Adrian Doherty, 30 años de la lesión del "mejor futbolista al que nunca pudimos ver jugar"

Una lesión mal tratada cortó en seco la prometedora trayectoria del estandarte de la generación de oro del Manchester United.

Tolo Leal

El 23 de febrero de 1991 se rompían todos los sueños de Adrian Doherty. Y con él, los del Manchester United y el fútbol británico. Una terrible y sin embargo oculta lesión en el ligamento cruzado anterior terminaba de un plumazo con la carrera del futbolista más prometedor del país. "No he visto nunca nada como él. Tienes que tener mucho cuidado cuando haces este tipo de comparaciones, pero tenía una habilidad como la de Messi", declararía su compañero en juveniles Gary Neville.

A principios de los 90, una nueva generación de futbolistas comenzaba a irrumpir en el primer equipo del Manchester United. Para alivio de Sir Alex Ferguson, que hasta ese momento veía cómo se tambaleaba su puesto en el banquillo red.

Todos los conocen: hablamos de David Beckham, Ryan Giggs, Paul Scholes, los hermanos Gary y Phil Neville, y Nicky Butt. La conocida como Class of 92. Toda una leyenda del Manchester United –por encima incluso de los Busby Babes, sentimentalismos aparte–, del fútbol británico y del fútbol mundial.

Sin embargo, el primero de ellos en llegar al primer equipo; el primero en firmar un contrato profesional; el mejor de toda aquella generación, según reconocen sus propios compañeros, fue Adrian Doherty. Nadie se acuerda de él.

Y todo porque aquel fatídico 23 de febrero de 1991 se rompió el cruzado durante un partidillo con el equipo juvenil.

Antes, se había convertido en el segundo jugador de la historia en firmar un contrato profesional a los 16 años, solo superado por Duncan Ferguson. Adrian Doherty (Strabane, Irlanda del Norte, 10 de junio de 1973) había llegado a la cantera del United con 14 años procedente del Derry City. Alex Ferguson se anticipó a equipos como el Arsenal o el Nottingham Forest.

Diez minutos bastaron para convencer al técnico escocés, según se relata en un brillante artículo publicado en Sphera Sports. "Cuando evaluamos a un jugador joven, vamos marcando las casillas en las que destaca: velocidad, coraje, técnica, fuerza, visión y algunas más. Con Adrian hemos marcado todas las casillas, lo que es extremadamente raro", declararía Ferguson al comentar su fichaje.

Adrian Doherty era un tipo curioso. Un tanto bohemio, podría decirse. No llevaba tatuajes, ni peinados estrafalarios. Amaba tocar la guitarra, componer sus propias canciones, y escribir poesía. En el libro Forever Young, de Oliver Kay, se cuenta que regalaba a amigos y conocidos las entradas que el club le entregaba para acudir a los partidos del primer equipo. Él prefería pasar la tarde tocando en el metro.

Tras brillar en el equipo juvenil, donde ocupaba la banda derecha y Ryan Giggs –cuatro meses más joven– la izquierda, sería convocado por primera vez con el primer equipo a finales de la temporada 89-90. Tenía 16 años y 287 días.

No llegaría a debutar, pero poco después se le ofrecería su primer contrato profesional. 200 libras semanales fijas, más bonus por goles, partidos jugados, victorias logradas… y una variable que iría creciendo cada año de los tres que tenía su contrato. Y todo ello sin haber cumplido aún los 17.

Pero aquel fatídico 23 de febrero de 1991, hace hoy justo 30 años, todo se rompió. Para siempre.

El juvenil del United estaba disputando un partidillo ante el Carlisle, cuando Adrian Doherty sintió algo extraño en su rodilla. No fue una falta, ni un gran golpe… simplemente algo se había desencajado, pero no sabía muy bien el qué.

Un poco de reposo, le dijeron. Será algún esguince o alguna distensión, le aseguraron. De hecho, su nombre figuraba en la lista de convocados de la FA Cup juvenil del 22 de marzo. Pero su dolor no remitía. Al contrario, no dejaba de aumentar.

No sería hasta agosto –medio año más tarde– cuando se le realizó una resonancia magnética. Rotura en el ligamento anterior cruzado de su rodilla derecha. Entonces, la información sobre este tipo de lesiones era escasa, y el médico del club determinó que no era necesario operar. Pero el tiempo pasaba, los tratamientos y sistemas de recuperación se alternaban, y Doherty no sentía ninguna mejora.

Ya en diciembre –diez meses después de la lesión–, y después de tres breves reapariciones con el ligamento cruzado y el menisco rotos, el club decidió que debía operar. La intervención llegó en febrero del 92, y Doherty no recibiría el alta hasta enero de 1993. Dos años después de la lesión…

Como era previsible, ya nunca volvería a ser el mismo. No obstante, él mismo afirmaría que poco a poco iba recuperando sensaciones. Que volvía a tener ilusión por el fútbol. Pero el Manchester United no pensó lo mismo; decidió que no valía la pena renovarle. Tenía 20 años, pero Doherty asumió que el fútbol no iba a ser su vida. Lo dejó todo y se centró en la música y la poesía.

Abatido por todo lo acontecido, Adrian Doherty regresó al Derry City. A pesar de que tuvo ofertas de otros equipos de la Premier League, que sabían de su calidad. A pesar de que en su regreso a casa le dijeron que debía volver al fútbol profesional. Pero él no quería oír hablar de todo aquello. De hecho, a los pocos partidos, abandona también al Derry. No tiene ninguna ilusión por seguir jugando. El balón ya no le divierte. Tan solo quiere componer y tocar la guitarra.

Tras deambular por diferentes trabajos –botones, cartero, panadero…– y sin contar nunca a nadie quién era, que había sido la gran promesa del ManU, que había firmado un contrato profesional… termina desembarcando en Ámsterdam a la edad de 26 años para un nuevo trabajo. Era un cambio de aires que agradecería, pensó. Pero ahí le llegó su final de la manera más trágica.

La mañana del 7 de mayo del 2000 llegaba justo al trabajo. Necesita alcanzar ese tren o llegaría tarde. Se puso a correr, y resbaló. Con tan mala fortuna que se golpeó la cabeza, y cayó en el canal. Inconsciente.

Cuando consiguieron sacarle presentaba graves daños cerebrales derivados de la prolongada falta de oxígeno. Fallecería 32 días después, el 9 de junio del 2000. (Cada año muere una veintena de personas en Ámsterdam por este mismo motivo).

Se apagaba una vida que brilló con luz propia, pero que siempre estuvo plagada de infortunios. La vida del que en Inglaterra bautizaron como "el mejor jugador que no vimos jugar jamás".

"Su lesión fue una desgracia. Era el mejor de nuestro equipo. Yo nunca habría podido tener una carrera a tan alto nivel, porque él me habría cerrado la puerta". Palabra de Ryan Giggs, uno de los mejores futbolistas en la historia del United.

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