Quién quiera un concierto que se lo pague

Carmelo Jordá

Anda la plaza revuelta porque se está censurando a músicos varios en las fiestas locales de España. La cosa empezó con mucho escándalo porque era en Madrid y a los amigos que previamente había enchufado Podemos, pero luego ha dado un giro hacia la otra orilla política, cuando han sido los bildutarras los que han echado a C.Tangana de las fiestas de Bilbao porque sus letras son "machistas".

Yo creo que alrededor de esta cuestión hay varias confusiones que es necesario aclarar y que no suelen explicarse bien. La primera es fundamental: que un ayuntamiento no te pague un bolo no es censura, podemos discutir si es más o menos reprobable, pero no es censura, es otra cosa.

Censura sería que un ayuntamiento no te permitiese actuar en su término municipal, pero el sagrado derecho a que los contribuyentes de unos cuantos pueblos o ciudades te paguen una gira cada verano no existe, lo siento: si eres un cantante o grupo de éxito búscate la vida como nos la buscamos todos, que no te costará tanto encontrártela; y si no lo eres no veo por qué tenemos que pagarte entre todos tu fracaso.

En general no hay ningún motivo razonable por el que los poderes públicos deban pagar conciertos de bandas o cantantes de pop y rock -ni de ningún otro estilo musical- y no me digan que Pedro Pastor o C. Tangana son cultura porque me entra la risa. No, ninguno de los dos lo son… a menos que consideremos que cualquier cosa es cultura, caso en el que pediré una subvención para cantar en la ducha, que yo también tengo derecho a una paguita.

Hay, además, otra razón para que los poderes públicos no subvencionen cantantes ni conciertos: que, efectivamente, es intolerable usar el dinero del contribuyente para ofender al contribuyente. Por ejemplo: creo que la ola de feminismo censor que nos invade es una auténtica plaga, pero si una feminista bilbaína me dice que no tiene por qué soportar que con su dinero se paguen las letras supuestamente machistas de C.Tangana… pues qué quieren que les diga, creo que tiene razón.

Y no digamos ya si se utiliza el dinero público para pagar espectáculos en los que se comenten posible tipos penales como el enaltecimiento del terrorismo o la humillación de las víctimas, eso ya es sumar escándalo legal al escándalo moral y desde luego no sería ni la primera ni, me temo, la útima vez.

Al final, el problema de todo esto es que, entre unos 'artistas' que han encontrado en las arcas municipales una fuente de negocio de lo más nutricia y unos políticos que se gastan el dinero de todos en comprar votos para ellos, damos por normal no que no lo es y no tiene por qué serlo: ni todas las fiestas necesitan un cartel de conciertos para satisfacer al votante joven, ni todos los contribuyentes tenemos que pagar por lo que no nos gusta.

Y quien quiera un concierto... que se lo pague con su dinero.

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