, esos abonados que no se presentan en el estadio porque empieza el frío y no merece la pena ir al Camp Nou. Esos aficionados no entienden de transiciones, pero sí se han malacostumbrado a presenciar auténticos partidazos donde ahora el buen juego brilla por su ausencia. Y es ahí donde aparece Xavi Hernández.

Xavi representaba la imagen del Barcelona, es el perfil adecuado del futbolista que siempre se ha buscado en el club. Después de una carrera repleta de éxitos en el Camp Nou (1998-2015) se fue a jugar a Qatar, donde tan solo cuatro meses después de retirarse como futbolista, inició en el mismo club, el Al-Sadd, su carrera como entrenador, en la que en solo dos años ha cosechado 7 títulos.

Esa transición, como ocurre en todos los técnicos, generó cambios, pasando de preocuparse única y exclusivamente de estar en buenas condiciones emocionales y físicas como futbolista, a tener un grupo de 25 jugadores bajo su responsabilidad. Sin embargo, partía con la ventaja de conocer ampliamente a la plantilla, porque anteriormente había compartido vestuario con ellos como jugador. Eso le permitió desde el primer día tener un entendimiento con sus jugadores muy positivo, además de una gran confianza para la toma de decisiones.

Xavi se encontrará en una posición parecida a la que se encontró Zinedine Zidane en su vuelta al vestuario del Real Madrid como entrenador. Algunos ex compañeros pasan a estar a sus órdenes, y los más jóvenes le mostrarán su absoluta admiración. Seguro que Xavi firmaba una carrera como la del técnico francés, pero la situación que se encontró uno, poco tiene que ver con la que se va a encontrar el otro.

Por el vestuario azulgrana han pasado varios entrenadores, la mayoría fichados, en un principio, para cambiar la fortuna del club en la competición europea, pero en los dos últimos años se ha visto que el problema era más de fondo. La lamentable herencia de la antigua directiva no ayuda al club, de hecho el barco azulgrana todavía arrastra el ancla de Bartomeu y es, sin duda, lo que más les pesa para poder avanzar.

Kike Setién, un entrenador que maravilló a España en su etapa por el Betis, provocó, aunque salvando las distancias, la misma sensación que provoca el nuevo fichaje de Xavi: una forma de jugar al fútbol vistosa. El propio Setién, en su presentación con el club azulgrana lo dejó muy claro: "Prometo buen juego". Y tenía crédito para decirlo, pero a los 7 meses de recalar en el club, recibió la mayor goleada de la historia del Barça en un solo partido de Champions (2-8 ante el Bayern).

Xavi no es Setién, Xavi es una leyenda viva y joven de este Barça, y el "aura" que le rodea ilusiona indudablemente, eso sí, no hay que confundir ilusión con desesperación. El catalán ha triunfado en Qatar. En las dos temporadas que ha dirigido el banquillo del Al-Sadd ha levantado 7 títulos, y el juego que su ya antiguo club practica muestra el más puro ADN barcelonista.

Xavi ha sido claro desde el primer momento que asumió el banquillo del Al-Sadd: "El balón lo quiero para mí". Ahí puede estar la respuesta a las preguntas, Xavi intentará recuperar un estilo de juego que él dominaba como nadie, y lo ha conseguido en la liga qatarí, la duda es si puede lograrlo también en La Liga Santander y en la Champions.

Coge un equipo roto, ‘chavalines’ muy buenos en el centro del campo que seguro aprenderán del mejor, pero con carencias defensivas notables, lesiones imperecederas y una línea de ataque que parece insuficiente para materializar todo lo que ese "buen juego" pueda llegar a generar. No está Messi, no está Villa y tampoco está Pedro.

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