Leer en diagonal

Amando de Miguel

No es muy exacta la cantinela de "los escritos quedan" o que "poner negro sobre blanco" es algo definitivo, indudable. La razón es muy sencilla. Leemos en diagonal, es decir, no todas las palabras y desde luego no todas las letras. Por eso los textos escritos no son tan contundentes como a veces pretenden sus autores. Ahí está el secreto de que los escritores más empingorotados cometan erratas. Ahora se prodigan más, porque el corrector automático del ordenador tiene miedo de los neologismos y porque no sabe si "aun" lleva tilde o no. Otra razón es que en las imprentas o equivalentes ya no suele haber correctores profesionales. Eran unos personajes de gran respetabilidad que están todos jubilados.

César Blanco Castro me pregunta si es necesario leerse el falso Quijote de Avellaneda antes de acometer la segunda parte del auténtico Quijote. Entiendo que siempre será mejor leer que no leer. Una tesis divertida es que el autor del falso Quijote de Avellaneda fue el propio Cervantes, que así se vengó de los posibles críticos. Tengo escrita otra interpretación. Avellaneda fue el cura del pueblo de don Quijote, el que le quemó la biblioteca. Más ortodoxa es la tesis de que Avellaneda fue un "negro" de Lope de Vega. Es sabido que Cervantes y Lope mutuamente se envidiaban. Léase primero el auténtico Quijote. La segunda parte es mucho mejor que la primera, entre otras razones, porque el verdadero protagonista es Sancho Panza. Por cierto, en 2015 celebramos el cuarto centenario de la publicación de esa segunda parte. Esperemos que los académicos hagan algo. Por ejemplo, un homenaje para reivindicar la figura de Sancho Panza, nuestro verdadero héroe literario. No hay otro ejemplo similar en la Literatura moderna.

En el Quijote se introducen numerosas vacilaciones. Por ejemplo, no sabemos cómo se llama realmente la mujer de Sancho Panza, pues aparece con varios nombres. Sigo con mi sospecha de que Cervantes intentó reírse de los posibles críticos. Por cierto, sin emularme con Cervantes, en mi última novela ("Amores septuagenarios") la protagonista aparece una vez con otro nombre. ¿Fue un error involuntario o también pretendí burlarme de los críticos? Nunca se sabrá. Bueno, a lo mejor cuento la historia en mis "Memorias póstumas". (Pueden consultarse en info@neupic.com. Acabo de empezarlas).

Más polémicas. José Antonio Martínez Pons comenta que, mucho quejarnos de la corrupción de los políticos, pero quien más quien menos paga "sin IVA" todo lo que puede. Son pequeños latrocinios al Fisco, pero la suma de todos ellos hace "muchas toneladas de chocolate del loro". Le doy la razón, pero matizo. Hay que comprender que los pequeños desmanes fiscales pueden interpretarse algunas veces como una defensa de los contribuyentes modestos. Casi habría que aducir aquí el principio tradicional del "hurto famélico", el que se hace por necesidad. Sospecho que los mayores latrocinios al Fisco se llevan a cabo de manera legal. Así no hay forma de detectarlos. Por cierto, cuando el Fisco comete una injusticia gorda (como aplicar un impuesto injusto) ¿alguien resulta procesado? Que conste que la Agencia Tributaria es la organización más moderna del Estado.

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