Guillermo Martínez: "Lewis Carroll es una figura muy compleja pero solo se destaca su relación con las niñas"

El autor argentino se alzó con el Premio Nadal por Los crímenes de Alicia, centrada en el universo de Carroll y secuela de Los crímenes de Oxford.

Laura Galdeano

Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas, escribió un diario personal a lo largo de su vida. Sus herederos decidieron arrancar una página fechada en el año 1863 en la que, se cree, explicaba por qué los Liddell, padres de Alicia y de otras dos niñas, le habían prohibido quedarse a solas con las pequeñas. Esta circunstancia, germen de miles de teorías, es el punto de partida de Los crímenes de Alicia (Destino), un libro que le ha valido a Guillermo Martínez (Argentina, 1962) el premio Nadal 2019. La novela está centrada en el universo literario de Carroll y es la secuela de Los crímenes de Oxford, traducida a 40 idiomas y llevada al cine por Álex de la Iglesia, con Elijah Wood y John Hurt como protagonistas.

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Alicia Liddell

En Los crímenes de Alicia, Martínez sostiene la trama sobre los rumores de una amistad impropia entre Carroll y las niñas y aborda la afición del escritor británico de fotografiar a menores desnudas. Una investigadora encuentra un papel con una frase que guarda la clave de esa página arrancada, que podría desbaratar todos los estudios y biografías sobre el autor. Entonces, alguien comienza a recrear el mundo de Alicia en el País de las Maravillas como patrón de asesinato.

Guillermo Martínez es matemático y escritor a partes iguales. Disecciona el comportamiento de los detectives de la literatura y se pierde en discusiones filosóficas. De niño, todos los domingos escribía, al igual que sus hermanos, una redacción sobre un cuento que su padre les leía. La mejor historia obtenía chocolate como premio.

Los crímenes de Alicia es un complejo relato que respeta los cánones clásicos de la novela policiaca pero suma la simbología del universo Carroll, presentando como el exponente de la literatura del nonsense, gran matemático y lógico. No falta en la narración referencias literarias a Borges, Wilde, Allan Poe o Henry James.

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Lewis Carroll

PREGUNTA: ¿Qué aspecto le atrae de la vida de Lewis Carroll?

RESPUESTA. Esa partícula de incertidumbre que rodea su vida y el hecho de no saber que habría anotado en esa página que desapareció. También la cantidad de estudios que se ocupan de la vida de Carroll a largo del tiempo. Me interesa mucho mostrar lo contradictorios que pueden resultar los mismos hechos de acuerdo a quien escriba la biografía. Se supone que una biografía es un intento de dar una versión fidedigna de la vida de alguien pero, cuando uno coteja biografías, encuentra que el personaje sigue siendo un misterio. Me interesan en mis novelas esos elementos de contradicción alrededor de un mismo hecho.

P. Carroll es un autor controvertido, aún más si perdemos la perspectiva victoriana. Su amistad con las niñas es el centro de esa controversia y sirve de hilo conductor en su novela.

R. En su época, la atención que tenía hacia las niñas había pasado inadvertida. Los Liddell les dejaban a las chicas y él se las llevaba, a solas, al río. Son cuestiones que ahora nos parecen imposibles y, sin embargo, en aquella época no despertaba la suspicacia de nadie. A partir de 1950, se empezó a leer de otra manera esa amistad con las niñas.

P. ¿Las primeras biografías no resaltaban este aspecto?

R. Es muy interesante leer la primera biografía que escribe su sobrino, que conoció a Carroll como niño. Está totalmente convencido de que Carroll tenía una amistad totalmente pura con las niñas. En la época contemporánea, Martin Gardner está convencido de que no había nada impropio en esa relación. No hay ninguna evidencia definitiva, es lo que yo trato de mostrar en la novela. Había algo algo así como una sublimación de lo sexual en esta especie de amor idílico que la época propiciaba. Como se dice en la novela, entonces se permitía el casamiento de hombres de 30 años con niñas de 12.

P. ¿Qué pensaría Carroll de estas insinuaciones?

R. No creo que le hiciese gracia que se leyera su vida en esa clave. Es una de las dimensiones del libro pero me interesaba mucho más el resto de temas que le rodean. El tema de las niñas es lo que hoy ha quedado de toda una figura muy compleja.

P. El germen de la novela es la desaparición de una página de su diario y su sustitución por un papel misterioso que, como para uno de los personajes es su "desvelo y su condena". ¿Es posible obsesionarse con un autor?

R. Cualquiera que haya estado en la investigación científica sabe que, de repente, te encuentras con algo que puede parecer un detalle para los demás pero que puede transformar la investigación. Así sucedió muchas veces en la historia de las matemáticas con el descubrimiento de las geometrías euclidianas o la teoría de Galois. Uno de los personajes, una joven, escribe una carta que, en realidad, es una carta muy famosa en el mundo de las matemáticas de Évariste Galois que escribió justo antes de batirse en duelo y morir. Quise mostrar esa llama y esa euforia que debe acompañar a los descubrimientos en ciencia.

P. Es un libro con un poso filosófico y matemático muy importante.

R. Me interesa mucho la discusión cuasi teológica que hay sobre religión y platonismo o el papel de la elección humana en muchas áreas de la matemáticas. Es uno de los temas de discusión en el que tiene sentido aún hablar de religión: si las matemáticas están dadas a priori o son construcciones humanas y un acto de libertad. Todas esas cuestiones están en la novela.

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Guillermo Martínez, autor de 'Los crímenes de Alicia' | Destino / Carlos Ruiz

P.¿Cree que es un libro asequible para cualquiera lector?

R. Sería una entelequia absurda. Pienso en un lector al que le puedan interesar los mismos temas que a mí. Este es mi libro número doce, a veces me acompañaron los lectores y a veces no. Uno no puede tener un GPS de dónde está el lector. Escribo los libros que me interesan y a la vez pienso en un lector que tenga una biblioteca similar a la mía, que pueda interesarle el punto de vista de la ciencia, los dilemas y las paradojas que tiene el pensamiento científico. Cualquier lector puede ser sometido a desafíos y puede interesarle aceptarlos. Me parece muy triste pensar en un lector que lee siempre lo mismo.

P. Hay un juego continuo en su novela en el que lo auténtico permanece oculto como falso. ¿Esos trampantojos funcionan también para los personajes?

R. Puedes mirar a una misma persona desde distintos puntos de vista. Es una lectura que requiere un ejercicio creativo por parte del lector. El género policial y, sobre todo, la novela de enigmas tiene esa particularidad, es el lector el que le da la doble dimensión a los personajes. Es el que sospecha del personaje simpático, el que considera al posible culpable como inocente.

P. Borges, en un ensayo sobre Kafka, afirmó que "cada escritor crea a sus precursores". ¿Cuáles son los suyos?

R. No soy muy original. Rescato a una escritora despreciada por muchos autores: Agatha Christie. Encontró algo así como la gramática y la combinatoria básica del género policial de intriga. Fue la primera a la que se le ocurrieron todas las variantes posibles: el crimen en el que todos los sospechosos mueren, el crimen en el que todos los sospechosos son culpables, el que el policía es el culpable, etc. Encontró una especie de combinatoria básica de las posibilidades del relato policial. En este sentido, hay algo así como un tributo en mis novelas a esa clase de novelas.

P. Se ha dicho de usted que ha reinventado la novela de intriga policial. ¿Lo cree?

R. Ojalá. Sería un poco ambicioso formulado de ese modo. Traté de incorporar una dimensión que yo llamo epistemológica, es decir, ver cuáles son las líneas de razonamiento del género policial y, en lo posible, agregarle un término más a esa serie de detectives que uno puede ver en la historia literatura policial y que están representados en C. Auguste Dupin como el detective de la lógica pura, Sherlock Holmes como el detective de las ciencias deductivo experimentales y Hércules Poirot como el detective de los deslices psicológicos.

P. ¿Y cómo sería hoy su detective?

R. Tendría que ver con los límites de los razonamientos y las maneras de desviarlos a partir de conjeturas falsas.

P. Carroll defendía que la lógica llevada a sus últimas consecuencias puede llevarnos a la locura. ¿Lo comparte?

R. Sí, pero yo lo diría de este modo: hubo en la historia muchos matemáticos que han consumido su vida obsesionados con ciertos dilemas. Es el caso de Bolyai con la búsqueda de una demostración del Quinto postulado de Euclides. Atormentado, al final de su vida, le aconseja a su hijo que no siga su camino porque siente que la ha perdido detrás de ese problema. Es la obsesión lo que predomina en el mundo de los matemáticos y una obsesión llevada a lo largo de toda la vida se parece a la locura.

P. ¿El protagonista de Los crímenes de Alicia es su alter ego?

R. Ojalá (se ríe). Yo estuve en Oxford en una edad muy distinta, estaba casado y tenía una hija. Es como si fuera mi yo de los 22 años, es como un rescate de alguien que vagamente fui yo.

P. ¿Lo volveremos a ver?

R. Sí, creo que sí. A futurisimo. Sería el último de una trilogía con los personajes marcados por los años.

Guillermo Martínez. Los crímenes de Alicia. Destino, 2019. 336 páginas. 20 euros.

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