Marta Robles: "Alfonso XIII y Felipe IV fueron los reyes con la sexualidad más furiosa de la Historia de España"

LD conversa con la periodista y escritora con motivo de la publicación de Pasiones carnales (Espasa, 2021).

Jesús Fernández Úbeda

Marta Robles (Madrid, 1963) sostiene que es "imposible juzgar a los hombres fuera de su tiempo" y que hay que cercar a los poderosos en un mundo en el que, como dijo Oscar Wilde, "todo en la vida trata sobre el sexo, excepto el sexo, que trata de poder". En su último libro, Pasiones carnales (Espasa, 2021), la periodista y escritora revisa, recopila y literaturiza la historia amorosa y erótica de los reyes –y de las reinas– de la Historia patria, comenzando con Don Rodrigo y terminando con Alfonso XIII –sobre Juan Carlos I no escribe por "falta de perspectiva"–. Los affaires de Fernando el Católico, la afición secreta por el erotismo de Felipe II, el trabuco deforme de Fernando VII o el lesbianismo de Luisa Isabel de Orleans son algunos de los asuntos recogidos en este ensayo sui generis, en el que el qué se dice es tan importante como el cómo se cuenta. LD conversa con la autora con motivo del lanzamiento de esta obra.

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Un momento de la entrevista | C.Jordá

P: Antes de hablar los personajes que figuran en Pasiones carnales, quiero referirme a cómo está escrito este libro. No es un ensayo al uso. Hay fogonazos de lirismo y, sobre todo, recreaciones cargadas de erotismo.

R: Bueno, yo no soy historiadora, soy novelista. Cuando me pongo a escribir cualquier cosa, aunque sea la lista de la compra, siempre tengo esa voluntad lírica de la que hablas. Me parecía que una estructura idéntica a la de un historiador, escrita por mí, no tendría mucho interés si no aportaba ese barniz literario y original. Por eso opté por una estructura con una frontera muy definida entre la parte de ensayo, narrada desde mi propia mirada sobre un hecho histórico y contada con un rigor absoluto apuntalado por datos contrastados, manejados con muchísima cautela y precisión, y la parte dramatizada, que no obedece del todo a mi imaginación, sino que está basada en la personalidad de los protagonistas y diversas lecturas sobre sus vidas y relaciones privadísimas que, difícilmente se pueden comprobar del todo. Entre esas dos partes, además, también tenía que haber espacio para la leyenda, que, sobre todo, está presente en los siglos más tempranos de la Historia, donde es difícil encontrar documentos que aseguren la certeza de las hechos. Mezclar esa mirada rigurosa, con la leyenda y la ficción basada en la realidad, suponía todo un reto, porque además me impuse dejar muy claros los límites de cada una para no defraudar al lector, pero yo creo que funciona y hace atractivo el relato. Y eso me parecía vital, porque la Historia es absolutamente fascinante, pero a veces se cuenta tan mal, de manera tan inexpugnable, que muchos lectores acaban por aborrecerla.

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Un momento de la entrevista | C.Jordá

P: Con la cantidad de nombres, fechas, historias reales, historias mitificadas, etcétera, que hay en Pasiones carnales, imagino que la tarea de documentación ha sido ardua.

R: Pues te diré que al final del libro, aunque figura una bibliografía muy extensa, no es toda la que he utilizado. La lista era tan larga que le dije a mi editora: "Prefiero que no pongamos todos los libros que he manejado, que se van a creer que soy Javier Tusell" (risas). Ha sido un trabajo brutal y debo reconocer que, en algunos momentos, llegué a encontrarme un poco perdida y desanimada porque no sabía cómo hacer para construir, con ese maremágnum de datos, fechas y nombres, algo que resultara verdaderamente atractivo en capítulos lo suficientemente cortos como para no echar a los lectores, pero lo suficientemente largos como para que pudieran contener todo lo que quería contar. Supongo que ser periodista ayuda a que sea capaz de buscar hasta debajo de las piedras, pero luego hay que saber qué hacer con todo lo que se encuentra. Empezando con qué desechar.

P: ¿Qué ha aprendido escribiendo este libro?

R: Algo que ya intuía: que la parte más humana de los personajes, su intrahistoria, es definitiva para explicar la Historia. Y también que las mujeres, incluso en los momentos en los que más restringida tenían su capacidad de acción y de influir en la Historia, acababan encontrando ese resquicio por el que colarse para formar parte de ella.

P: Además de en las batallas, los concilios o los despachos, ¿la Historia también se fragua en las camas?

R: La Historia se escribe en los campos de batalla y en los despachos, pero también en las alcobas y sobre las almohadas. En las alcobas, sobre los lechos, dándole rienda suelta a la pasión; y en las almohadas, tras el sexo, en el amor y la complicidad de las parejas que se cuentan y se aconsejan. Si hay algo incuestionable es que esas relaciones marcan de manera definitiva la Historia. La de la carnalidad a veces más, porque, al menos, al principio, suele estar fuera de control. La relación entre el poder y el sexo, que a veces es pura recompensa para el poderoso por ser diferente a los demás, estar por encima de ellos y permitirse lo que a los otros les está vedado, puede suponer, sin embargo, una trampa y hacerle perder al poderoso el propio poder que ostenta. Pero mientras lo conserva, es seguro que lo va a utilizar para propiciarse el placer y que va a aprovechar esa erótica del poder que lo acompaña.

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Robles, durante la entrevista | C.Jordá

P: En el capítulo que dedica a Leonor de Guzmán, escribe que en la España del siglo XIV "sólo había dos tipos de mujeres: las honestas y las malas. Y tal consideración podía ser una u otra dependiendo de lo que cada cual hiciera con su cuerpo". En la historia de la monarquía patria, ¿ha habido más honestas o más malas?

R: Si la pregunta es si ha habido reinas más "honestas o malas" la respuesta es sencilla: más honestas, entre otras cosas porque no les quedaba otra elección. Lo primero que hay que decir es que, en realidad, solo ha habido dos reinas en la Historia de España: Isabel la Católica e Isabel II; las demás ha sido consortes. Y, en general, todas han sido bastante fieles y han tenido que aguantar a las concubinas de los reyes y sus salidas y entradas, infidelidades e hijos ilegítimos. Eso sí, las que han sido malas lo han sido hasta la extenuación. Véase María Luisa de Parma, que confesó antes de morir que de los catorce hijos que había alumbrado ninguno era de su esposo. O Isabel II, que tuvo innumerables amante y cuyos hijos parece más que certificado que no eran de su esposo, Francisco de Asís, alias Paquita Natillas.

P: En el libro escribe sobre Alfonso II el Casto y sobre Enrique IV el Impotente. ¿La homosexualidad estaba detrás de estos sobrenombres?

R: En el caso de Alfonso II el Casto, mi reflexión personal es que es muy posible que su sexualidad fuera distinta a la que se aceptaba en aquellos tiempos y él no lo quiso o no lo pudo reconocer. Porque si bien es cierto que era un hombre muy espiritual y que pasó por muchos monasterios, guardar el voto de castidad al abandonarlos, incluso al casarse, cuando la primera obligación de un monarca era la sucesión… resulta sospecho. Respecto a Enrique IV el Impotente, además de sus taras físicas, lo que se desprende de sus relaciones, más allá de su impotencia manifiesta, es que no parecían gustarle mucho las mujeres y si era posible que se sintiera atraído por los hombres, aunque nunca lo confesara públicamente, como es lógico, porque no estaba permitido.

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Marta Robles acaba de publicar 'Pasiones carnales' | C.Jordá

P: En lo que se refiere al sexto mandamiento, Isabel fue mucho más católica que Fernando.

R: Sin ninguna duda. Y eso que yo siempre digo que Isabel, de no haber sido tan católica, habría sido feminista, porque siempre se empeñó en que se considerara la capacidad que tenía la mujer para gobernar. Pero lo era. Y también una mujer de su tiempo. Así que tenía que ser abnegada y tragar. Y le costó mucho por su orgullo y porque era muy celosa, como lo había sido su madre Isabel de Portugal, y como lo sería su hija, Juana la Loca. Pero se tuvo que aguantar con las dos hijas ilegítimas que Fernando tuvo antes del matrimonio y soportar sus distintas aventuras después, que les costaron muchas discusiones y dicen que, a ella, parte de la salud. Alguien dirá: "¿Cómo es posible que aguantara esta mujer tan valiosa que, además era reina?". Pues porque eso era lo que había en su tiempo. No se puede mirar el pasado con los ojos del presente.

P: El presentismo es una peste de nuestros días.

R: Es una peste total. No podemos pensar que una mujer debía comportarse de otra manera cuando su consideración, a partir de su honra, estaba establecida hasta en la ley, que incluso decía que si pillaba a otra mujer en la cama con su marido se podía vengar de ella… Estamos hablando de un tiempo en el que era habitual que los hombres, sobre todo ricos y poderosos, tuvieran amantes y concubinas. Las quejas de Isabel o las de Juana ya suponían una cierta rebeldía… E incluso hay que decir que esas concubinas de amantes poderosos estaban más protegidas frente al castigo divino que otras "mujeres malas", porque al dar cuantiosos donativos a la Iglesia sus amantes, ésta hacía la vista gorda con sus faltas. Así las cosas, los reyes creían que era natural que ellos tuvieran amantes y las reinas oponían poca o ninguna resistencia a que las tuvieran, porque, además, poco iban a poder hacer.

P: Hábleme, por favor, de ese documento que se conserva en el Archivo Histórico Nacional en el que Carlos III cuenta, sin escatimar detalles, sus secretos de alcoba a sus padres.

R: Carlos III era hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio. Era una pareja que estuvo constantemente practicando el sexo, fundamentalmente porque el rey, que tenía un considerable trastorno de la personalidad, necesitaba practicarlo varias veces al día y aun así no le resultaba suficiente y recurría a la masturbación porque pensaba que tendría menos castigo divino que la infidelidad, y él era un hombre con mucho temor de Dios. Isabel aceptó todos sus requerimientos e incluso su suciedad, que se dejara largas las uñas de los pies y no pudiera calzarse, o incluso que la maltratara, como producto de su locura, porque eso le proporcionaba poder y hacía que ella firmara junto al rey "el rey y yo", lo que suponía una novedad histórica. Pero claro, con esos antecedentes de locura y dos hermanastros muertos que reinaron antes que él, y el último que también perdió la razón tras la muerte de su esposa, Carlos III debía de tenerle cierto respeto al sexo. Tanto que ni se estrenó antes de conocer a su esposa, María Amalia de Sajonia. Y cuando lo hizo, se enamoró de ella y le fue fiel hasta la muerte y también después, cuando tuvo muy a gala no caer en la tentación y no volver a practicar el sexo. Pero claro, al principio, en su primer encuentro con su esposa, sus padres, tan sexuales ellos, estaban preocupados por el chico, que era todo lo contrario. Por eso le pidieron que les relatara cómo le había ido en el lecho con su flamante esposa, y él les escribió una carta con todos los pormenores hasta el último detalle: que si ella era aún núbil pero estaban esperando a que le llegara la primera regla para poder concebir y dar sucesión al trono, cómo hacían lo que hacían y que lo hacían, sin abuso, dos veces al día… Es un documento sorprendente que reproduzco en Pasiones carnales línea por línea.

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Un momento de la entrevista | C.Jordá

P: Ha mencionado la locura de Felipe V. ¿Por qué son más conocidas las taras mentales de las reinas –Juana la Loca es el caso más paradigmático– que las de los reyes?

R: Pues seguramente porque ellos eran hombres y los que ostentaban el poder. Pero yo creo que estuvo mucho más loco Felipe V que Juana la Loca, que más bien fue una mujer maltratada por su esposo, su padre y su hijo, y que no quiso perjudicar a ninguno de los tres porque los amaba. O Fernando VI, al menos en su último año de vida. Y no sé, hasta ese comportamiento absurdo de quedarse quieto como una estatua en las audiencias reales denota no sé si cierta locura o tal vez algo de estupidez. El caso es que las locas eran ellas… Es que la Historia de la Humanidad se ha escrito en base a la desigualdad entre hombres y mujeres.

P: ¿Se imagina a un tipo como Alfonso XIII en la era de internet?

R: No se hubiera separado de la pantalla (risas). Hubiera estado como los niños de ahora de once años, que están todo el día, desgraciadamente, buscando porno. Mira, Alfonso XIII y Felipe IV fueron los reyes con la sexualidad más furiosa de la Historia de España. Ni de uno ni de otro se sabe cuántas relaciones tuvieron ni cuántos hijos. Conocemos algunos de Alfonso XIII y tanto a el como a Felipe IV se les adjudican incontables relaciones y descendientes ilegítimos. Por cierto, que este último gustaba, con excepción de la Calderona, de tener relaciones muy cortas y de meter a todas sus amantes en conventos cuando dejaban de serlo. Alfonso XIII tenía una sexualidad totalmente desbordada. De ahí el tema del porno, tan curioso: se rodaron 20 películas porno con el presupuesto de la Casa Real. A razón de 6.000 pesetas por película. A él no sólo le gustaba el porno: le gustaba argumentar y guionizar y luego poner en práctica lo rodado en las películas.

P: Vamos terminando: de todos los personajes que aparecen en Pasiones carnales, su favorito es…

R: Leonor de Guzmán. El personaje lo tenía en el olvido y ha sido una mujer muy definitiva en nuestra historia. Su relación con Alfonso XI cambió la Historia. Fue concubina del rey durante 23 años y considerada reina de facto. Y luego uno de sus bastardos, acabó ocupando el trono, tras matar a su hermanastro, ya rey tras la muerte del padre de ambos. O más que el personaje me gusta la historia de Leonor de Guzmán de Alfonso XI, la de María de Portugal, de Pedro I el Cruel, de Enrique de Trastámara, porque es un novelón impresionante: está llena de amor, de pasión, de lealtad, de deslealtad, de intereses, de codicia, de traiciones y de hasta asesinatos.

P: Y el que más le indigna

R: Le tengo bastante manía a Fernando VII, al Felón. Como persona y como rey fue una desgracia para España. Todo su comportamiento fue absolutamente indigno. Sus comportamientos en la cama, encima, me dan mucha grima. Era feo por dentro, por fuera y de miembro.

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Marta Robles, respondiendo a una pregunta | C.Jordá

P: Para finalizar, ¿cree que el debate monarquía/república está viciado?

R: Desde luego que sí. Para empezar, se habla manejando toda suerte de tópicos, y la gente se piensa que es la Corona lo que corrompe. Y no es la Corona lo que corrompe: es el poder. Si mañana me meto a escribir las pasiones carnales de los presidentes de Francia, por ponerte un ejemplo, me sale un librazo como este. Ahora hay una enorme manipulación y mucha falta de perspectiva. El problema que hay es que los que hablan ahora de monarquía o república están basando todos sus argumentos en el rey emérito y en su comportamiento en este momento. Sin embargo, no abordan la figura del rey emérito de manera global, porque para eso, hace falta perspectiva.

P: ¿Por eso no habla de Juan Carlos en su libro?

R: Exacto. Yo no quería hacer información sino contar la historia a través de la literatura y para eso hace falta perspectiva. Sin ella es imposible describir al personaje de una manera global. Con sus luces y sus sombras, que todos las tienen, no nos engañemos, y con sus aciertos y errores y lo que suponen unos y otros para la Historia. No quería hacer información: quería hacer literatura.

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