Manuel Vilas: "Mientras España debate estupideces, EEUU crea empresas y tira hacia delante"

Finalista del Premio Planeta 2019 con Alegría, el autor aragonés construye una historia con la que recordarle al lector "el milagro de estar vivo".

Laura Galdeano

El motor de la literatura de Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) es entender qué vio su padre en él para quererle tanto. Ordesa (Alfaguara), su gran éxito, nació tras invadirle una profunda sensación de orfandad, y ahora cierra ese círculo con Alegría (Planeta), finalista del Premio Planeta 2019. Son novelas independientes pero trasversales, que comparten narrador, fantasmas, reflexiones y personajes –todos escondidos bajo el nombre de un músico–. Vilas recurre al juego cervantino de empujar a su narrador –un escritor– a una gira por todo el mundo en la que se encuentra con gente que ha leído su novela e incluso hasta se la corrigen. En su lado privado, reflexiona sobre cómo alcanzar la alegría en su concepto más hondo y filosófico.

El narrador de Vilas –autobiográfico– lucha contra Arnold Schönberg, el músico de "quienes padecemos todos los desórdenes psicológicos de la tierra". Arnold se disfraza de depresión, de tristeza, del paso del tiempo, de ausencia, de muerte. Para sedar a Arnold, el protagonista –y Vilas– invoca a sus padres muertos. Es un libro con una gran simbología en el que las habitaciones de hotel se convierten en la metáfora de lo más primigenio y los viajes se entienden como la huida de nosotros mismos.

PREGUNTA: ¿Qué tal está Arnold hoy?

RESPUESTA. (Carcajada). Lo hemos despertado con tanta pregunta. Está manifestándose con tanto ajetreo mental, pero lo controlaremos.

P. ¿Hay que controlarlo?

R. Es el antagonista del narrador, simboliza toda la tristeza, los momentos de grandes dudas, que, por otra parte, si no los tuvieras es como si no vivieras. En Alegría es importante constatar que, si tú vives una vida en la que no aparece Arnold, tampoco estás viviendo. Es una paradoja. Si no ves el sufrimiento del mundo, la desgracia, la adversidad, el dolor, la muerte o la infelicidad no estás viendo la vida en toda su dimensión.

P. "Llegué por el dolor a la alegría", escribe.

R. Es una cita de José Hierro. Es otra paradoja de la existencia humana. Llegas a la alegría desde el dolor, si no es un viaje frívolo. Se alcanza la alegría después de haber conocido las dimensiones profundas del dolor humano. Hoy, que todo quiere ser impostadamente positivo, recordar que la experiencia del dolor puede ser transformadora parece incómodo. La literatura es algo maravilloso, pero tiene un punto importante de incomodidad, es lugar de conflicto, como la vida.

P. ¿Usamos de manera frívola la palabra "alegría"?

R. Muchísimo. Este libro es el intento de quitarle la frivolidad a la alegría y devolverle al lector una idea más honda y filosófica de la alegría. La alegría es un sentimiento atávico, primitivo, tiene que ver con el asombro ante la vida. Alegría es levantarte por la mañana y decir "estoy vivo, esto es un milagro". Es un viaje al origen de la especie.

P. ¿Por qué la alegría está por encima de la felicidad?

R. Porque la felicidad es pasiva y social. La felicidad que la gente lleva en la cabeza es una construcción política, socio-cultural. Si no eres feliz, parece que eres gilipollas. En las redes sociales todos salen exhibiendo felicidad, con idea de decir "estoy cumpliendo un mandato social". La alegría es biología, es más poderosa.

P. No sé si es necesario pero, ¿con este libro ha superado su obsesión por las relaciones paterno-filiares?

R. No. Son marca de la casa. Para mí, mi padre y mi madre son el fundamento de mi literatura desde que perdí a mi madre. Era el tema de mi anterior novela y aquí siguen estando vigentes. El narrador sigue invocándolos cuando necesita ayuda. El huérfano en el que te conviertes cuando pierdes a tus padres. La orfandad es memoria. Si no eres hijo, ¿qué eres? ¿Un trabajador? ¿Un ciudadano? Esas son construcciones de la identidad social, pero la identidad biológica es que eres hijo de alguien.

manuel-vilas-ld-1-2019.jpg
El escritor Manuel Vilas. | David Alonso Rincón

P. En esta novela amplía la búsqueda de la alegría con dos hijos.

R. Yo busco las grandes raigambres del ser humano en la tierra: el ser padres o madres de otros seres que continuarán una cadena hacia el futuro. Es muy atávico. Involucra también al tiempo. Yo estoy obsesionado con cómo me recordarán mis hijos en treinta años. Son mis temas, no doy más de sí (risas).

P. En Alegría se habla mucho de desorden moral. ¿Qué es?

R. Es no saber hacia dónde vas, qué estás viviendo, si tiene sentido lo que estás viviendo, si estás construyendo algo, si eres libre, si verdaderamente te está queriendo alguien... Esas son las preguntas. El narrador quiere alguna certeza que le ayude a vivir y que esa certeza sea honda.

P. La novela es una reflexión sobre la familia. ¿A qué conclusión ha llegado?

R. El lugar donde uno construye raíces es la familia, lo que hemos hecho es ensanchar el concepto de familia. Ahora hay familias de muchas naturalezas, pero el concepto de familia sigue estando vigente. Es un espacio en el que las relaciones no son de mercancía, están basadas en los instintos humanos más profundos: el amor, el sacrificio y la ayuda al otro más allá de ti. Es necesario. Estoy muy obsesionado con la idea de amor incondicional y lo he encontrado en las relaciones entre padres e hijos. El amor romántico está sujeto a vaivenes, es voluble.

P. El narrador habla de Lorca como "el gobernador de la alegría". Qué bonito.

R. Es que es una novela que quiere hablar de España en un momento en el que este país se está derrumbando. España ha perdido la cordialidad, todo es tenso y crispación. Me parece que Lorca es la alegría española. Quería recordar que Lorca es una forma de estar en la Península Ibérica muy hermosa. Es la idea popular de España, del pueblo español más atávico. Es un escritor primitivo donde los mitos españoles están presentes de una forma muy hermosa. Lorca es un buen lugar donde confluir todas las familias españolas.

P. ¿Por qué no quiere que aparezcan sus restos?

R. Ojalá no aparezcan. Es la idea de que sus huesos no saben que los que vienen ahora lo hacen en son de paz. Es el recordatorio de que nos hemos matado los unos a los otros en este país y que tenemos una lección histórica que estamos olvidando. Vivimos tiempos muy terribles en el sentido de que hay muchas actitudes cainitas que no construyen nada.

P. ¿A nivel político o social?

R. A nivel sociopolítico. La crisis de 2008 ha destruido la cordialidad de la sociedad española. Pasa en el mundo entero. Los ingleses tienen el Brexit, los italianos la Liga Norte, Estados Unidos tiene a Trump y los rusos a Putin. No es patrimonio nuestro. Y todo es hijo de la crisis de 2008 que atacó directamente a la clase media. Hace mucho tiempo que no se había visto un empobrecimiento de las clases medias como el de ahora. Hay un desnorte político, ningún político sabe cómo sacar a las clases medias del empobrecimiento en el que están cayendo.

P. Pero, Manuel, usted viaja mucho y eso le da una perspectiva, ¿tal mal estamos?

R. España está muy bien si la comparas con como están por ahí, también conviene recordarlo. Pero bueno, a la sociedad española la veo muy estancada en debates improductivos. Por ejemplo, Estados Unidos es un país que se basa en el trabajo y la creación de riqueza; España es un país obstinado en ver cómo reparte la riqueza pero nadie se plantea cómo se crea. Para repartir la riqueza primero hay que crearla, es de perogrullo. ¿Dónde está la inversión en tecnología, en ciencia, en investigación? Eso es lo que hace avanzar a los países. Están todo el día pensando en que los ricos tienen que pagar más, pero no se preguntan cómo se crea la riqueza. Ese es el problema que tiene la izquierda en España.

P. ¿Cuál es la solución?

R. La fuerza, la ilusión, el entusiasmo, la generación de confianza, la generación de emprendedores. Hay que ilusionar a la gente para que salga a trabajar, a tener proyectos, a producir. Necesitamos una sociedad energética, productiva, ilusionada y libre. No una sociedad cainita, envidiosa, cicatera, ruin, sometida y estas cosas que vemos. Parece que la gente está encantada de odiarse los unos a los otros. En este país, la gente se odia con felicidad. Mientras España debate estupideces, Estados Unidos crea empresas y tira hacia delante, pese a Trump. La sociedad americana es una sociedad ilusionada con el futuro.

manuel-vilas-ld-3-2019.jpg
El escritor Manuel Vilas. | David Alonso Rincón

P. ¿Por qué dice que el capitalismo nos roba la alegría?

R. Mi obsesión por el capitalismo es muy complicada. Fuera del capitalismo no existe nada, por eso las reflexiones sobre el capitalismo son muy extensas, complejas y ambiguas. No es la negación del capitalismo, sino el intento de comprender qué es el capitalismo y cómo llega a todos los ámbitos. El único sitio en el que el capitalismo no ha conseguido entrar es en las relaciones entre padres e hijos.

P. ¿Ha encontrado la redención con esta novela?

R. No. La redención está en la vida. Un escritor es un vitalista, una persona muy enamorada de la vida y ese amor le lleva a escribir libros. En mis libros, mi misión es recordarle a la gente que estar vivo es un milagro inconmensurable.

A continuación