Un siglo de 'furia española'

El 1 de septiembre de 1920 nacía en los Juegos Olímpicos de Amberes el reconocimiento internacional al fútbol español como la furia.

Tolo Leal

"¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo a todos!". Y con esa frase, con ese grito de Belaúste, comenzó todo. Era el 1 de septiembre de 1920, y España se medía a Suecia en el marco del campeonato de fútbol de los Juegos Olímpicos de Amberes. Los españoles, eliminados por la anfitriona Bélgica, anhelaban alcanzar aún la final de consolación en la que era su primera participación internacional.

El partido ante Suecia estaba siendo durísimo. Hasta aquella aparición de Belaúste. La jugada terminó en gol. Había nacido la furia española…

Una brillante generación

Para llegar hasta allí, España había tenido que sorprender a todos. Era, decíamos, la primera participación internacional del combinado español, que contaba en sus filas con futbolistas talentosos como Ricardo Zamora, Sabino, Belaúste, Samitier o Pichichi. Un equipo joven, que demostraría en diversas ocasiones que se trató de una de las mejores generaciones de la historia del fútbol español.

Acudieron ilusionados a Amberes, donde se iba a celebrar la sexta edición de los Juegos Olímpicos. Unos Juegos en los que se presentó por primera vez la bandera olímpica, y que congregaron el mayor número de deportistas alcanzado jamás en una competición hasta la fecha.

En aquellos años aún no existían los mundiales de fútbol –ni, por supuesto, las Eurocopas; y los sudamericanos eran de reciente creación- por lo que era en los Juegos Olímpicos donde se dirimía quién era la mejor selección de fútbol.

El primer partido de España fue ante Dinamarca, una de las favoritas al oro, después de hacerse con la plata en los Juegos de 1908 y 1912. Ganaron los nuestros, 1 a 0, gol de Patricio. Aunque el héroe del encuentro fue Ricardo Zamora, quien demostró a todos que se trataba de uno de los mejores porteros del mundo. Especialmente en el tramo final del encuentro, cuando Dinamarca se volcó en busca del empate ante una España con un jugador menos por lesión de Samitier. Pero no pudieron con El Divino.

En cuartos de final esperaba la anfitriona y máxima candidata al título. Bélgica, advertida por la sorpresa española frente a Dinamarca, no permitió ninguna concesión, y se impuso por 3 a 1.

Como quiera que entonces se usaba el Sistema Bergvall en las competiciones por eliminación directa, España tendría una nueva oportunidad para luchar por la medalla de bronce. Este sistema permitía que los equipo eliminados a partir de cuartos de final disputaran un torneo paralelo, y el campeón del mismo sería coronado tercero (por detrás de los dos finalistas).

España arrancó esta especie de segunda fase ante Suecia, eliminada también en cuartos por Países Bajos (5-4).

Nace la furia española

Y así llegamos al duelo entre suecos y españoles disputado el 1 de septiembre de 1920. Un duelo durísimo. Una pelea que se sostuvo durante los 90 minutos. Ambos equipos se enzarzaron en una batalla futbolística y no futbolística, que supuso la baja de varios jugadores en ambos lados.

Fue Suecia quien se adelantó en el marcador, con un tanto de Dahl a la media hora de juego. Pero tras el descanso los nuestros reaccionaron.

Al poco de la reanudación Sabino se disponía a lanzar una falta, cuando Belaúste se incorporó en el área. "¡A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo a todos!", le gritó. Y vaya si los arrolló: entró en la portería con el balón y varios defensas suecos. El árbitro, un italiano apellidado Mauro, pudo pitar cualquier cosa. Pero como había hecho durante todo el encuentro, no señaló nada.

Poco después Acedo lograba 2 a 1 que le daba la victoria a España. Aunque Suecia tuvo la oportunidad de empatar al disponer de un penalti en los últimos compases del encuentro. Ohlson lo mandó fuera. Cuando el colegiado señaló el final, en el campo quedaban ocho suecos y siete españoles.

El periodista Juan Deportista, llamado en realidad Alberto Martín Fernández, publicó en 1924 el libro La Furia Española, relatando lo acontecido en Amberes. Se comenzó a popularizar así el mote que acompañaría para siempre a la selección española.

No obstante, otro periodista español presente en los Juegos, Manolo Castro, afirmaría que la definición surgió de un periodista holandés, H.Hollander, redactor de De Telegraaf. Tras aquel encuentro ante Suecia Hollander proclamaría "¡Oh, la furia de los españoles!", señalando que Bélgica había tenido mucha fortuna para superarles en el partido previo, y apuntando al temor de Países Bajos a España si se encontraban en la lucha por las medallas.

La primera medalla

Al día siguiente a aquella sufrida victoria ante Suecia esperaba Italia, eliminada en cuartos por Francia y que se había impuesto después a Noruega. España ganó por 2 a 0, con un doblete de Sesúmaga.

De este modo, los nuestros lograban la clasificación para la final de esa segunda fase, en la que debería medirse a Países Bajos, la selección que había caído en semifinales ante la campeona del torneo, Bélgica. Iban a luchar por la medalla de bronce.

Pero antes de disputarse el choque se jugaba la final olímpica, que enfrentaba a Bélgica y Checoslovaquia. El partido no concluyó, ya que los checoslovacos decidieron retirarse durante la segunda mitad como protesta al arbitraje que se estaba realizando. En esos momentos el resultado era de 2 a 0 para Bélgica.

Se descalificó a Checoslovaquia del campeonato, y se coronó a Bélgica como campeona olímpica. A su vez, se designó que el duelo entre España y Países Bajos sería por la medalla de plata, quedándose el perdedor con la de bronce.

España formó con Zamora; Vallana, Arrate; Samitier, Belaúste, Egulazábal; Moncho Gil, Sesúmaga, Patricio, Pichichi y Acedo.

Y el resultado final fue de 3 a 1 para España, con dos goles de Sesúmaga y otro de Pichichi. España lograba así la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920. Sería la única medalla o podio para el fútbol español hasta la Eurocopa de 1964.

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