Un libro de filosofía española

Agapito Maestre

Gigantes de la filosofía europea habitan hoy en España. Son españoles. Gabriel Albiac es uno de ellos, uno de esos filósofos hispánicos que ha conseguido superar la tragedia de la inautenticidad de la filosofía como un saber acabado, institucional y público. Lejos de haberse dejado avasallar, acorralar y esclavizar por la escolástica marxista de los años setenta, o peor, por el magisterio de uno de los íconos del marxismo universitario de esa época, el francés Louis Althusser, Albiac aprendió bien la lección del gran maestro de la filosofía contemporánea: filosofar es repensar como escribir es corregir y corregir.

Sí, y escribámoslo sin comillas y sin cita, es preciso combinar el aprendizaje y absorción de la filosofía socialmente constituida y recomendada con un perenne esfuerzo por negar todo eso y volver a comenzar, o lo que es igual, por repristinar la situación en que la filosofía se originó. Huelga decir que estas palabras, estas dos grandes ideas, esta filosofía de la razón vital pertenecen a Ortega y Gasset. Orteguiano es, aunque él no lo sepa, el movimiento del pensamiento de Gabriel Albiac. Escribe antes para seducir al lector que para persuadirlo, antes para hablar de su inteligencia que de la hondura del hablante, antes de nada, incluso antes del ego del autor, su escritura se dirige a un interlocutor al que trata con cariño y extremado respeto.

Porque Albiac escribe al fin para que le quieran, creo que ha grabado en el frontispicio de su filosofía que la gran idea, la hondura de un pensamiento, no depende tanto del que la escribe y dice sino del que la lee y escucha. He ahí el hilo conductor del último libro de Albiac: Mayo del 68. Fin de fiesta. Estamos ante un libro nuevo, novísimo y atrevido, aunque la Parte II recoge y amplía lo escrito en su ensayo de 1993, titulado Una educación sentimental, porque repiensa las grandes ideas sobre ese acontecimiento del 68 para aquí y ahora. La filosofía es actualidad o no es filosofía.

El esfuerzo de este libro es doble. Por un lado, repasa la historia entera de la filosofía sobre mayo del 68; cincuenta años han pasado y ciento de libros se han escrito, pero presiento que los claveteados por Albiac quedarán en la memoria filosófica de las próximas generaciones. Por otro lado, analiza sus antiguas tesis sobre Mayo del 68 como si se tratara de otro autor, o sea, intenta ser un espectador imparcial, un filósofo de sus ideas, para concluir que "el París de 1968 anticipa el Berlín de 1989: la caída del muro, de todos los muros". Mayo del 68 era el anuncio de la caída del despotismo más largo del siglo XX: el soviético.

Mas la audacia extrema del lenguaje de este libro, su gran enseñanza, aunque sorprenda el término, es su realismo: olvídense de revoluciones. La revolución ha muerto. Viva la democracia. Como dijera otro de los grandes de la filosofía de Mayo del 68:

El Poder, allí donde pretenda reinar, encontrará oponentes que, sin embargo, no están dispuestos a instaurar otro mejor. En una sociedad que no intenta encerrarse en su propio engaño y encerrar a los hombres en sus jerarquías, siempre habrá oponentes dispuestos a alterar sus planes. Aprovecharán todas las ocasiones para estimular las iniciativas colectivas, derribar los muros, hacer circular las cosas, las ideas y los hombres, y poner a cada uno en situación de afrontar los conflictos en lugar de enmascararlos.

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