Una gran Roma, un pobre Liverpool

Dos de los equipos históricos del fútbol europeo viven momentos dispares en su juego y en su imagen, tras haber enamorado al continente el año pasado.

Dani Blanco

Lo fueron todo en la década de los 80, años dorados para estos dos clubes. Roma y Liverpool se enfrentaron en la final de la Copa de Europa de 1984, en el estadio Olímpico de la capital italiana, pero ganaron los ingleses. Fue una final decidida en la tanda de penaltis y con Globelaar, el sudáfricano mítico portero de los reds bailando en cada penalti sobre la línea de gol para poner nerviosos a los delanteros italianos que fallaron dos penas máximas.

Una década, la de los 80, que vio un título liguero de los romanos y seis de los ingleses. Además la Roma ganó tres Copas de Italia y el Liverpool cuatro. El equipo red ganó la Liga en 1990 y desde entonces no lo ha vuelto a hacer. La travesía en el desierto es larga, plomiza, salvada evidentemente por la Champions de 2005, pero sin ninguna reseña importante en su país, aparta de dos Copas, muy poco para la historia de unos de los clubes más laureados del continente. No en vano posee cinco Copas de Europa.

A la Roma le ha pasado lo mismo. Sólo tres títulos de Liga en su larga historia y el último data de 2001 con Fabio Capello en el banquillo y Francesco Totti y el argentino Batistuta como pareja atacante. El equipo capitalino ganó dos Copas consecutivas en 2007 y 2008 pero la gente del Olímpico quiere más. No es suficiente, es una afición exigente a pesar de que la historia de la escuadra giallorossa no está repleta de títulos, señal de la afición futbolística en la ciudad.

Reverdecieron laureles

El año pasado ambos equipos reverdecieron laureles. Los ingleses fueron líderes de la premier hasta finales de abril, a tres jornadas del final. Tras un encuentro en Anfield ante el Chelsea en el que perdieron 0-2 gracias, en parte, a un fatídico error de la estrella y símbolo del equipo Steven Gerrard, el City les arrebató el liderato. Fue un final cruel para una temporada camino de ser de ensueño.

A los romanos les pasó algo parecido. Ganaron los diez primeros partidos de la temporada y no perdieron uno hasta enero. Pero la Juve fue mucho más regular en el tramo final y se acabaron haciendo con el Scudetto. Una de las claves fue acertar, por fin, con el entrenador, y rescatar a un semidesconocido francés, Rudy García, con experiencia sólo en el Lille galo, para sacar adelante al equipo que se debatía en las últimas campañas por el quinto, sexto o séptimo puesto de la Serie A.

Esta temporada al Liverpool no le están saliendo las cosas. Desesperado en la liga inglesa (décimo, a 17 puntos del Chelsea) y jugando una final auténtica el 9 de diciembre ante los suizos del Basilea en Anfield, donde sólo les vale ganar para continuar en la Champions. El galés Brendan Rodgers ha tenido que hacer frente a la baja de Luis Suárez y no lo ha arreglado con el complicado Balotelli. Están en horas bajas, casi sin opciones en los torneos y el ambiente es gris en la ciudad de los Beatles.

La Roma, sin embargo, ha optado por seguir jugando al fútbol de maravilla. Hay veteranos en sus filas. Maicon, Ashley Cole, De Rossi, Perrota, y sobre todo il Capitano Francesco Tutti, no un jugador sino un símbolo irrepetible en la escuadra, 21 temporadas en el club. Indiscutible.

Dos equipos históricos con suerte dispar este año. Dos viejos conocidos que se citaron en mayo de 1984 en una histórica final de Champions. Luego los caminos se han separado, pero aficionados de toda Europa se hicieron seguidores acérrimos de estos dos equipos. Fueron la imagen de muchos aficionados, el espejo al que mirarse. Fueron dos titanes que volvían a aparecer, luchando con superpotencias en sus Ligas. Un año en el que nos acordaremos más de los segundos que de los primeros. Ganaron la Liga Manchester City y Juventus, pero nos acordamos del gran año de Liverpool y Roma. Así es el fútbol.

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