Las literatas que lucharon por dejar de ser "marimachos, cerebritos y pedantuelas"

La escritora María Montesinos refleja en Una pasión escrita el Madrid de las tertulias y la lucha de las mujeres con vocación literaria.

Laura Galdeano

En los primeros años de la Restauración monárquica, Victoria Velarde, una joven aristócrata con inquietudes literarias, aterriza en un Madrid de contrastes tras una larga estancia en Viena. Quiere participar de la vida pública y cultural de la ciudad, y pretende la osadía de escribir de "asuntos de hombres". Victoria es un personaje de ficción armado con los rasgos y vicisitudes de muchas mujeres de la época, que llega a disfrazarse como hizo Concepción Arenal para ir a la Universidad. Es la protagonista de Una pasión escrita (Ediciones B), la nueva novela de María Montesinos (Burgos, 1968).

La novela retrata el Madrid de entre 1879 y 1885, el de las tertulias, el de los cafés, con el Ateneo como paradigma de la discusión cultural y con la élite decidiendo los designios de todos. Es la época en la que irrumpen nuevas cabeceras que presagiaron la aparición de los periódicos de masas con criterios más profesionales. En ese escenario, la autora retrata la lucha de las mujeres que, sin acceso a la educación y tuteladas por maridos o padres, querían romper con esa realidad.

"Las mujeres con vocación de escribir tenían muchísimo mérito", dice la escritora a Libertad Digital. "En aquella sociedad cualquier mujer que pretendiese dedicarse a una actividad más propia de hombres, como era la escritura o la prensa, las menospreciaban y las criticaban. Decían que eran marimachos, cerebritos, pedantuelas y un montón de adjetivos que las descalificaban. En aquella época, se entendía que la mujer debía quedarse en el ámbito del hogar y su reino era el de los sentimientos, mientras que el hombre podía dedicarse al espacio público y a todo lo que tuviera que ver con las ideas, la razón, la cultura, la política o la ciencia. A pesar de todos los obstáculos, estas mujeres lucharon por dedicarse a lo que les gustaba: las letras".

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María Montesinos, escritora. | Ediciones B

El Ateneo de Madrid era un hervidero intelectual pero "las damas no podían acceder a no ser que fueran socias" y no se permitía "la admisión de socias femeninas", según puede leerse en la novela. "El Ateneo reflejaba ese espacio de literatura, de arte, de cultura y de ciencia de aquel Madrid y las mujeres no tenían acceso. Los espacios públicos estaban, en cierto modo, vetados para ellas porque se consideraba que una mujer pública no era una mujer moral. Las mujeres debían quedarse en los salones y sus propias casas".

No se trataba solo de moralidad –defiende Montesinos– sino de biología. "Había muchos hombres que estaban convencidos de que el cerebro de la mujer era diferente al del hombre y que la mujer biológicamente no tenía la misma capacidad intelectual que el hombre. Estaban convencidos de que eran diferentes y que la mujer no podía estar a la altura de ellos y de ahí que se les negasen el acceso a la educación y a los círculos culturales", explica la autora.

Vocación literaria

Las mujeres podían escribir poesía porque "pertenecía al mundo de los sentimientos", el hábitat que tenían reservado. "El problema venía por escribir de política, economía o ciencia, campos masculinos. Una mujer que intentará inmiscuirse en esos temas era mal vista".

Hablamos de mujeres de la aristocracia o la alta burguesía, las únicas que podían alcanzar cierto grado de educación y, de forma autodidacta —la mayoría de las veces—, satisfacer sus sed de conocimiento. "En sus reuniones pedían acceso a la educación y respeto, pero más a título individual que desde un movimiento organizado. Concepción Gimeno de Flaquer en su libro La mujer española reclamaba igualdad, no tanto a nivel político, sino para que las considerasen intelectualmente iguales al hombre y les permitiesen recibir la misma educación".

No solo la discriminación se ceñía a la escritura, sino también a la propia lectura. Había que proteger a las mujeres de ciertas novelas que les llevasen a "perderse en ensoñaciones" y les pudieran provocar "crisis nerviosas irrecuperables". "Una mujer leída era mala para la familia, ciertas lecturas las ponían en contra del matrimonio, los hijos y las buenas costumbres dentro de la sociedad. Además, había médicos, higienistas, que sostenían que las novelas —sobre todo las que venían de Francia, más liberales en torno a la moral—, eran perjudiciales porque las excitaba y les provocaba trastornos nerviosos".

La irrupción de nuevos diarios

La novela además refleja el proceso de profesionalización del periodismo. "Hasta 1880, se hacía un periodismo doctrinario y partidista que estaba muy vinculado a los partidos políticos y a los líderes, que además eran los que financiaban los periódicos. Eran tribunas para influir en la opinión pública, destinadas a la élite que podía leer. En cambio, cuando nacen nuevas cabeceras como El Imparcial, que es el diario más leído durante la época, y luego El Liberal, ya escriben profesionales y se avanza hacia el periodismo de masas. El Imparcial y El Liberal se vendían en la calle mientras que el resto se vendía solo por suscripción. Además, meten publicidad y anuncios por palabras. Son pequeños pasos que se empezaron a dar en ese momento hacia lo que luego fue un periodismo comercial o con ánimo de lucro".

Precisamente, otro de los personajes de Una pasión escrita es Diego Lebrija, miembro de una modesta imprenta familiar en Lavapiés, cuya aspiración es trabajar en un periódico. "Está basado en Miguel Moya, periodista muy importante en aquella época, fundador de la Asociación de la Prensa de Madrid. Provenía de una familia humilde y fue uno de los primeros hombres que se dedicó de forma profesional al periodismo, escalando puestos por sí mismo y por su valía".

María Montesinos asegura que ha sido complejo el proceso de documentación para lograr meter al lector en una imprenta y una redacción de finales del XIX puesto que apenas hay referencia. Principalmente, ha contado con la información recabada en la Imprenta Municipal de Madrid y la Hemeroteca Nacional. En su próxima novela continuará explorando esta misma década, "aunque con nuevos escenarios y circunstancias". "Es una época que desconocemos muchísimo a nivel general", asegura.

María Montesinos. Una pasión escrita. Ediciones B, 2021. Número de páginas: 600 PVP: 20,90€

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