USS Orville frente a USS Callister

Rosa Belmonte

¿Quién no ha querido ponerse el pijama y tripular la Enterprise para llegar a donde ningún hombre llegó antes? Decir cosas galácticas que hubieran escrito Richard Matheson, Robert Bloch o Harlan Ellison. Pelear con klingons y romulianos. Visitar planetas nazis o prehistóricos. Teletransportarnos. Lo que Robert Daly hace en USS Callister (Black Mirror 4) no es muy distinto de lo que Seth MacFarlane hace en The Orville. Tiene que ver con el fervor infantil por Star Trek. Con querer estar donde el capitán Kirk, con llevar esos colorines. Y lo mismo pasa con Bryan Fuller, creador de Star Trek: Discovery: "No quería ser guionista, quería escribir para la Enterprise".

El otro punto de coincidencia entre el primer capítulo de Black Mirror 4 y la serie espacial de MacFarlane es Jesse Plemons en la primera y Adrianne Palicki en la segunda (ambos piezas esenciales de la añorada Friday Night Lights).

MacFarlane se ha dado el capricho de The Orville, que ya ha sido renovada para una segunda temporada. Encarna a un oficial de la Unión Planetaria, alianza interestelar en el siglo XXV, que manda el USS Orville, un buque espacial exploratorio de poca monta. Le acompañan, entre otros, su mejor amigo y su exmujer, que le había puesto los cuernos con un bicho azul. No siendo gran cosa es un divertido placer culpable. A veces da la impresión de que sean guiones no rodados de alguna Star Trek televisiva. Y eso es bueno. Si la Fox creía que MacFarlane iba a hacer una comedia ya habrá comprobado que lo que ha hecho es un homenaje a su serie favorita. Sin parodias, con todo el cariño al universo trekkie. Pero también mira a Black Mirror. El episodio Majority Rule, donde visitan un planeta gobernado por una boba democracia pura, recuerda mucho a Caída en picado, el de los likes. Pero en realidad MacFarlane contó que la inspiración le vino del libro So You’ve Been Publicly Shamed, de Jon Ronson. Y volvemos a Black Mirror porque Odio nacional sí está inspirado parcialmente en el libro de Ronson. Y también volvemos a ese primer capítulo, casi una película por su duración, de la cuarta temporada de Black Mirror.

USS Callister, pese a la apariencia inicial, tampoco es una parodia de Star Trek. Sobre todo porque pese a los uniformes, la nave espacial, las criaturas extrañas o esa Flota Espacial que tiene como referencia de la cultura popular, la inspiración está en The Twilight Zone (En los límites de la realidad cuando la emitió TVE y luego La dimensión desconocida). En el capítulo "It’s a good life", el número 73. Uno escrito por Jerome Bixby donde un niño de 6 años tenía sometido un pueblo de Ohio con sus superpoderes. El niño está interpretado por Bill Mummy (hizo otros dos capítulos). Todavía faltaban unos años para que fuera Will Robinson en Perdidos en el espacio, que empezó en 1965. Y muchos más para que ya adulto interpretara al mimbari Lennier en Babylon 5. El niño de "It’s a good life" es como el Robert Daly de USS Callister. Un rey Joffrey con videojuegos y realidad virtual. Un capítulo con una historia siniestra y un final… Bueno, no digo nada, ni siquiera a qué película recuerda. Pero a la vez es el más divertido (eso de la falta de genitales es muy de Seth MacFarlane, pero el de Padre de familia). La voz airada de Aaron Paul pone la guinda.

La original Star Trek (aquí La conquista del espacio) no pasó nunca del puesto 52 en los índices de audiencia. Y mira lo que ha dado de sí. Voy a ponerme el pijama para buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones. O para entrar en la dimensión desconocida, yo que sé.

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