Bunbury es 'La Torre Oscura'

Jesús Fernández Úbeda

Anda Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967), quien este domingo cumple 52 años, cocinando un nuevo disco. Nos enteramos de la cosa en junio, gracias a una foto de su compañera, la gran fotógrafa Jose Girl, publicada en sus perfiles de Instagram, Twitter y derivados. "El disco nuevo es un guiso lento –me cuenta–. No es un trabajo habitual y no tiene los tiempos convencionales, pero saldrá algún día. ¡Espero!".

A saber qué tiene el gran camaleón de la música patria entre manos. El asunto me intriga –para bien, se entiende– de un modo efervescente. Lo que más me gusta de Bunbury es su constante capacidad de reinvención, su renuncia a la repetición, su eterna búsqueda de horizantes musicales nuevos. Por eso, no me creí aquello que dijo Joaquín Cardiel en el programa de Ariel Rot sobre una posible reunión de Héroes del Silencio. Sencillamente, no entraba/entra en la lógica creativa del aragonés errante. Recuerdo que, por aquellos días, no pocos amigos me preguntaron "oye, ¿tú qué sabes de esto?". "No os hagáis (des)ilusiones", les respondía.

Creo que, junto a Robe Iniesta, Bunbury es hoy –y desde hace un tiempito– el mejor compositor español de rock, entendiendo rock, como apuntaba, más o menos, Robbie Robertson en The Last Waltz, como un género voraz, omnívoro y mutante. Bunbury bien podría ser un género musical en sí, en el que tienen cabida la electrónica, la canción mediterránea, la ranchera, el blues, el vals, las guitarras más rugientes y los sintetizadores más sofisticados. Y, a saber cómo –quizá ahí resida su genialidad–, todo sigue una lógica. A bote pronto, y puede que no sea la mejor comparación, lo admito, se me ocurre que la discografía y el cancionero del autor de "El extranjero", "Porque las cosas cambian" o "Cuna de Caín" se parecen al universo literario de Stephen King: entre It y El resplandor hay una legión de diferencias, pero, al final, todas las novelas brotan de La Torre Oscura. En el mundo Bunbury, la torre oscura, el generador de historias, el explorador de sonidos, es él mismo. Todas sus criaturas confluyen en su firma, en su voz, en su interpretación. Incluso quienes no lo tragan saben que una canción de Enrique Bunbury sólo puede ser de Enrique Bunbury. No hay nadie como él.

Los alemanes utilizan el vocablo Ohrwurm, cuya traducción literal es "tijereta" –en referencia al insecto–, para hablar de esas canciones que se meten en la cabeza de uno, la okupan durante largo rato y tardan en desalojar la mente. Desde hace varios días, a modo de Ohrwurm, en mi chaveta suena "Al filo de un cuchillo", pieza recogida en el último disco de estudio de Bunbury, Expectativas. Es una pieza muy interesante que, tal y como me dijo el propio autor, "habla precisamente de sentirte de esa manera a la hora de enfrentarte al lienzo en blanco. Del placer que supone cuando sabes que estás dando con algo importante, pero que puede volverse en tu contra. Cuando no estás tomando el camino fácil, ni estás haciendo lo que se espera de ti".

Mientras Bunbury transite por este sendero, obedeciendo a lo que tiene que decir y sintiendo "la seguridad total / al filo de un cuchillo", sus admiradores podremos estar no ya tranquilos, sino, lo mejor de todo, inquietos, expectantes, manteniendo con vida las ganas de volver a escucharle. A ver con qué nos sorprende cuando llegue el momento. Hasta entonces, alcemos las copas a su salud y brindemos agradecidos por todo lo que nos ha regalado.

A continuación