Manuel Marlasca: "Puedes tener de compañero de trabajo a un psicópata y ni te has enterado"

Dos de los cronistas del género negro de la prensa actual, Manuel Marlasca y Luis Rendueles, pintan el panorama criminal español en Territorio negro.

Laura Galdeano

En España se mata por celos, dinero, interés, pragmatismo o simple locura. Y se asesina así desde hace décadas. Lo que sí ha cambiado son los métodos. Dos de los cronistas del género negro de la prensa actual, Manuel Marlasca (Madrid, 1967) y Luis Rendueles (Gijón, 1967), se han unido para recopilar los trece asesinatos cometidos en España que más les han llamado la atención en los últimos años. El resultado, entre el ensayo y el relato, es Territorio negro (Planeta). "Es el panorama del mal y de las personas que luchan contra él", explica a Libertad Digital Rendueles. "Es interesante conocer la criminalidad de lo que llevamos de siglo. Nuestra sociedad es muy segura y la tasa de crímenes está por debajo de otros países de su entorno. Las fuerzas de seguridad tienen una tasa de eficacia muy alta", añade Marlasca.

En 2002 publicaron Así son y así matan (Temas de hoy) sobre asesinatos anteriores al 2000 y ésta sería una continuación con crímenes de este siglo. "Se pueden apreciar cambios que tienen que ver con la sociedad. La mujer, en el mundo de los asesinos, tenía un papel residual y ahora su porcentaje de participación ha crecido. También hay más mujeres que persiguen", explica Marlasca. "Se rompen clichés. Hay un caso de Mónica Juanatey, que mata a su hijo en Ibiza y lo mete en una maleta porque tiene un novio nuevo y el pequeño le estorba. Finge durante mucho tiempo que el niño está vivo", recuerda Rendueles.

Otro cambio significativo en la forma de matar o de investigar un crimen es la incorporación de las nuevas tecnologías. WhatsApp se convierte en una herramienta imprescindible para dar caza a un asesino "porque muchos dejan constancia de sus fechorías torpemente". Hay otros que usan las redes para buscar víctimas, como el asesino de Badoo. "Se anunciaba ofreciendo sexo rápido a hombres maduros para luego atracarles y llegó a matar", dice Rendueles.

En general, coinciden los dos periodistas, las motivaciones son las mismas. Algunos asesinos tienen un largo historial delictivo a sus espaldas, pero otros son muy difíciles de detectar. Es el caso de los psicópatas, personas "cuerdas con un trastorno de la personalidad, condenables ante cualquier tribunal". "Tiene una absoluta falta de empatía, no se apiadan del sufrimiento de nadie. No es lo mismo que un psicótico, que es un enfermo mental - casi siempre esquizofrénico-, que no sabe lo que hace. Dentro de poco se va a juzgar a una pareja que asesinó a sus hijos pequeños en Valencia porque creían que les perseguía una secta extraterrestre. Son delirios psicóticos", puntualiza Marlasca. "Solo una parte muy muy pequeña de enfermos mentales tiene comportamientos violentos, es algo muy residual. El problema del psicópata es que es indetectable. Si mi compañera de trabajo empieza a teclear en un ordenador en negro, como la doctora Mingo (apuñaló mortalmente a tres personas), sabes que pasa algo. Pero tú en tu trabajo puedes estar al lado de un psicópata y ni te has enterado. Bien es verdad que solo el 1% de las personas psicópatas se convierten en asesinos", añade.

José Bretón o Ana Julia Quezada

Algunos de los casos que se desgranan en Territorio negro han sido bastante mediáticos, como son los de José Bretón o Ana Julia Quezada. "Siempre hay cosas nuevas por contar, como la fijación de Bretón por Jack Nicholson. Por eso se llamó ‘Operación Resplandor’. También aportamos la llamada que hace Bretón a su exmujer cuando tiene ya a los niños en el coche con pastillas y ella no se lo coge. Luego se lo reprocha. Se ve esa guerra psicológica, el afán de hacer daño de Bretón", cuenta Luis Rendueles. "En el tema de Ana Julia, nos centramos en su pasado como prostituta. Llega a España con 18 años y en un club de carretera en Burgos aprende a ser desalmada con los hombres. Al final, fue desalmada con un niño. Hasta el último minuto usa las herramientas que ha aprendido como prostituta y ya detenida trata de seducir a un funcionario para que le ayude a elegir un tanga".

Este libro sirve paralelamente como homenaje a las fuerzas de seguridad que, en pos de resolver un caso, incluso deben fingir cierto "colegueo" con el sospechoso. Son policías sombra, que "en casos concretos deben ser hombres porque los sospechosos son machistas y no se abrirían con una mujer". "Bretón se abrazó varias veces a un policía con el que cogió confianza y estuvo a punto de confesar, pero siempre encontraba un metro para regatearles. Contaba con aquel peritaje de que los huesos eran de animales y por eso estaba tranquilo y sacaba la botella de manzanilla y quería bailar", detalla el periodista asturiano. Sí que funcionó con Sergio Morate, que mató a su novia Laura y a su amiga Marina en Cuenca y huyó a Rumanía. "Se creó una relación peculiar entre ambos, hasta el punto de que el policía tuvo que decirle ‘no te equivoques, yo estoy aquí para tratar de meterte en prisión cuantos más años mejor’. Morate le contó muchos detalles del asesinato".

"Me gustaría que el lector sacase una conclusión. Que ojalá nunca necesiten a los cuerpos de seguridad, pero, si los necesitan, van a encontrar a gente que está en la élite. Y no son clasistas, a diferencia de los medios de comunicación. Investigan igual un caso de desaparición de una prostituta que de una niña".

Casos poco mediáticos

Para Manuel Marlasca, hay un caso particularmente especial porque su rápida resolución provocó que pasase casi inadvertido. Vanesa, una niña de 15 años, apareció muerta en Chella, una localidad de poco más de 2.500 habitantes del interior de la provincia de Valencia. "Cayó en mis manos ese sumario y me parecía muy interesante contar el ambiente asfixiante de un pequeño pueblo donde todo el mundo se conoce. La víctima guardaba estrecha relación con su asesino. Fue un crimen terrible: fue violada, asesinada y tiraron su cuerpo a una sima para que se la tragase la tierra".

"La mayoría de los crímenes se resuelven en poco tiempo porque el asesino, por lo general, es alguien muy torpe que deja pistas o que tiene una relación muy estrecha con la víctima", dice Marlasca. Sin embargo, otros casos se estancan para siempre. "Me encabronan", admite el autor. "Es el caso de Sonia Iglesias, una mujer que desapareció hace algo más de diez años y no se ha podido encontrar su cuerpo. Todo el mundo, los policías que han investigado y el juez, tienen muy claro que fue su pareja quien acabó con su vida. Se te queda una gran sensación de rabia. Soy amigo de algunos de los policías que investigaron su desaparición y sé que se han dejado la vida por tratar de devolverle al hijo y a la hermana el cuerpo de Sonia. No ha habido forma. Julio Araújo, el sospechoso, murió hace poco y se ha llevado a la tumba el paradero de Sonia. No tuvo nada de piedad".

Algunos de los asesinos que plagan las páginas de Territorio negro cumplen prisión permanente revisable. "No sé si es hacer justicia o no. A mis casi 54 años no tengo muchas certezas y esa es una de mis grandes dudas. Yo entiendo que para las familias les parezca hasta poca pena", opina Marlasca. "Es un avance para las víctimas porque muchas se sienten reconfortadas. Es un tema complicado y la clave está en la palabra revisable. Hay un porcentaje de asesinos que no son recuperables, te lo dicen los psiquiatras. El reto es ver qué hacer con ellos", añade Rendueles.

Manuel Marlasca y Luis Rendueles. Territorio negro. Planeta, 2021. Nº de páginas: 336 - PVP: 17,90€

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