Blanca Marsillach reivindica otro teatro posible

La actriz abandera diversos proyectos que fomentan la integración social de las personas con discapacidad a través del teatro.

Laura Galdeano

Hoy por hoy, para interpretar el papel de un ciego en el cine o la televisión, no suelen escoger a un actor invidente. Blanca Marsillach se ha propuesto acabar con esta arcaica tendencia y, por eso, desde hace más de una década abandera diversos proyectos que fomentan la integración social de las personas con discapacidad a través del teatro. Busca la normalidad, que llegue a ser natural, que no sea noticia que un joven con síndrome de Down o una mujer en silla de ruedas sean los protagonistas de una comedia.

Los primeros pasos de Blanca Marsillach en el teatro fueron de la mano de su padre, el actor Adolfo Marsillach, Premio Nacional de Teatro (1974), en la obra Matahari. Desde entonces, no se ha bajado de las tablas y, ahora, además, con el claro objetivo de convertir el teatro en una herramienta para la integración. "Tendrá sentido hasta que se deje de hablar de ello", asegura la intérprete a Libertad Digital.

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Blanca Marsillach | Fotografía cedida por la revista 'Love'

Gracias a estos proyectos, actores profesionales con y sin discapacidad comparten escenario. "El objetivo –explica– es poder competir en primera división, competir con la cartelera de obras comerciales y que el hecho de que haya un elenco mixto no sea un hecho puntual, sino algo totalmente natural. Es una cuestión que no repercute en el espectador, sino al revés. Son limitaciones que los seres humanos tenemos en nuestra mente. Hay que eliminar estos prejuicios para que todo fluya de manera natural".

La primera experiencia de teatro inclusivo fue con la obra El reino de la tierra, de Tennessee Williams. Este año han recorrido media España –y lo seguirán haciendo a partir de octubre, con Historia de un día cualquiera, una adaptación de varias piezas del dramaturgo Pedro Muñoz Seca. Es un proyecto conjunto de la Fundación Blanca Marsillach, Varela Producciones y la Fundación Repsol. "Hemos fichado a una estrella, un actor maravilloso con Síndrome de Down", destaca. "Intentamos regularizar el hecho de que nacer con una circunstancia determinada no es un impedimento para dedicarte a ser actor y poder vivir de ello".

Las obras deben tener tres requisitos: música, sensualidad y sentido del humor. "Resulta más espontáneo", dice. "Se sienten un actor más. Se les olvida que tienen un andador o cualquier otra cosa. Hacen su trabajo y se les paga por ello".

Taller de teatro adaptado

Un proyecto paralelo es el "Taller de teatro adaptado para personas con discapacidad intelectual", que en esta edición estuvo apadrinado por Emilio Gutiérrez Caba. "Se le da la oportunidad a los chicos con capacidades diferentes de salir al escenario para cantar, bailar o replicar escenas que han visto. Es una gran oportunidad para que se sientan queridos y parte de la sociedad. Es una inyección de moral y de alegría. Además, pueden expresar su arte".

Blanca Marsillach tuvo su primer contacto con el teatro social hace 14 años. "Como todo en la vida –dice– comenzó de la forma más rara". En un momento dado, durante una "etapa oscura", recibió el apoyo de un grupo de mujeres a las que se sintió en deuda y entonces vio en Estados Unidos que una actriz de renombre defendía una causa social mientras hacía teatro. "Pensé '¿por qué no? ¿por qué no convertir mi pasión por teatro en un vehículo para ayudar a los demás?’ Y así surgió. La sensación de que estás al servicio de la sociedad luchando por una causa tan necesaria es muy gratificante".

La colaboración de Fundación Repsol y Varela Producciones se inició en 2010. Desarrollan programas de teatro interactivo para personas con capacidades diferentes, mujeres víctima de violencia de género y colectivos en riesgo de exclusión social y personas mayores para lograr su integración en la sociedad a través del teatro.

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