Relato inédito de las matanzas de Paracuellos: "El aniquilamiento de nervios que supone trabajar en zona soviética"

El capitán Manuel Jiménez-Alfaro, colaborador del cónsul Schlayer, detalla el espionaje en zona roja "utilizando una radio clandestina de Falange".

Pedro Corral

Segunda entrega del especial que LD le ofrece en exclusiva, de la mano del periodista y escritor Pedro Corral, sobre el testimonio inédito de Manuel Jiménez-Alfaro y Alaminos y la labor humanitaria de Félix Schlayer, diplomático al servicio de Noruega durante los primeros meses de la Guerra Civil, de quien fue estrecho colaborador en el Madrid frentepopulista. Capitán de artillería retirado entonces, Jiménez-Alfaro, que sobrevivió a los peligros de la contienda, es bien conocido por otra circunstancia muy diferente: la de ser fundador en 1951 de la factoría FASA-Renault en Valladolid.

jimenez-alfaro-1.jpgEl testimonio inédito que corrobora "el fusilamiento de tantas personas" en Paracuellos

En su declaración de 1944 a los vencedores, Manuel Jiménez-Alfaro afirma que su primer trabajo a las órdenes de Félix Schlayer fue

"la redacción de las listas de las personas sacadas de las cárceles de Madrid, en aquellas fechas trágicas de octubre y noviembre. Se hizo la información completísima, que con toda clase de datos y comprobaciones directas y personales, fue enviada a Ginebra, a la reunión de la Sociedad de Naciones, llevándola en mano el Dr. Henny, Delegado entonces de la Cruz Roja Internacional en España".

Aquí Jiménez-Alfaro se detiene en el siniestro ataque que el avión de la Embajada francesa en que viajaba Georges Henny para dar cuenta en Ginebra, ante la Sociedad de Naciones, de las matanzas de presos en Madrid, sufrió por parte de un avión de caza republicano a la altura de Guadalajara, "resultando herido el Dr. Henny, el piloto francés y dos periodistas que los acompañaban".

"Afortunadamente para nosotros, la valija pudo ser salvada, porque a más de todos estos datos sobre los fusilamientos de las cárceles, enviábamos en aquella ocasión, como hicimos en todas, cartas para el General Dávila con las noticias que adquiríamos sobre los planes y concentraciones rojas",

apunta Jiménez-Alfaro.

2georges-henny-herido-en-un-hospital-madrid.jpgEl derribo del avión francés con un testigo clave de Paracuellos

El espionaje quintacolumnista

La labor de espionaje a favor de los sublevados que muchos refugiados realizaron desde las embajadas o legaciones extranjeras en las que se encontraban, es bien conocida. Fue un continuo motivo de tensión entre el gobierno republicano y los miembros del cuerpo diplomático, incluido el propio Schlayer que tuvo que salir de la España republicana por esa misma causa. También es conocida la que refiere Jiménez-Alfaro en su declaración, que formaba parte de las tres líneas de actuación que desarrolló en el interior de la sede diplomática noruega.

La primera era la de "velar por la seguridad de los 800 y pico refugiados, con todas las derivaciones de familias en peligro, acopios de víveres, enfermedades, neurastenia, etc." La segunda consistía en

"la atención contínua sobre los detenidos en cárceles, en comisarias, en checas, en lugares desconocidos, atendiéndoles no sólo en cuanto a seguridad personal y en alcanzar la libertad, sino enviándoles víveres, medicinas, etc.".

Y la tercera actuación,

"labor dificilísima y la más peligrosa, la de indagar continuamente sobre los planes de los rojos, sus concentraciones y sus organizaciones defensivas, para hacerlo llegar por los medios que fuesen a los mandos nacionales, completando esta labor con el acto positivo de hacer pasar a Jefes, Oficiales y personal civil, de una a otra zona".

"Porque valor sin igual es en las guerras el minar la retaguardia enemiga: y por mi parte puedo decir, que yo que he hecho la campaña de África de los años 1921 al 1923, declaro que el combate más duro no tiene en absoluto ninguna comparación con el sufrimiento, exposición de vida y aniquilamiento de nervios, que supone la labor oscura y fría de trabajar en una zona enemiga soviética",

confiesa Jiménez-Alfaro en relación con su labor como "quintacolumnista" en aquellos tiempos del Madrid bélico.

Del testimonio de Jiménez-Alfaro destaca la imprecisión de los contenidos y fechas de la información suministrada al bando sublevado, en contra de lo que era habitual en otras organizaciones de la "quinta columna", que detallaron después de la guerra con toda exactitud los datos sobre el enemigo facilitados a los servicios de información franquista. Así, Jiménez-Alfaro se limita a asegurar que

"en las valijas diplomáticas se mandaban noticias sobre las concentraciones rojas, sobre sus planes de ataque, sobre sus disponibilidades en armas, municiones, etc… siendo dirigidas al Embajador de Alemania en París para que este las pasase a la zona nacional".

Otras actuaciones referidas por Jiménez-Alfaro parecen más fruto del deseo o de la imaginación que reales, como el hecho de haber conseguido a principios de 1937, con la intervención de algunos militares como Galarza, Fuentes Cervera y Jiménez Ruiz,

"establecer acuerdos con unidades rojas cuyos mandos se mostraban adictos y que hacían servicio en el frente del Parque del Oeste, llegándose a contar con dotaciones completas de algunos tanques de los de protección en dicha zona, dispuestos a toda acción bajo dichos mandos".

La organización "Golfín-Corujo"

La única información que Jiménez-Alfaro cita con algún detalle de la labor de espionaje en la legación noruega a favor de los sublevados, es precisamente la única reconocida por el propio diplomático de origen alemán en una declaración realizada ante los jueces de la Causa General en noviembre de 1941. Se trata de la información, suministrada con veinticuatro horas de antelación, de los preparativos de la operación sobre el cerro Garabitas, en la Casa de Campo, por parte de las fuerzas republicanas en abril de 1937, que Schlayer reconoce haber transmitido "utilizando una radio clandestina de Falange".

Según el testimonio de Jiménez-Alfaro, esa información se la suministraron

"a la Legación de Paraguay donde aseguraban tener una radio emisora" y "a una organización de Falange, que entonces empezaba a actuar, de la que formaban parte los camaradas Corujo y Dr. Jiménez (ambos fusilados en Barcelona por este complot)".

Se refiere Jiménez-Alfaro a la organización "Golfín-Corujo", liderada por el arquitecto Javier Fernández-Golfín y el procurador Ignacio Corujo. Sus dirigentes, junto a otros ocho miembros de la red, fueron fusilados por espionaje en Montjuich (Barcelona) el 24 de junio de 1938.

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Manuel Jiménez-Alfaro y Alaminos después de la Guerra Civil

En el proceso contra esta organización, quedó de manifiesto que sus miembros tenían contacto con la legación noruega, si bien el propio Fernández-Golfín aseguró en los interrogatorios que no conocía a Félix Schlayer. La memoria de la actividad de la red "Golfín-Crujo", elaborada después de la guerra por uno de sus miembros, tampoco cita a Jiménez-Alfaro entre sus colaboradores ni consigna que se debiera a la legación noruega la transmisión al gobierno de Burgos del inminente ataque republicano contra Garabitas. Sí apunta, en cambio, que "fueron enviadas notas de información por las Embajadas de Noruega, Méjico y Turquía", al tiempo que señala a Schlayer (escrito Slaschen) por su conexión con el citado doctor Jiménez y con una mujer de la organización llamada Matilde Álvarez.

El doctor Jiménez era Juan Francisco Jiménez Martín, médico chileno, que servía de enlace de la red "Golfín-Corujo" con la Junta Local de Falange de Madrid. Jiménez Martín, en sus declaraciones al ser detenido, reconoció haber visitado con Félix Schlayer a Raimundo Fernández Cuesta en la prisión de Alcalá de Henares. Además, admitió conocer en la sede diplomática noruega a "Arqués", también llamado Sinclair, que era miembro también de la Junta Local de Falange.

El propio Jiménez-Alfaro manifiesta que esa misma información del ataque a Garabitas la confirmaron por valija diplomática al embajador alemán en París y mediante carta firmada por él, incluida en la misma valija, al general Fidel Dávila. Si la acción bélica tuvo lugar al día siguiente es posible que esa confirmación no fuera de ninguna utilidad.

Asimismo, Jiménez Alfaro se merita de haber llevado por Madrid en el coche de la legación "a ver las defensas establecidas por los rojos" a militares que después se pasarían a la zona franquista. Y cita expresamente el caso del teniente coronel Eduardo de Fuentes y Cervera, con el que estuvo "en las entradas principales, entre ellas la de la Plaza de Legazpi, último punto rojo sobre el Barrio de Usera".

Donde sin duda brilló la actividad de Jiménez-Alfaro, a tenor de su declaración, fue en la de la evacuación de perseguidos a la zona nacional mediante documentación falsa o auténtica, muchos de ellos militares, pero no sólo. Esta labor contravenía las condiciones del gobierno republicano respecto a los refugiados, pues sólo se permitía la evacuación de mujeres, niños y hombres que no tuviesen edad para combatir.

El testimonio de Jiménez-Alfaro, segundo de Schlayer en la legación noruega de la calle José Abascal 27, deja claro que en Madrid no existía ni en el año 1936 ni primer semestre de 1937 "ninguna organización establecida que estuviese en contacto con la zona nacional". Por ello asegura que "celebramos continuamente conferencias y reuniones clandestinas a fin de consolidar la quinta columna". "Estas gestiones las llevábamos con toda reserva D. Félix y yo", afirma Jiménez-Alfaro, en la única ocasión en la que relaciona a Schlayer directamente con esta actividad.

Pedro Corral es autor de ‘Vecinos de sangre’ (La Esfera de los Libros, 2022). Escuche aquí la entrevista con el autor.

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