Recuadros taurinos. Prior en las redes. La pintura taurina

Agapito Maestre

Dos magistrales ensayos de cartel taurino creó Prior, el pintor español que mejor ilustra la unidad de arte y vida, para publicitar la próxima encerrona de Antonio Ferrera, en Pamplona, con seis toros de la ganadería de Miura. La iniciativa sólo mereció unas escuetas "gracias" de la apoderada del matador a un representante del artista pictórico más grande del expresionismo hispánico de los últimos cincuenta años. No es mucho, pero tampoco es poco para quien "media", o sea pone barreras entre artes y artistas, entre torero y aficionado, entre la inteligencia taurina y el intuitivo mundo de la vida cotidiana. De la vida. ¿Habra visto el bueno de Ferrera los ensayos de Prior? Lo dudo. Estoy convencido de que su apoderada hizo bien el trabajo para el que fue contratada: quitarse de encima a todo sospechoso de molestar al matador.

Pero, dejemos en su ensimismamiento a la confusa mediadora, y alabemos la consecuencia de su dudosa y, seguramente, errática conducta. Sí, espoleado por el suceso de los carteles, o sea, por unas míseras "gracias", Prior ha pintado tres obras magistrales dedicadas a los festejos taurinos en honor de San Fermín. Ahí están en las redes sociales para educación del gusto artístico los dos ensayos de cartel taurino y las tres joyas pictóricas. ¡Con cuánto amor y emoción dirijo mi mirada a la obra de un artista que, a punto de cumplir noventa años, sigue creando con la misma vitalidad de su juventud! Fresca, nueva y sin afeites cosméticos es toda la obra de Prior. Han desaparecido por completos los amaneramientos realistas. La sencillez y la naturalidad, supremo y último fin de toda gran cultura, determinan la creación de Prior: él rara vez pinta lo que ve; eso queda para la "pintura" realista, hoy ya casi muerta, o al servicio de la fotografía. Él ve, sí, únicamente lo que pinta. Es un creador. Está en la cumbre de la montaña de la pintura española. Quienes por allí habitan, saben bien de lo que hablo.

Emociona, sí, la obra pictórica de Prior, porque es Auténtica. Resultado de una labor permanente. El pintor, como el torero, solo vive para su cosa o no es. La pintura no es para aficionados. Han desaparecido por completo las imposturas de quien cree captar lo real, la vida, antes por su sensibilidad que por su entendimiento. Falso. La creatividad, sea la pictórica o sea la surgida de una corrida de toros, es fruto del ejercicio del trabajo, la técnica y la inteligencia. Nadie desarrollará una fina sensibilidad, "gusto", disfrute, o cómo quiera que se llame al placer de lo percibido, sin entender, sin saber, en fin, sin pensar. El toreo, como la gran pintura de Prior, exige sensibilidades firmes capaces de conceptuar, abstraer y entender en un instante la complejidad de una creación. El expresionismo pictórico, como el arte taurino, no está al alcance nada más que de quienes saben que el error más mínimo conduce a la tragedia, la cogida del torero, o a la ruina de la tela.

Y, por eso, porque en los toros y la pintura siempre se está al borde del abismo, de fracaso de la inteligencia, de lo Auténtico, desprecio a quienes reducen esas artes a cuestión de mera "sensibilidad" o "repulsividad". ¡Ay, amigos, cómo se sufre al descubrir las huellas del mal gusto, de la imitación y de la ignorancia, que socavan lo auténtico y persisten en acabar con ello! Hoy como ayer, molesta lo genuino, lo originario, en fin, la singularidad del arte taurino y el pictórico. Otra vez, la falsificación es el signo sobre el que transcurre un tiempo más preocupado por hacer una fotografía que por enterarse de quién trazó y en qué época lo fotografiado. Antes de saborear el objeto artístico, se desenfunda un teléfono móvil para "retratarlo". Manipularlo. Asesinarlo.

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