Arturo Pérez-Reverte: "Si Sánchez no necesitara al Rey, lo mataría también"

El escritor acudió a El Hormiguero para promocionar su última novela, El italiano, y acabó dejando muchos titulares.

Libertad Digital

Arturo Pérez-Reverte acudió anoche a El Hormiguero, el programa de entretenimiento dirigido por Pablo Motos, y dejó varios titulares durante su intervención. Su intención era promocionar su última novela, El italiano (Alfaguara), pero al final de la noche lo que más se recordó fueron sus reflexiones sobre diversas cuestiones. La "nueva religión humanitarista, que no humanitaria", por ejemplo, que pretende "exportar su visión de un mundo" bonito y feliz, lleno de virtudes y que, "como todas las religiones, tiene sus sacerdotes y sus inquisidores", en este caso en las redes. También el papel que juega la vejez en nuestra sociedad actual, una sociedad que ha dejado de escuchar al viejo, que "lo ha apartado", a no ser que se haga pasar por jóven. "Pero un viejo no puede aportar nada más que su mirada", explicó después. O su repaso directo al panorama político actual.

Esa última intervención quizás será la que más dé que hablar. En concreto, en su manera de reafirmarse en la definición que dio de Pedro Sánchez hace ya tres años. "Por aquel entonces dije de él que es un killer", explicó. "Dije: ‘Es valiente, no tiene escrúpulos, es inmune a las hemerotecas y va a aguantar bastante bien’. Dije: ‘Es un pistolero. Los va a matar a todos. Y si no los ha matado, los va a matar. Y matará al Rey, si hace falta’. Ahora, tres años después, los ha matado a todos. Ha matado incluso a los sicarios que mataban en su nombre. Los ha matado a todos. Y al rey no lo ha matado porque lo necesita. Está ahí bien. Si no lo necesitara, lo mataría también". Después, explicó que, desde su perspectiva, lo máximo que puede añadir es que le parece "un personaje interesantísimo". "Para un novelista, para un observador de la vida que tenga mi edad, Sánchez es un personaje interesantísimo. Tiene todos los atributos del personaje de la Florencia del Renacimiento maquiavélica, de Shakespeare. Es malo y es chulo y es ambicioso y es arrogante y es cínico… O sea, es un tipo muy interesante". Y concluyó: "Claro, si mi hija se casara con él, igual yo no estaría contento".

Por último, también tuvo palabras para la intrusión del feminismo militante en el campo filológico y su pretensión de imponer un lenguaje inclusivo. En referencia, por ejemplo, a ciertas palabras que algunas consideran denigrantes y que hay que suprimir, explicó que no se puede hacer, "porque a lo mejor aparecen en novelas de Cela, y de muchos otros, y el lector que no sepa lo que significan debe poder acudir al diccionario y encontrarlas. Eso es lo que hace la Academia". Por eso, dijo después, "ninguna feminista seria, filóloga, cae en esos extremos ridículos. ¿Quiénes caen? Pues los analfabetos, las analfabetas, los que hacen su negocio de eso, la tonta aquella, el tonto aquel… Lo típico. Estos son los que caen". Además, tuvo palabras para la actual ministra de Igualdad. "¿Me va a cambiar el lenguaje a mí, me va a cambiar mi libro Irene Montero? Por favor… No puede ser. Con todo el respeto, no puede ser. Mire, señora, lo siento mucho, tire usted a lo suyo, que es la política, y deje mi novela. Deje usted escribir. Deje usted la lengua española. Déjemela tranquila", terminó.

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