Jano García: "El objetivo de los nuevos moralistas es vendernos un Estado omnipresente que rija nuestras vidas"

Jaqnoi García presentó El rebaño, un ensayo que repasa las principales líneas sobre las que la actual ideología dominante ha instaurado su hegemonía.

Luis H. Goldáraz

El primero en hablar fue Fernando Díaz Villanueva, que sirvió de presentador durante el actode presentación del último libro del Jano García, escritor y contertulio de Es la mañana de Federico en esRadio. "El libro se titula El rebaño", dijo, "pero podría haberse titulado perfectamente La tiranía de los sentimientos". La explicación que vino después era intuible: "Lo que desgrana es el peligro que existe en esa manera de interpretar la realidad exclusivamente a través de los sentimientos, que es la causante de los grandes monstruos del presente". Él se considera, así lo dijo, discípulo del difunto Antonio Escohotado. Por eso quiso hacerle un homenaje pidiendo un aplauso en su honor, antes de seguir, y todo el aula magna de la Universidad CEU San Pablo, llena hasta la bandera, se arrancó a hacerlo. La mención al pensador no fue gratuita, de todas formas. Resulta que El rebaño es el único libro que había prologado en su vida, "al menos de un autor vivo", por lo que, en opinión de Díaz Villanueva, los lectores ya tienen un aliciente más para leerlo, "aunque sólo sea para tener acceso a este prólogo que es una joya".

"Los temas que trata, además, son muy del gusto de Escohotado", añadió. Y lo son porque intentan explicarse "por qué algunos nos sentimos menos libres ahora que hace veinte años". Esa última frase vino del autor, Jano García, más autorizado que ninguno para explicar una obra que, de todas formas, ya tiene su explicación en el subtítulo: "Cómo occidente ha sucumbido a la tiranía ideológica". "Con el paso de los años hemos asistido perplejos a la consolidación de diversos grupos de moralistas, que se han autoproclamado defensores de todas las minorías supuestamente oprimidas de la sociedad, y que nos dicen cómo debemos hablar, sobre qué debemos debatir y qué debemos pensar". Su discurso giraba en torno a la "tiranía" de la corrección política, tan en boga desde hace tiempo, pero esa expresión no fue utilizada en ninguna ocasión durante el coloquio, quizá porque lo que denunciaba era un procedimiento mucho más complejo y deliberado, achacable a una serie de personas que estarían persiguiendo un objetivo muy concreto. Sí que se señalaron los mecanismos que suelen atribuirse a ese fenómeno, su manera de "purgar a quienes disienten de las líneas generales del pensamiento establecido". "Todos hemos presenciado los linchamientos en las redes, que nos recuerdan a episodios conocidos del pasado por su manera de silenciar a una persona y por lo que significan: la muerte social del que se sale del dogma".

"Bajo una retórica buenista, estos nuevos moralistas esconden el mismo viejo totalitarismo de siempre", explicó después García. "En realidad, detrás de todos y cada uno de los discursos que sustentan la nueva moral se esconde una idea común: vender la necesidad de un Estado omnipresente que nos proteja y rija nuestras vidas". Equiparó las doctrinas de la izquierda radical actual con sus propósitos históricos durante el siglo pasado, y vino a decir que se trata de la misma trampa, aunque con distinto rostro. "Cuando cayó el Muro de Berlín, la derrota del comunismo y el socialismo era tan evidente que la propia clase obrera abandonó esos postulados y abrazó en cierta forma las bases del sistema capitalista", explicó. "La conclusión que sacaron los ideólogos de la izquierda, entonces, fue que las clases sociales eran un campo de batalla demasiado endeble, porque son variables. A partir de ese momento, por tanto, trataron de encontrar sujetos políticos invariables". Díaz Villanueva lo explicó más nítidamente al decir: "Un rico puede morir pobre y un pobre puede morir rico, pero nadie puede arrancarse su propia piel".

La conversación se deslizó hacia otro fenómeno, ligado al anterior: el "victimismo social". "La dictadura de los sentimientos ha derivado en un nuevo maniqueísmo", dijo Díaz Villanueva. "Su dialéctica ahora gira en torno a los conceptos de oprimidos y opresores. Y a través de esa dialéctica han terminado construyendo al malvado perfecto: el hombre caucásico heterosexual". Su crítica, de todas formas, se centró en el otro lado de la moneda: "La necesidad de elevar y reparar a las víctimas de ese malvado absoluto, sean conscientes de las opresiones que padecen o no". Ahí, la visión de Jano García al respecto volvió a hacer hincapié en esa idea fundamental enunciada anteriormente y subrayada en varias ocasiones durante el acto: "En el fondo, lo que se pretende es decirle a un grupo de personas que comparten una cierta identidad que están oprimidas. Pintarles que el mundo va fatal, que conspira contra ellas, para venderles después la idea de que es el Estado todopoderoso el que debe protegerlas".

Para ilustrar su denuncia, pusieron varios ejemplos. "El caso Greta Thunberg es muy llamativo", dijo García. "Yo, antes de pararme a analizar el contenido de su mensaje, que tampoco compro, siempre me quedé intrigado por el fenómeno extraño de que toda la élite mundial ensalzase a una niña que se dedicaba a insultarles a la cara". "¿Qué es lo que pasa? Pues que si tiras del hilo descubres a su alrededor a una serie de personajes bien conectados con lobbys verdes y con personas influyentes de Suecia". Pero, más allá de todo eso, lo que quiso denunciar fue la manera por la cual "se ha vuelto casi imposible argumentar en contra" del discurso de la joven adolescente. "La moral tiene elementos estéticos, así que si tu dices que no estás de acuerdo con Thunberg, la gente no se parará a escuchar tus razones, lo que hará será catalogarte automáticamente de egoísta y casi un monstruo. ¿Quién puede estar en contra de una pobre niña, que encima sacrifica su juventud y su vida por salvar nuestro planeta? Pues nadie, claro".

Esa es la línea general y el punto de unión de todos los grandes movimientos ideológicos que denuncia El rebaño. "La cosa está en que puedan decirte que si no estás de acuerdo con el feminismo actual, por ejemplo, lo que quieres es que todas las mujeres sean violadas y matadas; que si no estás de acuerdo con el ecologismo, quieres que el planeta implosione; que si no estás de acuerdo con el movimiento Black Lives Matters, quieres que regrese la esclavitud; y así con todo". "De esa forma eliminan el debate racional. Todo el que muestre un mínimo atisbo de duda, de crítica, es etiquetado con una palabra acabada en ‘ista’: negacionista, racista, machista, etcétera, y expulsado de la discusión".

Así llegaron al "argumento más usado por quienes defienden las políticas perversas del Gobierno actual". "Es lo que ha votado el pueblo, dicen". "Lo que se callan es que el pueblo muchas veces decide mal, y que el sistema democrático fue instaurado hace relativamente poco porque tampoco es infalible". "Lo antiguos griegos acabaron recelando de su propia democracia, porque reconocieron el peligro de la demagogia", añadió. Y explicó que "las democracias liberales modernas se sustentan en la idea de que la ley debe proteger a las minorías, algo que ahora se ha revertido". "Ahora la ley no sólo no protege a las minorías, sino que es utilizada para aplastarlas". Para ilustrar esta última cuestión puso el ejemplo del pasaporte covid, "que no es más que un certificado que le dan a las personas autorizadas para infectar", y que es una medida que no se sostiene con "criterios lógicos y racionales".

Preguntado acerca de la batalla cultural en la que se encuentra sumergido, García se mostró optimista. "Es imposible que este fenómeno dure demasiado, porque también depende mucho del bienestar económico de las sociedades. Cuando la gente vivía bien, tenía tiempo para tratar de salvar a todos los oprimidos de la tierra. Cuando una crisis económica gorda golpea a los ciudadanos, sin embargo, esta perspectiva suele cambiar". Celebró que en tantas partes de occidente estén cobrando fuerza movimientos de protesta contra la hegemonía ideológica predominante, pero señaló un peligro: "Una cosa es estar en contra de los dogmas establecidos y otra querer sustituirlos por los dogmas propios", dijo. "A mí me alegra mucho que estén surgiendo tantas alternativas. Me gustarían que esas alternativas fueran liberales, pero por desgracia de esas hay menos".

En esa línea, Díaz Villanueva se despidió con una reflexión parecida: "Tenemos que estar orgullosos de los logros conseguidos por las democracias liberales de las sociedades abiertas. Yo por lo que abogo es por la sociedad abierta, y por eso me opongo ante quienes pretenden cerrarla. No me vale que alguien diga eso de que es necesario luchar contra ellos con sus mismas armas. Sé que el identitarismo es muy poderoso, y que es fácil combatir contra uno a través de otro distinto. Pero esa no es la solución. No tiene sentido decir que prefieres a un Putin, por ejemplo. Hay que combatirlos con la razón, no con la sinrazón".

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