El separatismo se disputa un FC Barcelona en ruinas

Diez precandidatos aspiran a presidir una entidad que deberá vender activos o entrar en concurso de acreedores.

Pablo Planas

Una de las tres grandes presidencias de Cataluña, la del Barça (las otras dos son la de la Caixa y la cada vez más devaluada de la Generalidad), está en juego y hasta diez precandidatos han emprendido la carrera electoral. Se trata del aspirante a la reelección Joan Laporta, de Víctor Font, Xavier Vilajoana, Toni Freixa, Jordi Farré, Lluís Fernàndez Alà, Emili Rousaud, Agustí Benedito, Pere Riera y Jordi Roche. Laporta es el más popular para el socio culé, Víctor Font, el que más sonaba hasta la irrupción de Laporta, y Toni Freixa, Agustí Benedito y Emili Rousaud, viejos conocidos. En cuanto a los demás, se prevé que acaben descolgados o integrados en alguna de las candidaturas principales, de marcado acento independentista, salvo la de Toni Freixa.

De hecho, el sesgo ideológico es uno de los principales factores en la larga campaña electoral. Tras la derrota contra el Bayern de Múnich por 8-2 en la pasada Champions fueron muchas las voces que relacionaron la catástrofe deportiva con la falta de ardor nacionalista de Bartomeu y su junta directiva. La vinculación entre el factor deportivo y el ideológico está traída por los pelos, pero no en el Barça, cuyo control es una aspiración perenne del nacionalismo. Y retomar las riendas del club es un objetivo que parece factible, toda vez que los dos máximos favoritos, Laporta y Font, son declaradamente independentistas. El primero llegó a fundar un partido, Solidaritat per la Independència, y el segundo contribuyó a la creación del diario nacionalista Ara.

Sin embargo, la disputa ya no versa sobre uno de los clubes más poderosos y con más proyección del mundo sino sobre una entidad que está a un paso del concurso de acreedores y que atraviesa una aguda crisis deportiva fundada en las ansias de su emblema, Lionel Messi, por abandonar la entidad. Laporta ha prometido que tratará de mantener al astro argentino en el club y otro aspirante, Rousaud, que fue directivo de la junta de Bartomeu, asegura que está en conversaciones con el entorno de Neymar para lograr su retorno al club y, de rebote, la permanencia de su amigo Messi.

Situación caótica

Pero la situación económica de la entidad contrasta con esas ínfulas. Carles Tusquets, el presidente de la junta gestora que dirige el club hasta la elección de un nuevo mandatario, lo está diciendo por activa y por pasiva. Los jugadores no cobrarán en enero, mes en el que la plantilla acostumbra a embolsarse la mitad de la ficha. La situación económica es pésima, hay trozos del Camp Nou que se caen a pedazos, el club sólo dispone en la actualidad de treinta millones de euros y se tendría que haber vendido a Messi en verano por lo que se hubiera ingresado y por lo que se habría dejado de pagar. O se venden jugadores y propiedades o se va a concurso de acreedores.

El fútbol sin público es una de las razones de la crisis económica del Barça, pero no la única. Fichajes como los de Coutinho y Griezmann se pagaron a precio de oro pero no han dado el rendimiento deportivo y comercial esperado. Al tiempo, la primera plantilla se embolsó el año pasado 656,42 millones. Para la actual temporada, la Liga de Fútbol Profesional ha dictado que no podrán cobrar más de 382, pero está por ver que el club pueda hacer frente a esa cantidad.

El cierre del estadio, del museo y de las tiendas ha supuesto un duro golpe para la entidad, que ingresa unos 150 millones al año por las cuotas de socios y las entradas, dinero que este año se ha esfumado. La situación es tan dramática que, según Tusquets, sólo la venta de Messi en verano podría haber modificado la situación del club. Bartomeu se negó en redondo a dejar salir al jugador, que provocó una crisis que al tiempo derivó en la dimisión del presidente y de los directivos de su junta para no someterse a una votación de moción de censura que tenían perdida de antemano. A partir de enero, Messi podrá abandonar el club sin dejar ni un euro en sus depauperadas arcas.

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