Kirolbet Baskonia: una huida hacia adelante repleta de melancolía

El inicio de temporada ha resultado turbulento en un club que no jugará la Copa del Rey por segunda vez en veintitrés años.

José Manuel Puertas

El próximo jueves arranca en el pabellón José María Martín Carpena una nueva edición de la Copa del Rey de baloncesto, y lo hará con una ausencia más que destacada entre sus participantes. Por raro que pueda parecer, Kirolbet Baskonia no jugará este año la competición del KO. Será la segunda vez en 23 años que eso ocurra. La otra fue en 2015, en una edición celebrada en Las Palmas de Gran Canaria. Y no es eso algo fácil de asumir para un club acostumbrado en las dos últimas décadas a verse a sí mismo como un grande. Catorce títulos tiene en sus vitrinas el club alavés. Desde la primera Copa, en Granada en 1995 hasta la última Liga ACB, ya en 2010, con aquella canasta milagrosa de Fernando San Emeterio ante el Barcelona.

El Baskonia moderno quisiera seguir siendo grande, pero esto no deja de ser una quimera en el statu quo del baloncesto actual. Sus éxitos en Europa y la indiscutible gestión de Josean Querejeta en los despachos le habilitaron para conseguir una Licencia A de la Euroliga en 2015, lo que le aseguraba una década en la máxima competición continental. Toda una garantía a la hora de captar jugadores, y poco menos que un milagro de gestión. Con escasamente 250.000 habitantes en su ciudad, el club vasco comparte el privilegio de ese salvoconducto europeo con equipos de Madrid, Barcelona, Atenas, Milán, Moscú, Estambul y Kaunas. De las citadas, solo la capital lituana (295.000) se puede comparar en cuanto a tamaño con Vitoria, y no debe obviarse tampoco que la tradición de cantera del Zalgiris le convierte en una máquina de fabricar jugadores, circunstancia de la que adolece Baskonia. Sin duda, un escenario en el que mantenerse como uno de los grandes transatlánticos del continente requiere casi de una obra de ingeniería. Baskonia está en su derecho a querer ser grande, pero otra cosa es que la realidad esté empecinada en decirle lo contrario. Seguramente, nadie pudo definir la situación que Dusko Ivanovic el pasado 2 de enero cuando fue presentado como entrenador en su tercer advenimiento al club de Zurbano.

Hay un dato que no juega nada a su favor. Desde noviembre de 2012 se han sentado en su banquillo Zan Tabak, Sergio Scariolo, Marco Crespi, Ibon Navarro, Velimir Perasovic (dos veces), Sito Alonso, Pablo Prigioni, Pedro Martínez y Dusko Ivanovic además Sergio Valdeolmillos y Josep María Berrocal como técnicos interinos. Once entrenadores y doce cambios en apenas siete temporadas. No es fácil mantener cierta estabilidad en ese escenario. Dejar entre los grandes a un club cuyo entorno e idiosincrasia le mantienen lejos de los mismos. Quizá solo su historia le acompañe en ese camino. Durante años, se acostumbró a encontrar mirlos blancos en Sudamérica que le permitieron soñar en grande. Parecía como si cada vez que allí crecía alguien, Alfredo Salazar fuera el primero en verlo. Y en cierto modo era así. Ahí están Scola, Splitter y Nocioni. Pero hoy eso es imposible. Los peces gordos también llegan antes a esos confines. De modo que en los últimos años, a Baskonia le toca inventar la rueda en las oficinas, con métodos de todo tipo. Libertad Digital ya contó en su día las argucias que hubo detrás de la opulenta renovación de un Adam Hanga que terminó a las pocas semanas en el Barcelona.

La economía, es evidente, no puede competir con las más potentes en Europa. Ni prácticamente en España. Aún así, Baskonia se las apaña para sacar un presupuesto notable de 16 millones de euros. Eso les mantiene lejos de los más de 40 de Barcelona, CSKA o Real Madrid pero sigue haciéndole ser un equipo razonablemente competitivo. No hace tanto, en 2016, todavía se coló en una Final 4 aquel equipo con Bourosis, Mike James y Darius Adams. Sin embargo, la mayor parte del bocado presupuestario se la llevan actualmente tres jugadores: Tornike Shengelia, Jayson Granger y Matt Janning, y viene ocurriendo durante alguna temporada ya que el equilibrio interno del vestuario está cerca de romperse por la gestión que se hace de de las plantillas. Pero no precisamente por un tema salaria.

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Tornike Shengelia, en el partido ante Obradoiro |ACB Photo/A. Bouzo

En un calendario tan exigente como el actual, un equipo inmerso en la Euroliga necesita mínimo 14 jugadores para poder competir sin demasiados problemas. Y Baskonia esta temporada ha sufrido dos lesiones muy graves, las de Jayson Granger y Patricio Garino, más otra más que se ha ido complicado casi semana a semana, en el caso del hombro de Luca Vildoza. Mientras, al equipo se le demandaba ganar y ganar partidos en Liga Endesa y Euroliga, llevando al extremo a una plantilla extenuada que exigía nuevos refuerzos para poder seguir dando la cara día a día. Incluso estuvo a punto de plantarse en los últimos días de Velimir Perasovic como entrenador, cuando la situación se volvió límite y los jugadores demandaban fichaje pero la escasa liquidez del club no lo permitía.

Desde la llegada de Dusko Ivanovic al banquillo, el balance de resultados no es boyante. Tres victorias en siete partidos en Liga Endesa, tres en nueve en la Euroliga. Pero no es menos cierto que la paz interna parece algo mejor. El club ha podido atar los fichajes del alero Zoran Dragic y el base Semaj Criston, que dan oxígeno a la rotación, pese a la reciente baja de Pierria Henry, precisamente uno de los más descontentos en el peor momento del curso. Y probablemente no por casualidad, dos de los triunfos han sido ante Barcelona y en el Wizink Center frente al Real Madrid, ante el que los vitorianos estuvieron a punto de repetir sorpresa la semana pasada en Europa.

Tras quedarse sin Copa del Rey, Baskonia está a tiempo de salvar de forma más o menos razonable el curso. Sin embargo, quizá empieza a ser necesario un replanteamiento del futuro, a fin de evitar una huida hacia adelante que sigue siendo el mayor enemigo presente de un club del que parece inevitable pensar que su época dorada difícilmente volverá. Palabra de Dusko Ivanovic.

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