'Ébola', de David Quammen: historia de un virus letal e imprevisible

El autor nos sitúa en los orígenes del virus y cuenta la historia de sus brotes, su geografía, sus muertes, su evolución y su investigación.

J. F. Úbeda

Leído Ébola. La historia de un virus mortal (Debate, 2016), del escritor estadounidense "apasionado de la ciencia y la naturaleza" David Quammen (Cincinnati, 1948). Se nota que éste ha publicado en medios como National Geographic, Rolling Stone y The New York Times: su obra se lee como un reportaje largo. Con calidad. En la prensa, una especie en extinción. Desde un punto de vista formal, nos encontramos con un texto narrado con fluidez, bien estructurado, y que cuenta con una dosis notable de datos y testimonios –familiares de víctimas mortales, supervivientes, científicos…–. Todo muy digerible para el profano, cosa que se agradece.

Sobre esta especie de ángel de la muerte del género Filovirus se habló mucho en España tras el contagio de una compatriota, la enfermera Teresa Romero. Ahora, del virus del Ébola nos acordamos como de pasada, porque azota otro tan letal como él, el del Zika, o porque van y vienen los países que se libran de la epidemia. Según la OMS, entre diciembre de 2013 y enero de 2016 fueron contagiadas 28.638 personas, de las que murieron 11.315.

Ébola. La historia de… se basa en un libro anterior del propio escritor, Spillover, en el que se centra en la zoonosis –"Enfermedad o infección que se da en los animales y que es transmisible al hombre en condiciones naturales", según el DRAE, "pero se han añadido algunas reflexiones y material nuevo; es un intento para entender el brote del virus del ébola acaecido en el oeste de África en 2014, así como el que posteriormente estalló en la República Democrática del Congo".

Tras una introducción explicativa –en la que el autor familiariza al lector con algunos tecnicismos, como "zoonosis" (antes definido) o "derrame" (cuando un patógeno pasa de una especie de huésped a otro)-, Quammen nos sitúa en febrero de 1996, en una aldea de Gabón próxima a la frontera con la República del Congo: Mayibout 2. Allí, unos tipos se toparon con un chimpancé ya muerto, lo asaron y se lo comieron. Ocurrió que el simio tenía el ébola, que enfermaron 31 personas –síntomas: "fiebre, dolor de cabeza y garganta, ojos inyectados de sangre, vómito, sangrado de encías, hipo, dolor muscular y diarrea con sangre"- y que murieron 21.

Tras el relato de este episodio, el autor nos ubica en los orígenes históricos del virus (1976) y nos informa de sus brotes, su geografía, sus muertes, su evolución y su investigación. Una pregunta vertebra al libro: ¿cuál es y dónde se encuentra el reservorio de los ebolavirus? Quammen apunta a los tradicionales murciélagos de la fruta, aunque señala que no serían "necesariamente los únicos". En este sentido, destaca la investigación que implica a los quirópteros en la transmisión del virus de Marburgo –perteneciente a la misma familia: Filoviridae–.

También desmitifica Zona caliente, un nonfiction thriller de Richard Preston en el que se dice que el virus "brincaba de cama a cama, matando a pacientes a diestra y siniestra"; en el que los enfermos lloraban sangre, cuando no "se disolvían en sus camas". Para desmontar esto, Quammen entrevista al jefe del Departamento Especial para Patógenos Virales del CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU), Pierre Rollin: "El señor Preston puede escribir lo que le plazca, mientras se diga que la suya es una novela de ficción. Pero si dices que se trata de un hecho verdadero, tienes que hablar de los hechos verdaderos, y él no lo hizo. Porque siempre resulta más excitante tener sangre por todos lados y miedo en todas partes. Algunos pacientes sí sangran hasta morir, pero no explotan y no se disuelven".

El autor escribe que "el conocimiento científico actual de los ebolavirus constituye un agujerito de luz en un fondo oscuro". Ébola. La historia de un virus mortal proporciona al lector una dosis justa de ciencia e historia, explica, contextualiza, enseña. ¿Cuál será el futuro de este agente letal? Quammen no se atreve a formular una respuesta concreta –"No sabemos siquiera si lo sucedido en el pasado es una guía confiable para el futuro", y nosotros, ante esta incertidumbre, nos acordamos del cierre de La peste, de Camus, cuando decía que el bacilo "no muere ni desaparece jamás" y que "puede permanecer durante decenios dormido"; en el caso del ébola, no en los muebles, en la ropa o en las alcobas, sino en algún lugar remoto de la selva.

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