La opulencia del Golfo Pérsico y la hipocresía del deporte mundial

Si alguna región del mundo se caracteriza actualmente por la organización de grandes eventos deportivos se refiere, es sin duda el Golfo Pérsico.

José Manuel Puertas

Durante todo este próximo fin de semana, buena parte de las miradas de medio mundo aficionado al deporte estarán puestas sobre Abu Dhabi, donde se decidirá el próximo campeón del mundo de Fórmula 1, honor al que aspiran Lewis Hamilton y Nico Rosberg, ambos pilotos de Mercedes. El circuito Yas Marina, de la capital de los Emiratos Árabes Unidos, inaugurado en 2009, volverá a dejar espectaculares imágenes sobre el asfalto, como representación de los "valores y la cultura" del Emirato y su capital, como presumen los gestores de uno de los más modernos circuitos del planeta, y que pondrá este año punto y final al circo de la velocidad, con una carrera especialmente relevante pues puntuará el doble, haciendo aún más enconada la lucha entre los dos contendientes al cetro mundial.

Y es que si alguna región del mundo se caracteriza actualmente por ser eje fundamental en lo que a organización de grandes eventos deportivos se refiere, es sin duda el Golfo Pérsico. A lomos de una bonanza económica en la que muchos ven una burbuja próxima a estallar, la opulencia de países como principalmente Emiratos Árabes y Qatar ha conseguido que una región con escasa tradición deportiva históricamente sea hoy día punto de encuentro para muchos torneos de relevancia internacional. No sólo la Fórmula 1 deja verse en la zona, sino que por ejemplo desde 1993, Doha, capital qatarí, aloja un importante torneo de tenis, que ha adquirido especial relevancia desde 2009, y que pese a ser de categoría 250 (la menor del circuito profesional de la ATP), suele ser en las últimas temporadas punto de partida para el año tenístico para los grandes de la raqueta, como Rafa Nadal, su último ganador, o Roger Federer, tres veces campeón allí, además de alojar la ceremonia inaugural del circuito tenístico anual.

Precisamente Doha también conoció esta semana que albergará en 2019 los campeonatos mundiales de atletismo, al derrotar a Barcelona y Eugene (Estados Unidos) en la votación final, tras la que José María Odriozola, presidente de la Federación Española de Atletismo, y miembro del Consejo de la IAAF (Federación Internacional), se mostró muy crítico con la decisión: "Ha ganado la peor candidatura con mucha diferencia, sólo tienen dinero", sentenció, rotundo, antes de afirmar que "es un atraco, una mala jugada para el atletismo mundial". Esta será una decisión, además, que obligará a retrasar el calendario atlético de 2019, pues no es viable llevar a cabo tal evento en agosto en Qatar, debido a las altas temperaturas de la zona, por lo que parece que se llevará a cabo a finales de septiembre. En la misma línea, la Copa del Mundo de fútbol de 2022, cuya elección también estuvo envuelta en la polémica por los posibles sobornos millonarios para que Qatar fuera elegida sede, también deberá obligar a modificar el calendario futbolístico internacional de varias temporadas.

En Doha también se celebrará el Mundial de Balonmano (2015), y antes, en apenas unas semanas, el Campeonato del Mundo de natación en piscina corta, entre los días 3 y 7 del próximo mes de diciembre. El potencial económico de la región suele ser el factor determinante para que, una tras otra, las federaciones deportivas vayan cayendo rendidas en manos de países minúsculos de tamaño pero gigantes en lo monetario, pese a que sus elecciones siempre se ven envueltas en arduos debates, porque suelen venir relacionadas con la derrota de ciudades o países con mucha mayor tradición deportiva que los del Golfo Pérsico, como el claro ejemplo de Barcelona y Doha en lo que a atletismo se refiere. En todo caso, organizativamente, los resultados suelen ser satisfactorios para los millones de espectadores que siguen las competiciones deportivas albergadas en la zona.

Sombras tras los petrodólares

Sin embargo, no todo son luces al respecto. No ya sólo las sospechas de posibles amaños en las votaciones rodean a los países de la región. Qatar, el país más rico del mundo, ha sido acusado en varias ocasiones de financiar al Estado Islámico, el grupo terrorista que siembra el pánico en el mundo actual, por más que las autoridades del emirato hayan tratado de desmarcarse de ello. Además, varias organizaciones de todo el mundo han denunciado públicamente el incumplimiento reiterado a los derechos humanos tanto en Emiratos Árabes como en Qatar.

Un reciente informe de Aministía Internacional ha sacado a la luz pública el uso por parte del gobierno de Abu Dabi de tácticas represivas para quienes son críticos con su forma de actuar, de forma especialmente cruenta desde la primavera árabe de 2010, con el objetivo de suprimir toda muestra de disidencia. Según denuncia la organización, abogados, profesores universitarios, estudiantes, y activistas de la sociedad civil, así como sus familias, han sido sometidos en Emiratos Árabes en los últimos años a persecuciones, torturas, desapariciones forzadas, y otros malos tratos.

En lo referente a Qatar, la construcción de los impresionantes estadios que albergarán la Copa del Mundo de fútbol, han estado desde el primer momento rodeadas de una enorme sospecha. El pasado mes de febrero, el diario británico The Guardian informó sobre la muerte de más de 400 trabajadores nepalíes en las obras. Y es que la inmensa mayoría de los trabajadores que se emplean de dichos recintos no son de nacionalidad qatarí, sino emigrantes de países cercanos, que son sometidos a situaciones de semi esclavitud, lo que puso en alerta a varias organizaciones que pidieron a la FIFA y al gobierno local que tomaran medidas urgentemente.

La mediación del máximo organismo del fútbol mundial parece haber obtenido el compromiso del gobierno qatarí para cambiar las condiciones laborales de los trabajadores, pero desde el emirato aún no se han establecido las actuaciones concretas que se emprenderán. La abolición del llamado `permiso de salida´, que otorga a los empleadores el control de los movimientos de los trabajadores migrantes y puede ocasionar que éstos queden atrapados y no puedan abandonar el país, o la reforma del sistema de patrocinio o kafala, que ata a los trabajadores a sus empleadores y favorece el trabajo forzado, son dos de las principales reivindicaciones de las organizaciones pro derechos humanos, si bien los pasos emprendidos por el gobierno qatarí hasta el momento resultan claramente insuficientes.

Son las luces y sombras de una región, la del Golfo Pérsico, que pretende seguir dando pasos en pos de convertirse en el núcleo fundamental del deporte mundial, en lo que a grandes eventos se refiere, pero que, en muchos aspectos, sigue muy lejos de lo que una sociedad moderna y civilizada debe ser. Cabría preguntarse si, mientras este tipo de situaciones sigan produciéndose, países como Qatar o Emiratos Árabes Unidos deberían seguir recibiendo la pleitesía del resto del mundo y de federaciones, empresas, y organizaciones económicas, que caen rendidos a su potencial económico, obviando las graves carencias que presentan ambos gobiernos en lo que a respeto por los derechos humanos respecta.

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