Testimonio inédito de un militar en el Madrid republicano: "Quebrantos hacía a los rojos, descubriendo sus maldades"

El cónsul noruego Félix Schlayer desarrolló una labor humanitaria y sembró "el descrédito de los marxistas en sus secuaces y en el extranjero".

Pedro Corral

Tercera entrega del especial que LD le ofrece en exclusiva, de la mano del periodista y escritor Pedro Corral, sobre el testimonio inédito de Manuel Jiménez-Alfaro y Alaminos y la labor humanitaria de Félix Schlayer, diplomático al servicio de Noruega durante los primeros meses de la Guerra Civil, de quien fue estrecho colaborador en el Madrid frentepopulista. Capitán de artillería retirado entonces, Jiménez-Alfaro, que sobrevivió a los peligros de la contienda, es bien conocido por otra circunstancia muy diferente: la de ser fundador en 1951 de la factoría FASA-Renault en Valladolid.

Es muy llamativo que la labor de espionaje a favor del bando sublevado desde la legación noruega referida por Jiménez-Alfaro en su declaración de 1944, apenas sea citada en su testimonio en las diligencias indagatorias abiertas contra él por los franquistas en 1939, al acabar la guerra, por haber permanecido en zona "roja". Se trata del procedimiento previo "1297 V" abierto en Valencia después de la contienda por el Juzgado Especial de Jefes y Oficiales, que se conserva en el Archivo General e Histórico de Defensa.

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Retrato de Manuel Jiménez-Alfaro

Allí Jiménez-Alfaro se limita a consignar que "por valija diplomática envió en más de una ocasión datos en un sobre dirigido a Burgos al general Dávila, que ignoro si habrán llegado" y a referir que "cuando iba a pasar algún Jefe u Oficial antes le llevaba en coche por las calles y entradas de Madrid". También anota su labor de enlace de Falange con los detenidos, poniendo como ejemplo sus visitas a Raimundo Fernández-Cuesta en la cárcel de Alcalá, y su ayuda a la fuga de militares refugiados hacia la zona nacional.

Esta parquedad contrasta con las profusas actuaciones declaradas cinco años después, lo cual sorprende bastante, pues las diligencias abiertas en 1939 por los franquistas podían conducirle a ser condenado por no haber colaborado lo suficiente al triunfo de la causa nacional. De ahí que hubiera sido más lógico que, aparte de consignar su labor humanitaria al flanco de Schlayer en defensa de los perseguidos como desafectos por el gobierno republicano, se hubiera presentado a los vencedores como un consumado "quintacolumnista", lo que estuvo lejos de hacer en su primer testimonio ante las autoridades franquistas, fechado el día del fin de la guerra, el 1 de abril de 1939, en Valencia.

Por otro lado, es destacable que los militares que avalaron a Jiménez-Alfaro en estas diligencias no mencionaran en ningún momento en sus testimonios su labor de espionaje a favor del bando nacional. Uno de ellos es el comandante Manuel Jiménez Ruiz, al que Jiménez-Alfaro señala precisamente como uno de los militares que habría conseguido captar a unidades "rojas" con mandos adictos para intervenir a favor de los sublevados llegado el caso. Ni una palabra de tales actividades refleja el aval de Jiménez Ruiz, quien dice haber compartido con Jiménez-Alfaro las labores de secretaría en la legación noruega. Otro testigo asegura, en cambio, que supo que Jiménez-Alfaro había sido detenido y acusado de espía por las autoridades republicanas.

Tampoco refiere nada sobre estas labores de espionaje el juez instructor de este procedimiento previo, el comandante Ramón Mourille López, que el 16 de junio de 1939 determinó archivar las actuaciones contra Jiménez-Alfaro sin declaración de responsabilidad. Solamente reconoce el juez instructor el que Jiménez-Alfaro, como secretario de la legación noruega, hubiera conseguido "valiéndose de su cargo, la evasión de muchas personas de derechas y militares, refugiando a muchas de ellas en la Legación".

El testimonio inédito que corrobora "el fusilamiento de tantas personas" en Paracuellos (1)

Pero debemos volver al verano de 1937, en que concluirá la actuación de Jiménez-Alfaro junto a Félix Schlayer. Para entonces, Schlayer llevaba tiempo en el punto de mira de las autoridades republicanas. El estudioso Mario Crespo Ballesteros cita una carta del ministro de Justicia, el peneuvista Manuel de Irujo, al de Estado, el comunista Álvarez del Vayo, en el que informa de la expulsión de Schlayer "de su despacho en Madrid" el 29 de junio de 1937. La carta, bajo el epígrafe de "espionaje", no denuncia más que el excesivo interés del cónsul noruego por los presos políticos.

Schlayer tiene que huir. Jiménez-Alfaro es apresado

Declarado "persona non grata" por el gobierno de Negrín y amenazado de muerte, según su secretario español, Schlayer se vio forzado a salir de la España republicana. El 8 de julio de 1937, cuando ya estaba embarcado en Valencia, la policía republicana le ordenó volver a tierra para comprobar su pasaporte, lo que Schlayer entendió que era una excusa para asesinarlo en el mismo muelle. La intervención de un buen amigo suyo, Zdenko Formanek, diplomático checoslovaco de origen judío, puso fin a la tensión y Schlayer pudo volver al barco para ponerse a salvo y afincarse en San Sebastián, en zona nacional.

Jiménez-Alfaro, su segundo, fue sometido desde entonces a una constante vigilancia policial. Sobre este punto, denuncia que el encargado de negocios noruego, Dick Wessman, "minado por el miedo y por su mala condición", aseguró a la policía republicana "que no respondía de lo que hubiese realizado la Legación de Madrid, donde había un Secretario Español, que sabría todo".

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Jiménez-Alfaro con su mujer con su mujer, Maria Luisa Gomá, en los años 20

Temiendo por su vida, Jiménez-Alfaro decidió pasarse a la zona nacional. Sin embargo, quiso someter su decisión al criterio de los jefes militares más antiguos que él refugiados en la legación noruega, que le pidieron que siguiera en Madrid. Sí que envío a su mujer y a sus hijos a Valencia, con la desgracia de que su mujer fuera detenida, quedando los cinco niños, la mayor de 12 y la menor de 4, en la calle, aunque fue puesta en libertad poco después.

Fue entonces cuando el encargado de negocios noruego, Dick Wessman, amenazó a Jiménez-Alfaro con entregar a todos los refugiados a la policía si se marchaba de Madrid. Al poco tiempo de esa amenaza, el 25 de agosto de 1937, Jiménez-Alfaro fue detenido por el policía de escolta de Wessman, incomunicado cuatro días en la checa de los Salesianos de Atocha y enviado después a Valencia, donde estuvo encarcelado hasta el 25 de febrero de 1938, quedando en libertad y a la espera de juicio. Tres meses antes, en noviembre de 1937, el régimen de Burgos le había concedido una pensión a su viuda al considerar que había sido fusilado por los republicanos.

El 2 de marzo le volvieron a detener y el 18 se celebró el juicio, aunque fue suspendido, por lo que recobró la libertad. Sin embargo, el 16 de abril siguiente fue nuevamente detenido, recibiendo de un comisario la amenaza de que "empeñaba su amor propio en que yo habría de ser fusilado". El propio Schlayer hizo gestiones para su liberación, informando de su detención al coronel José Ungría, jefe del espionaje franquista, como acredita una carta de éste incluida en el expediente. Carta que demuestra también la colaboración que Schlayer mantuvo con el servicio de información franquista después de pasarse a la zona nacional.

Fue puesto en libertad otra vez el 16 de junio de 1938. En todo momento fue vigilado e incluso visitado por agentes del Servicio de Información Militar republicano (SIM), uno de los cuales "tenía como misión deducir, en plan de amistad, las relaciones que yo mantuviese con el Sr. Schlayer, o con el espionaje en la zona roja".

Con ocasión de la movilización general decretada en enero de 1939 por el gobierno republicano, pudo emplearse gracias al industrial Ángel Taibo Fernández, antiguo refugiado en la legación noruega, en una fábrica de cajas para envasar naranjas, situación en la que conoció el fin de la guerra con la entrada de los nacionales en Valencia.

Su comprometida situación ante los vencedores por haber permanecido como militar retirado en zona "roja" movió a Jiménez-Alfaro a subrayar su actividad a favor de la causa nacional como número dos de Schlayer en la legación noruega. Esto puede explicar que declarara con tanta rotundidad que "me dediqué por completo, en cuerpo y alma, a ayudar al Sr. Schlayer, con la satisfacción de que si (sic) así cooperaba al triunfo de la Causa Nacional".

¿Labor humanitaria o ‘quintacolumnismo’?

Sin duda, la labor de Schlayer, con quien colaboró Jiménez-Alfaro, fue contraria de todo punto al gobierno frentepopulista y sus fuerzas afines, desde el momento en que sustrajo a su cruenta represión a centenares de potenciales víctimas. Así lo refiere el propio Jiménez-Alfaro al mencionar el

"sagrado deber para el que había sido requerido por personas como el Sr. Schlayer, que tantas vidas había salvado, y que tantos quebrantos hacía a los rojos sin dejar de hacerles trastadas, descubriendo sus maldades, y sembrando poco a poco, pero de manera firme, el descrédito de los marxistas en sus secuaces y en el extranjero".

De ahí que, en la actividad de la legación noruega, como en otras embajadas extranjeras como las de Argentina, Cuba, Chile o Turquía, fueran tan inciertos y ambiguos los perfiles entre lo que era labor humanitaria, de protección de la vida de personas perseguidas, y actividad de la "quinta columna", aunque así lo denunció repetidas veces el gobierno republicano, contrariado por el uso del asilo diplomático en la protección de sus adversarios. El propio Schlayer debió de entender que proteger a los perseguidos no era "quintacolumnismo", pues siempre se jactó de no haber aceptado en la legación noruega a personas que hubieran participado en acciones de sabotaje contra el gobierno republicano.

Además, entender la labor humanitaria como "quintacolumnismo" nos llevaría a considerar responsables de traición a diversos dirigentes republicanos que no dudaron en ayudar a personas perseguidas para ponerlas a salvo. Y entre éstos se incluye nada menos que al que fue ministro de Gobernación en el gabinete de Juan Negrín, el socialista Julián Zugazagoitia, o al anarquista Melchor Rodríguez, llamado el "Ángel Rojo" por esta misma razón, que salvó la vida de centenares de personas consideradas enemigas del gobierno republicano.

A un testigo de las matanzas de Paracuellos y Torrejón como fue Félix Schlayer resulta difícil reprocharle su labor de defensa de los presos políticos, su afán por evacuar a personas perseguidas a la zona sublevada o su labor de amparo a colaboradores de la "quinta columna" en estos cometidos. Sobre todo, cuando nada ni nadie ofrecía en aquellos momentos una garantía de no repetición de los asesinatos masivos -al menos 8.500 personas- que se produjeron en el Madrid frentepopulista entre los meses de julio y diciembre de 1936.

Jiménez-Alfaro, sin medallas ni recompensa

En 1940, Jiménez-Alfaro reingresó en el ejército, ascendiendo un año después a teniente coronel, según apunta Daniel Quirós Montero en su entrada en el "Diccionario Biográfico" de la Real Academia de la Historia. El régimen de Franco no le concedió ninguna condecoración ni recompensa por su actuación en la Guerra Civil, aunque se postuló para la Gran Cruz de Beneficencia, lo que explicaría la declaración jurada de 1944, dirigida al entonces ministro de Gobernación, Blas Pérez.

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Jiménez-Alfaro (primero por la izquierda) con sus hermanos, todos militares.

En 1943 entró en el Cuerpo de Ingenieros de Armamento y Construcción (CIAC) y fue profesor de la Escuela Técnica del Ejército. En 1950 convenció a un grupo de industriales, financieros y personalidades influyentes del régimen como Nicolás Franco o José González-Regueral, alcalde de Valladolid, para solicitar a la firma francesa Renault licencia para ensamblar vehículos 4CV en España.

La solicitud fue aceptada en febrero de 1951, con Jiménez-Alfaro como único titular de la licencia. A pesar de la oposición del Instituto Nacional de Industria (INI), en octubre siguiente el Ministerio de Industria autorizó el montaje del Renault 4CV en Valladolid. En diciembre nacía la sociedad "Fabricación de Automóviles Sociedad Anónima (FASA-Renault)", primera empresa en España de producción en serie de automóviles en la que Manuel Jiménez-Alfaro sería primer consejero gerente y miembro del consejo de administración hasta 1990, dos años antes de su muerte.

Fue también director de la Fábrica Nacional de Toledo, consejero de la Empresa Nacional Santa Bárbara de Industrias Militares, director general de Industria y Material, consejero del Instituto Nacional de Industria y general inspector del CIAC. En 1966, con el grado de general, pasó a la reserva por haber cumplido la edad reglamentaria. Desde 1959 estaba en posesión de la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Falleció en Madrid el 11 de enero de 1992.

Fuentes consultadas

"Declaraciones de Félix Schlayer en la Causa General". AHN, FC-Causa­_General, 1519. Exp. 4, 26-27.

"Diligencias previas contra Manuel Jiménez-Alfaro y Alaminos". AGHD, Sumario 1297, 1939, Valencia, Caja 17211.

CERVERA, Javier. "Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939", Alianza Editorial, Madrid, 2006.

CRESPO BALLESTEROS, MARIO. "Félix Schlayer: asilo diplomático y humanitario en la Guerra Civil española". Cuadernos de la Escuela Diplomática n.º 53. Madrid, 2015, págs. 249-330.

"Memorias de la organización "Golfín-Corujo"". AGMAV, 2870-11-141. (Agradezco a Pablo de Miguel Iglesias que me facilitara esta documentación).

LAGUNA REYES, Alberto, y VARGAS MÁRQUEZ, Antonio. "La Quinta Columna. La guerra clandestina tras las líneas republicanas", La Esfera de los Libros, Madrid, 2019.

NÚÑEZ DE PRADO CLAVELL, SARA; RODRÍGUEZ ABENGOZAR, JAVIER. "La quinta columna y el cuerpo diplomático en la Guerra Civil española". Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 19, pp. 183-203 DOI https://doi.org/10.14198/PASADO2019.19.07

QUIRÓS MONTERO, DIEGO. "Manuel Jiménez-Alfaro y Alaminos". Diccionario Bibliográfico Electrónico. Real Academia de la Historia.

SCHLAYER, FÉLIX. "Diplomático en el Madrid rojo". Introducción de Javier Cervera Gil. Traducción de Alejandro Martín Navarro. Ediciones Espuela de Plata-Renacimiento, Sevilla, 2021.

Sumario nº 4/1937 del Juzgado Especial del Tribunal Central de Espionaje nº1 contra Javier Fernández Golfín y otros. AHN, FC-CAUSA_GENERAL, 1539, Exp.1

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