Los milagros de Goran Vlaovic: una carrera exitosa plagada de obstáculos

Le dijeron que no iba a jugar a fútbol nunca más. Varias veces. Pero siempre se repuso, y terminó siendo uno de los mejores delanteros de los 90.

Tolo Leal

"No volverás a jugar al fútbol. Nunca más". Eso fue lo que le dijeron a Goran Vlaovic. Sólo unos pocos meses después, un 3 de diciembre de 1995, el delantero croata volvía a pisar el césped con su Padova. ¿Cómo era eso posible? Algunos lo atribuyen a un milagro, algo divino; otros, a su fortaleza y capacidad de superación. Fuera como fuere, la historia de Goran Vlaovic escapa de lo normal.


Nacido en Nova Gradiska, un pueblecito de Croacia, un 7 de agosto de 1972, Goran Vlaovic llamó desde bien pequeño la atención por sus indudables cualidades futbolísticas. Soñaba con jugar un Mundial, pero sus padres decidieron que ya habría tiempo para ello. Con 10 años, ingresa en un seminario para convertirse en sacerdote. Pero como declararía años más tarde, el Señor quería que se dedicara al fútbol. Así que abandona, aunque la fe en Dios le permanecerá para siempre.

Al salir, recala en la cantera del Osijek, uno de los clubes más importantes del país, entonces Yugoslavia. Y apunta a diamante en bruto. Pero las piedras en el camino no dejan de aparecer. Con tan solo 12 años fallece su madre. Un año más tarde, se rompe la tibia. Le dicen que debe operarse, pero él se niega en rotundo. Meses después, volverá a jugar a fútbol. ¿El primer milagro?

Sigue creciendo como futbolista, y con tan solo 17 años debutará en Primera División con el Osijek. En su primera temporada anota 11 goles en 24 partidos, llamando la atención de todos. Es el Croacia de Zagreb, que ve en Vlaovic el sustituto ideal de Davor Suker, recién incorporado al Sevilla, quien se hace con sus servicios. Pero antes de debutar estalla la Guerra de los Balcanes, y es obligado a detener su carrera durante un año para realizar el servicio militar.

Finalmente, en 1992, recala en el Croacia de Zagreb, donde terminará de explotar: en dos años disputará 81 partidos, y marcará 61 goles. Dos años seguidos máximo goleador de la liga croata, liga que conquistaría en la temporada 92/93, para conseguir al año siguiente la Copa.

No es de extrañar que llamara la atención de las mejores ligas europeas, y después de estar muy cerca de firmar por el Ajax de Amsterdam, termina recalando en el Padova italiano. Es el verano de 1994. Todos quieren jugar en Italia. Y en la primera campaña, pese a la lógica lenta adaptación al calcio, termina convirtiéndose en el ídolo de la afición al lograr importantes tantos en el tramo final de la temporada, que permiten la salvación al conjunto del Véneto.

El año siguiente tiene que ser el de su consagración, pero antes al contrario, es el del inicio de su pesadilla. El 22 de agosto se levanta con un severo dolor de cabeza. No sabe qué es lo que pasa, pero tiene claro que no es normal. Los primeros análisis descartan nada grave, pero el dolor continúa. Así que Vlaovic decide visitar otro médico fuera del club. La respuesta, contundente: era un tumor cerebral. Debía ser intervenido de inmediato. Su vida, le aseguraron, no corría peligro; pero del fútbol podía ir olvidándose.

"Claro que temí por mi vida", afirmaría después el futbolista croata. "En los primeros momentos, pero de inmediato cambié la mentalidad, y no sólo tuve claro que saldría vivo, sino que también volvería a jugar a fútbol". Su inmensa fe, asegura, le ayudó. Así como su mujer, la modelo y cantante –y actualmente política- Milana. Siempre estuvo a su lado.

Era 15 de septiembre cuando Vlaovic se operaba del tumor. La operación salió a la perfección. La recuperación, aún más. De manera increíble, regresaba a los terrenos de juego el 3 de diciembre, ante la Fiorentina. Es recibido, lógico, con una gran celebración de todo el estadio. Pese a la derrota de su equipo.

Pero a la semana siguiente el Pádova lograría una vital victoria ante el Inter de Milán por 2 a 1. Los dos goles fueron obra de Vlaovic. Había pasado del infierno al campo de fútbol en sólo 80 días.

También triunfa en España

Pese a que regresa a la competición con un óptimo estado de forma, no puede evitar el descenso de su Padova. No obstante, en el verano del 96 son muchos los equipos que buscan su contratación. Finalmente, será el Valencia quien se hará con sus servicios.

En el equipo che –coincidiendo con una de las mejores etapas de su historia- nunca llegará a consolidarse como titular, aunque siempre será bien valorado por sus entrenadores –Luis Aragonés, Valdano, Ranieri o Cúper- como opción de recambio, lo que le permitirá mantenerse en la Ciudad del Turia durante cuatro temporadas.

En ese tiempo, disputa 73 partidos y suma 19 tantos, y conquista una Copa del Rey, una Supercopa de España, una Copa Intertoto, y una final de Champions, que verá desde la grada, y en la que su Valencia sucumbirá por 3 a 0 ante el Real Madrid. En el año 2000 firma por el Panathinaikos griego, donde jugará otras cuatro temporadas, conquistando una Liga y una Copa griegas, y anotando 29 goles en 64 partidos.

Los héroes del 98

Pero quizá donde más brilló Goran Vlaovic fue a nivel de selección. Debutó en 1992, disputó la Eurocopa de 1996 y los mundiales del 1998 y de 2002. Fue precisamente en el de Francia 98 cuando se destapó el delantero croata.

Formando pareja atacante junto a Davor Suker, y con jugadores de la talla de Prosinecki, Boban o Jarni, llevan a la selección croata hasta una histórica tercera plaza. Goran Vlaovic lograría un precioso tanto para sellar la sorprendente victoria ante Alemania en cuartos de final. Nada mal para un jugador al que sólo tres años antes habían pronosticado que no volvería a pisar nunca más los terrenos de juego.

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