Michael Palin (Monty Python) biografía al 'Erebus', el barco que desapareció en un infierno helado

Erebus (Ático de los Libros, 2019) es un ensayo que se lee con sumo placer, que combina, con el punto justo, historia, aventura y suspense.

Jesús Fernández Úbeda

A Michael Palin (Sheffield, Yorkshire, 1943) se le conoce, sobre todo, por haber sido uno de los órganos vitales de los Monty Python, esa tribu humorística, originalísima e inimitable que brilló en un circo volador, se enfrentó a un conejo asesino y nos descubrió al Frente Popular de Judea. Amén de cómico brillante, este actor/guionista/presentador es un más que notable escritor –sobre todo, de libros de viajes–, y buena prueba de ello es su última obra, Erebus (Ático de los Libros, 2019), en la que aborda la biografía de un par de embarcaciones –hay que incluir al Terror– que viajaron dos veces "al fin del mundo" para, finalmente, terminar su historia de la manera más trágica.

A Palin, quien también fue presidente de la Real Sociedad Geográfica británica entre 2009 y 2012, se le ocurrió escribir sobre el Erebus pocas semanas después de que los Python se reunieran en 2014 para presentar su espectáculo Monty Python Live-One Down Five to Go: "¿Qué hacer después? Una cosa estaba clara: no podía volver a recorrer el camino andado". La respuesta a esa pregunta se la proporcionó el primer ministro de Canadá cuando, durante una conferencia de prensa en Ottawa, anunció que un equipo de arqueólogos submarinos había encontrado, cerca del océano Ártico, el HMS Erebus, un barco que desapareció unos 170 años atrás.

Palin escribe bien, con sencillez, sin manierismos y sin abusar de la ironía o el humor que el profano de su obra literaria pudiera presuponerle. El ensayo está construido con solidez, la documentación es abundante y su lectura es rápida y fluida gracias a sus grandes dosis de aventura y suspense. La trama arranca en 1815: la batalla de Waterloo puso fin a las guerras napoleónicas y no pocos barcos de combate británicos quedaron en barbecho. Entre ellos, el Erebus, una bombarda –embarcación que servía "para transportar morteros que arrojasen proyectiles por encima de las defensas costeras con el fin de causar el máximo de daños en tierra sin necesidad de arriesgarse a un desembarco"– que debía su nombre al hijo de Caos. Para dar salida a este tipo de barcos, se les puso a explorar el mundo.

Así, el HMS Erebus y su barco gemelo, el Terror, fueron destinados a una expedición antártica. Bajo el mando del célebre explorador polar James Clark Ross, se convirtieron en las primeras embarcaciones de vela en atravesar el casquete polar y aportaron "pruebas irrefutables" de la existencia de la Antártida. A su regreso a Inglaterra, cuatro años después, ambos barcos fueron elegidos para encontrar el paso del Noroeste –la ruta marítima que bordea Norteamérica por el norte, atravesando el océano Ártico y conectando con el estrecho de Davis y el estrecho de Bering–. Capitaneó esa misión John Franklin. No se volvió a ver al Erebus hasta el año 2014; al Terror, hasta el 2016.

Palin plasma con acierto un retrato general de la mentalidad de los oficiales y los marineros, quienes creían que "aprender a nadar traía mala suerte, como si hacerlo fuese admitir de antemano que las cosas iban a ir mal". Llama la atención la concepción que estos hombres tenían de los recursos naturales: los mares y los bosques no estaban para ser conservados, sino para explotarse. Los animalistas se escandalizarían con los métodos del naturalista de la primera misión, Joseph Hooker: bicho que veía, bicho al que disparaba. Por otro lado, en este sentido, hay momentos de una extraordinaria ternura, como cuando un marino lamenta la muerte "de uno de los miembros más pequeños de su dotación, Old Tom, un gallo que se había traído de Inglaterra con una gallina con el propósito de colonizar la isla que ahora habían alcanzado".

Además, Palin aborda, sin caer en el sensacionalismo, el misterio de la desaparición de ambos barcos –una desaparición no del todo imprevisible: el capitán del Terror, Francis Crozier, escribió a su anterior compañero James Clark Ross: "Todo va bien y está tranquilo, pero, en mi opinión, es tarde"–. También es muy interesante la narración sobre las diversas campañas de búsqueda, en especial, públicas y privadas, como la de John Rae, quien, explorando la costa del Ártico, encontró cadáveres que presentaban señales de canibalismo. Exponer sus hallazgos le hartó de duras críticas, entre otros, de Charles Dickens.

En definitiva, Erebus es un ensayo que se lee con sumo placer, que combina, con el punto justo, historia, aventura y suspense, y que descubre, para el público patrio, a Michael Palin como un escritor, cuando menos, solvente.

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