'Cristóforo', la historia de Cristóbal Colón como nunca se la habían contado

La nueva novela de Enrique Navarro presenta una versión muy original del Descubrimiento y una riquísima descripción de la Europa del S XV.

C.Jordá

Hay varias cosas sorprendentes dentro de Cristóforo, la novela recientemente publicada por Enrique Navarro, experto en Defensa y Relaciones Internaciones y colaborador de Libertad Digital. Desde luego una de ellas es el giro final de la historia, que por supuesto no les voy a revelar, que le da un sentido mucho más profundo y original a la historia tantas veces contada de Cristóbal Colón.

La segunda es, sin duda, la enorme ambición del proyecto, especialmente para un autor que se estrena en la ficción pero que aún así ha querido contar una de las historias más grandes del último milenio y, además, lo ha hecho trazando un dibujo detallado de lo que era buena parte de la Europa de finales del siglo XV: desde Génova hasta Brujas pasando por Barcelona, Bilbao, Sevilla y, por supuesto, Castilla.

Esas descripciones de ciudades, lugares y, especialmente, de actividades comerciales, me han parecido realmente interesantes. Cristóforo nos cuenta, por ejemplo, como era la Génova del siglo XV y cómo era su puerto, qué tipo de naves se podía ver en él y qué mercancías traían y llevaban por todo el mediterráneo. Y lo mismo en lugares tan diferentes como Brujas, Bilbao o Sevilla.

Se habla de los lugares y de las costumbres de los lugareños, de las particularidades de las casas de comercio, de las normas de cada puerto y cada gremio. El nivel de detalle es exhaustivo y revela una tarea de documentación ingente que debe haber ocupado la mayor parte de los varios años que el autor ha destinado al libro, pero el premio es aportar una riqueza al relato que se encuentra en pocos textos de ficción.

Contra Castilla y Aragón

Al lector de Libertad Digital probablemente le resultará sorprendente el tratamiento durísimo que se hace de Castilla, de Aragón y de los Reyes Católicos, pero no debe olvidar que, más allá de su acierto o no, son casi siempre palabras en boca de uno de los protagonistas de Cristóforo, Samuel, que es nada más y nada menos que un judío que habla sólo unos meses después del Decreto de Expulsión en 1492.

Por supuesto, la reivindicación del pueblo sefardí es otra de las cosas que conviene destacar del libro, que lo hace de una forma realista —hay personajes judíos que tampoco salen bien parados— y sobre todo a través de la narración de buena parte de las perrerías que los españoles de los siglos XIV y XV le hicieron a sus compatriotas de origen hebreo, que antes de ser expulsados fueron moviéndose de la marginación absoluta al pogromo asesino, pasando por todas las formas de persecución que uno puede imaginarse.

Es obvio que no se puede juzgar a los españoles de hoy por lo que hicieran nuestros antepasados de hace más de cinco siglos, como tampoco se puede juzgar a aquellos con las normas morales que sí son pertinentes en la actualidad, pero en cualquier caso me parece muy interesante todo aquello que contribuya a que se conozca más una página de nuestra historia que no es para sentirse orgullosos.

Por el comercio y la libertad

Sin embargo, preveo que ese mismo lector de Libertad Digital se sentirá mucho más cómodo con el que para mí es el principal hilo conductor que atraviesa todo Cristóforo: una defensa encendida por momentos de la libertad individual y de uno de sus aliados imprescindibles: el comercio.

Lo primero parte de la construcción de los dos protagonistas de la novela —Cristóbal Colón y el judío Samuel— cuyas vidas son, cada una a su modo, sendos cantos a la libertad, la independencia y el esfuerzo personal. Lo segundo se explicita textualmente en más de una ocasión —como cuando dice que "la naturaleza del comercio" opera "de una manera tan prodigiosa que nos negamos a creer que sea producto del libre albedrío de cada persona y nos parece que todo debe estar manejado por un supremo hacedor"— pero sobre todo se transluce en muchos capítulos de la novela en los que las actividades comerciales son casi protagonistas y son descritas con un cariño y un detalle casi más de historiador, como decíamos.

Para un liberal como el que esto escribe ese espíritu de Cristóforo es, sin duda, una de las cosas que queda en el haber de esta novela, junto con la ya reseñada capacidad para describir un momento histórico y, también, algunas partes del libro en las que la narración toma un vibrante tono de aventura muy agradecido.

En el debe, quizá haya que señalar sobre todo una edición un tanto descuidada que debería haber evitado algunos errores que un trabajo editorial mejorable ha permitido que lleguen a manos del lector. Sin embargo, el valor del resto de Cristóforo hará sin duda que el lector pueda transitar por la novela sin que le causen mayor problema y, por tanto, no los apuntaremos como un defecto grave sino como mejoras posibles de cara a una muy probable segunda edición.

Enrique Navarro. Cristóforo. Adarve Editorial. 690 páginas. 20 euros.

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