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La fértil aventura de la Residencia de Estudiantes

Fue el epicentro de la actividad intelectual de entreguerras, foco de experimentación y germen de la Generación del 27. 

Laura Galdeano

Libros bajo el brazo, Federico, proyecto de abogado, regresa a su alojamiento en la capital. Cruza las rejas de la Calle Pinar, esquiva al gato que juguetea con los aperos del jardinero y sube por un camino flanqueado de árboles que dan nombre al paraje, la colina de los Chopos. Quedan atrás la Castellana y el viejo Hipódromo. Está citado en la Residencia con un joven excéntrico llamado a ser un genio de la pintura y un cineasta que comienza a despuntar en los círculos intelectuales. Pero antes, quiere conversar con el director de publicaciones, Juan Ramón Jiménez. Ha resultado ser muy influyente en su poesía. Debe darse prisa, tampoco quiere perderse la conferencia del británico Howard Carter, la primera comparecencia pública desde que el arqueólogo descubrió la tumba de Tutankhamon; y, por qué no, también le gustaría disfrutar de la velada musical a cargo de una discípula de su paisano Falla, Rosa García Ascot.

No hay constancia de que sucediese así. Tampoco evidencias que lo rebatan. Podría haber sido una tarde cualquiera de 1924. Quizá Federico García Lorca no acudió a la clase magistral de Carter sino a la de Marie Curie o Paul Valéry; o no vio sentada en el magnífico piano Bernstein de 1912 a García Escot sino a uno de los hermanos Halffter. La Residencia de Estudiantes fue el epicentro de la actividad intelectual de España en el periodo de entreguerras, el principal foco de expresión y experimentación cultural del país y el lugar de intercambio de las corrientes de pensamiento europeo. En este hervidero intelectual es imposible que no floreciese una de las generaciones de artistas, escritores, músicos y científicos más brillantes de nuestra historia, a la que dio nombre un grupo excepcional de poetas: la Generación del 27. La Edad de Plata de la cultura española, la llamaron.

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Gómez-Navarro, directora | D.Alonso

Fundada en 1910, la Residencia se inspiró en los colleges británicos. "Tenía como misión dar una educación integral, no solo alojamiento. Había laboratorios, clases de idiomas, visitas semanales al Museo del Prado, excursiones a ciudades cercanas, conferencias, veladas musicales, cinefórum...y todo bajo un ambiente de tolerancia, libertad y convivencia", detalla Alicia Gómez-Navarro, actual directora de la Residencia de Estudiantes.

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Lorca, en uno de los laboratorios de la Residencia de Estudiantes

La Residencia es una acrópolis sembrada de chopos… Es como un monasterio sereno y alegre. ¡Qué gran suerte para los estudiantes! Le Corbusier, 1928.

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"Algunos vivían en la Residencia como Lorca o Emilio Prados, otros venían de visita muy a menudo como Alberti y Salinas. Compartían las estancias con pintores como Dalí, cineastas como Buñuel, científicos como Severo Ochoa y juristas como García-Pelayo", continúa explicando Gómez-Navarro. "Son varios círculos concéntricos que agrupan a lo mejor de la cultura del momento", añade. La interrelación de todas estas artes fue la que dotó a la Generación del 27 de esa riqueza. El escritor colombiano Álvaro Mutis lo llamó el "fértil milagro del espíritu español".

Rafael Alberti rememoró en La arboleda perdida las tardes otoñales vividas en ese complejo de estilo neomudéjar racionalista. Destaca su primer encuentro con Lorca, un muchacho granadino "moreno oliváceo, ancha la frente, en la que le latía un mechón de pelo empavonado; brillantes los ojos y una abierta sonrisa transformable de pronto en carcajada; aire no de gitano, sino más bien de campesino, ese hombre, fino y bronco a la vez, que dan las tierras andaluzas". Así lo vi esa tarde y así lo siguió viendo siempre que pensaba en él.

Me entusiasmaron muchas de sus poesías, sobre todo aquellas de corte simple, popular, ornadas de graciosos estribillos cantables. Otras, en cambio, las rechacé.

También cómo se integró en su singular grupo de amigos:

Aquella noche me invitó a cenar allí en la Residencia, en compañía de otros amigos suyos, entre los que se hallaban Luis Buñuel, lejos aún de su renombre universal de cineasta, el poeta malagueño José Moreno Villa y un muchacho delgado, de bigotillo rubio, absurdo y divertido, que se llamaba Pepín Bello, con el que simpaticé vertiginosamente.

Apareció un día en la Residencia un joven flaco, bella y fina cabeza, de tostado color, y con un fuerte acento catalán. Federico, en una de mis espaciadas visitas otoñales, me lo presentó: -Éste es Salvador Dalí, que viene, como él dice, a estudiar en Madrid la carrera de pintor.

Flujo de las corrientes europeas

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Einstein visitando la Residencia en 1923

La creación en 1923 de dos sociedades privadas culturales, el Comité Hispano-Inglés y la Sociedad de Cursos y Conferencias, posibilitaron la llegada de grandes pensadores y científicos extranjeros a la Residencia. "Era un lugar muy cosmopolita, vino Valéry, Einstein, Eddington, Le Corbusier o Walter Gropius", recuerda Gómez-Navarro.

Aquellos pasillos que desprendían diálogo, debate y conocimiento asistieron al cruce de distintas generaciones. Juan Ramón Jiménez vivió en la Residencia hasta que contrajo matrimonio. En el patio, que el mismo decoró y bautizó como Patio de las Adelfas, conoció a Lorca y Alberti. Las visitas de Ortega y Gasset también eran constantes. "Venía a hablar con el director, tenía un papel importante como asesor intelectual. Hemos conocido testimonios de antiguos residentes como Pepín Bello sobre la convivencia de los poetas de distintas generaciones. Los jóvenes hacían bromas y se burlaban de los mayores", recuerda la directora de la institución.

Entre vibrantes tertulias de filósofos e hispanistas, recitales poéticos y estrenos de películas de vanguardia, el salón de actos dejaba paso a los ensayos del conocido como Grupo de los Ocho de Madrid. "En este espacio se presentaron públicamente". La Barraca, el grupo teatral dirigido por Lorca, estrenaba sus funciones en la Residencia antes de comenzar la gira estival.

Estilo bohemio

Por supuesto, no hay que obviar que eran jóvenes, inquietos y bohemios.

Mis recuerdos de aquella época son tan vívidos, que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que de no haber pasado por la Residencia mi vida hubiera sido muy diferente"(…) No puedo explicar día a día lo que fueron aquellos años de formación y encuentros; nuestras charlas, nuestro trabajo, nuestros paseos, nuestras borracheras, los burdeles de Madrid... y nuestras largas veladas de la Residencia… (Mi último suspiro, Luis Buñuel).

"Ellos iban a clase y luego volvían la Residencia a comer. Acudían a tertulias por toda la ciudad, iban al Café Pombo, circulaban por todos los lugares artísticos de la capital, iban de juerga por las noches. Tenían una vida regulada por las actividades académicas y otra, como creadores, más bohemia", apunta la directora de la institución.

Espíritu vivo

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Manuscrito de Lorca

La Guerra Civil significó el cierre de la Residencia. "Cuando estalló el conflicto, se puso bajo la protección de la embajada británica y americana hasta que consiguieron evacuar a los alumnos extranjeros. En el 37, se convirtió en un hospital de carabineros hasta el final de la guerra. Después, pasó a formar parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)".

En la actualidad, la Residencia, constituye un valioso e incomparable archivo de la Generación del 27 y del pensamiento del primer tercio del siglo XX español. "Tenemos la obligación de recuperar esa historia, investigarla, publicarla y darla a conocer a todo el mundo", indica Gómez- Navarro. En su fondo bibliográfico destaca el legado de Cernuda – compuesto de manuscritos, ensayos, la biblioteca personal del poeta y el archivo fotográfico con numerosos negativos inéditos- y el de Lorca, con manuscritos, correspondencia personal o dibujos.

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