Los casos más fascinantes de obras de arte desaparecidas

Desde la Biblioteca de Alejandría hasta las pinturas escondidas en el Vaticano, Charney repasa la fragilidad del arte en The Museum of Lost Art.  

Laura Galdeano

El Museo de Arte Perdido es hoy por hoy ciencia ficción. Sería un espacio único que luciría en sus paredes las obras religiosas destruidas durante la Reforma, las pinturas que el propio Botticelli quemó en la Hoguera de las Vanidades y los miles de lienzos saqueados por los nazis. Tendría una planta específica para albergar la mítica Biblioteca de Alejandría y otra para las construcciones ancestrales arrasadas por ISIS. Habría espacio, por qué no, para algunas que tal vez no existieron, como los jardines colgantes de Babilonia o las reliquias de Camelot. Detrás de cada uno de estos tesoros robados, quemados, escondidos y desaparecidos durante siglos, hay una historia. Noah Charney, autor del bestseller The Art of Forgery (2015), ha reunido las más fascinantes en The Museum of Lost Art (Phaidon), una llamada de atención a la fragilidad de nuestro legado y un homenaje a lo irrecuperable. Combina arte e historia en una narración salpicada de suspense.

Charney se propone evitar el olvido injustificado. Contextualiza la creación y la pérdida de obras de arte que jamás podremos recuperar –con excepción de las que se creen expoliadas– porque aunque ya no están, fueron importantes e influyeron en el devenir de la historia. Las agrupa según la causa de su desaparición: inundaciones, incendios, iconoclasia o robos, aunque también hay espacio para esas creaciones que fueron ideadas como efímeras. La portada del libro corresponde al fresco de Tiziano y Giorgione de la fachada de la Fondacio dei Tedeschi en Venecia, prácticamente invisible por los efectos de la humedad.

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'Retrato de Georgiana Spencer', de Thomas Gainsborough.

En la narración, surgen nombres de ladrones profesionales como Adam Worth, un hombre al que muchos señalan como el inspirador de Arthur Conan Doyle para crear al enemigo de Sherlock Holmes, el Profesor Moriarty. Worth (1844) fue un estafador desde muy joven. Se profesionalizó en distintos puntos de Estados Unidos y Europa y llegó a dirigir una organización criminal internacional, con sede en su mansión londinense, donde aconsejaba a otros mangantes. Era una prioridad para Scotlan Yard, sobre todo tras su golpe más sonado: el robo del retrato de Gerogiana Cavendish, duquesa de Devonshire, un personaje muy controvertido en ese momento. La pintura, hasta ese momento poco apreciada, adquirió una dimensión superior tras su sustracción. Tanto la sociedad como la prensa se centraron en ella como nunca. Noah Charney llega a decir que Adam Worth fue una especie de apóstol de la cultura. Lo lógico hubiera sido que Worth tratase de vender la pintura pero, sin embargo, la guardó hasta ser capturado. La llevó consigo incluso cuando viajaba porque, dicen, le recordaba a su verdadero amor.

Héroes del arte

The Museum of Lost Art reúne en un mismo volumen a héroes y villanos. Entre los primeros, por ejemplo, los soldados que pusieron en riesgo sus vidas por tratar de salvar el retablo La Adoración del Cordero Místico, de los hermanos Van Eyck, expuesto en la iglesia de San Juan de Gante (actual Catedral de San Bavón). En 1566, un grupo de protestantes trató de entrar a la fuerza en el templo con la intención de destruirlo. Los soldados aguantaron el envite hasta garantizar su conservación.

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El crucifijo de Cimabue quedó dañado tras la inundación

Otros héroes anónimos fueron los conocidos como los "ángeles de barro". En Florencia ha habido ocho inundaciones importantes desde 1333, pero la de 1966 fue devastadora. El 4 de noviembre, en solo doce horas, 80 millones de metros cúbicos de agua anegaron la ciudad. Hubo puntos en los que el agua alcanzó los cinco metros de altura. Se calcula que unas 1.500 obras de arte significativas quedaron sumergidas y se perdieron alrededor de 3 millones de libros y manuscritos. Miles de voluntarios de diferentes países se trasladaron hasta la ciudad italiana para tratar de rescatar del barro y del agua el mayor número de objetos.

Y sin salir de Florencia, Noah Charney recuerda cómo en 1497 los seguidores del monje Girolamo Savonarola quemaron en público miles de objetos considerados pecaminosos durante la fiesta del Martes de Carnaval. Fue la llamada Hoguera de las Vanidades. Ardieron libros inmorales, manuscritos y cuadros, entre ellos, varias escenas de la mitología clásica de Sandro Botticelli. El propio de artista del Quattrocento italiano los lanzó a las llamas.

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Pintura del Real Alcázar hacia 1710.

En España, las llamas también hicieron mella. The Museum of Lost Art recupera obras que ya no están de Velázquez, Rubens y Tiziano, las que ardieron en 1734 en un gran incendio en el Alcázar de Madrid.

Destruidas por el propio artista

Como Botticelli, la historia está llena de artistas que destrozaron su propia producción artística, aunque por otras motivaciones. Por ejemplo, el impresionista Monet decidió que sus problemas de visión habían afectado a sus cuadros y decidió destruir cerca de 30 pinturas de la serie Los Nenúfares.

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'El viejo guitarrista ciego' | Ins. Arte Chicago

Pablo Picasso no destrozó su propia obra en el sentido literal, pero sí que la hizo desaparecer. Las radiografías que se han hecho a El viejo guitarrista ciego, uno de los óleos más característicos del período azul del malagueño, han dejado ver que bajo las capas de pintura más superficiales había un boceto de una maternidad, un niño mamando de su madre junto a un buey. Picasso sacrificó esta imagen.

Franz Kafka (1883-1924) expresó su deseo de que todos sus escritos inéditos fuesen quemados después de su muerte. En una carta a Max Brod, su amigo y albacea literario, escribió: "Querido Max, mi último deseo: todo lo que dejo detrás de mí… es para ser quemado sin leer". Brod desoyó su última petición. Sin embargo, otra parte de la producción de Kafka estaba en manos de su amante, Dora Diamant, y en 1933, fue confiscada por la Gestapo alemana. Eran unos veinte cuadernos y treinta y cinco cartas que posiblemente hayan sido destruidos. Aún existe la posibilidad de que estén guardados como muchas otras obras de arte robadas por los nazis.

Y no es que el escultor Robert Smithson (1938-73) quedase insatisfecho de su obra y por ello quisiera eliminar cualquier rastro, sino que la concibió como efímera. Spiral Jetty es una gigantesta obra de arte de 1970 instalada junto a un lago en Utah. Está construida con tierra, agua, cristales de sal y 6.650 toneladas de roca basáltica. Una vez terminada, quedó sumergida por el agua tras aumentar el nivel del lago. Tras un periodo de sequía, quedó al descubierto de nuevo, aunque bastante cambiada. La idea de Smithson no es conservarla sino que la naturaleza siga su curso.

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Spiral Jetty

Noah Charney, profesor de Historia del arte y fundador y presidente de la Asociación para la Investigación de Crímenes contra el Arte (ARCA), ha publicado cientos de artículos en periódicos y revistas.The Museum of Lost Art ha sido publicado únicamente en inglés.

Noah Charney. The Museum of Lost Art. Phaidon, 2018. Tapa dura, 135 ilustraciones, 296 páginas. ISBN: 978 071487 5842. 24,95€

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