El día del libro sin cultura española

Agapito Maestre

Después de la Semana Santa, como es sabido, viene la de Pascua. Pronto llega el día del libro, 23 de abril, y el personal político entretiene a las masas con lo de la cultura en la calle y todo ese rollo de la industria del libro. No está mal la cosa, pero es, desde el punto de vista político, poco ambicioso ese programa. Por desgracia, también la Comunidad de Madrid juega en esa liga de las culturas autonómicas. No me gusta. Este año la señora responsable del PP en la cosa cultural del gobierno de Ayuso, antes en Ciudadano, ha invitado, según leo en un periódico, a 464 autores. ¡La leche! De ahí saldrán los próximos premios Cervantes. Es un decir. Busco a uno de mis preferidos en ese largo listado, pero no lo hallo. Malo. Sigue sin gustarme el programa de festejos, aunque reconozco que siempre hay gente buena, quizá los mejores, que se tienen que quedar fuera de este baile de disfraces literarios. Son los insurrectos.

Sobresalen, sin embargo, entre los invitados los de siempre, o sea los de El País y sus mariachis, aunque escriban en El Mundo para ganarse el chusco. Repetición sobre repetición. Esto es peor que aburrido. Todo es igual de plomizo en esto de la política cultural. Parece que las Consejerías de Cultura, incluida la de Madrid, son meros sustitutos, sucedáneos descafeinados de auténticas políticas culturales de carácter nacional. La política cultural de la Comunidad de Madrid podría ser mejor, pero comparada con las de otras comunidades autónomas no desentona. Es tan plana como las otras. Todo es, sí, políticamente correcto. Se montan espectáculos con menos calidad que los exhibidos, durante el franquismo, en el teatro chino de Manolita Chen… Falta lo principal: el día del libro de la cultura española.

¿Sería posible montar alguna vez un día del libro de otra manera? Seguro. Porque la señora Ayuso tiene arrestos para plantarle cara a los ideólogos del gobierno de Sánchez por un lado, y, por otro, porque le sobra coraje para decirles a los tibios y acomplejados de su partido que hay otra manera de abordar la cultura española, sería plausible, es decir digno de aplauso, organizar de otra manera la fiesta del 23 de abril. Estoy convencido de que la señora Ayuso es una de las pocas personas que podría organizar una jornada dedicada de verdad a nuestra cultura. No tendrá reparo alguno en reconocer lo obvio, a saber, la noción de cultura española es lo que se han cargado los partidos nacionalistas y de izquierda con el consentimiento de la "derecha sin remedio".

Anímese, señora Ayuso, y comience ya a preparar con su correcta consejera el próximo año, 2023, del día del libro. Le sugiero solo un tema monográfico: el libro y la cultura española. ¡Española! Organicen conferencias, mesas redondas, debates, concursos y todo lo que se les ocurra para plantarle cara a lo fundamental: Finis Hispaniae. De ahí podría salir un libro colectivo que explicara el tránsito de España invertebrada, de Ortega, a la Muerte de España. Si le parece fuerte el tema, le sugiero otros dos más suaves: 1. ¿Por qué fracasó el debate las humanidades y la cultura española planteado en 1996 y 1997 por el gobierno del PP? 2. ¿Cuáles son las funciones que deberían tener las Academias de España (lengua, historia, bellas artes, ciencias morales, etcétera) en el afianzamiento y desarrollo de la cultura española?

En fin, señora Ayuso, cualquier cosa sería mejor que un debate amañado entre gente moderada de El País.

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