La Segunda B recupera el lustre

80 equipos luchan cada año y el premio sólo es para cuatro. Históricos como Oviedo, Murcia, Logroñés, Hércules y Cádiz buscan la gloria.

Dani Blanco

Han saboreado las mieles del éxito alguna que otra vez, han visto muy de cerca qué fugaz es la fama en el fútbol, pero ahora se tienen que conformar con la división de bronce. Esa que no da alegrías apenas, esa que te hace luchar desesperadamente nueve meses y, a lo mejor, no tener premio. La Segunda División B recicla a históricos de nuestro fútbol en busca de la oportunidad perdida, en busca de recuperar el tiempo. Un tiempo que pasó a mejor vida y que quieren volver a sentirlo.

Equipos y jugadores históricos tratan de hacerse un hueco para que el aficionado todavía no les olvide. Los seguidores propios de los equipos en cuestión no lo han hecho. Es más, disfrutan de sus equipos todavía entregando el alma cada domingo. El grupo I tiene este año a Oviedo, Murcia, Logroñés, Compostela, entre otros. Equipos que han sido de primera y que ahora se debaten en una liga menor pero, no por ello, menos competitiva. El premio es para cuatro equipos de los 80 que arrancan. Subir a Segunda es la ilusión, pero el camino es largo y sinuoso. Tres play off si no quedas primero. Una tortura. Pero quizá el Murcia lo sentirá más si no consigue el premio. Un descenso administrativo el pasado verano le incrustó en un grupo aleatorio, no por proximidad geográfica, lo que obliga a los pimentoneros a recorrer media España cada vez que juegan fuera de casa.

El grupo II acomoda en esta edición a menos equipos con pasado de primera, pero quizá sea el más igualado. Ocho puntos entre el líder y equipos que rozan el descenso. Baracaldo, Sestao, Fuenlabrada, los filiales de los equipos madrileños, todos con jugadores de talento, más otro filial con una finura exquisita, el de Las Palmas, que se debatirá siempre en depender del primer equipo. Si los mayores suben a primera, ellos, Las Palmas At, podrán subir a Segunda.

El Hércules y el Lleida aparecen en el grupo III. Dos exprimeras con un presente y un pasado ligado a esta categoría. El Hércules bajó este pasado verano pero el Lleida lleva en la categoría diez temporadas consecutivas, tras saborear, hace 20 años la primera división.

Y qué decir del grupo IV, muchas veces catalogado como el peor de los cuatro, el más duro. Con el eterno Cádiz (seis temporadas seguidas en el pozo) luchando cada año por recuperar el crédito perdido.

Si hablamos de equipos también hay que hablar de jugadores. David Prieto, ex del Sevilla, ahora en el Murcia; Portillo, canterano del Madrid, en el Hércules; Sergio Pachón, goleador del Rayo, ahora en el Fuenlabrada. Y así un etcétera tremendo. Susaeta, en el Oviedo, Quique López en el Cádiz, Nico Pandiani, hijo de Walter, exjugador del Deportivo, enrolado en el Marino de Luanco. Y así un sin parar de jugadores que tienen que ganarse la vida en estos campos, alejados, por el momento, de la élite.

Todos los ingredientes se mezclan para catalogar a la Segunda B española como un mundo aparte. Una división donde todo es posible. Nueve meses de lucha encarnizada para un premio tan poco repartido. Se dudó del sistema de competición, pero parece el más justo. Lo importante es la competitividad que existe. La guerra del fútbol para volver a ser alguien.

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