La conquista cinematográfica de México

Santiago Navajas

La conquista de lo que era un territorio dominado por los mexicas, con su rey Moctezuma al frente, por parte de un puñado de españoles, liderados por Hernán Cortés, y sus miles de aliados de todos los pueblos poco menos que esclavizados por los mexicas, es uno de los sucesos históricos más épicos y extraordinarios de la historia. Hasta entonces, humanos de tres continentes tenían noticias más o menos vagas de todos ellos, de Egipto a China y Europa. Pero las grandes civilizaciones americanas se habían desarrollado aparte del resto.

Sin embargo, la gesta apenas ha sido tratada por el cine español, como el resto de los hitos de la expansión española por el continente americano. Tampoco por el cine hispano. Esto revela, en ambos casos, las alucinaciones, delirios y trastornos graves de españoles e hispanoamericanos respecto a su pasado común, un territorio dominado todavía por la ignorancia, el desentendimiento y el odio. Lo que no es de extrañar dado el dominio que la izquierda política ha tenido y tiene a ambos lados del Atlántico. Ha tenido que ser un australiano de derechas, Mel Gibson, el que haya hecho la mejor película hasta la fecha sobre la conquista, ya que los acomplejados descendientes de Hernán Cortés y/o Moctezuma han sido incapaces de hacerla lastrados por su pobrismo indigenista, su resentimiento histórico además de su congénita falta de épica y lírica. Luego hablaremos de Apocalypto.

Una rareza sobre los habitantes de América antes de Américo Vespucio es El retorno de Aztlán, una película de textura amateur, realizada por Juan Mora Catlett que se puede ver en Youtube. Aztlán es el territorio mítico del que habrían salido los aztecas, que, a su vez, terminarían por producir a los mexicas, el pueblo que fundó la ciudad de México-Tenochtitlan y se enfrentó a los españoles. Rodada en la lengua originaria de los nativos, el náhuatl, esta película fue vista por Gibson para su obra maestra, Apocalypto.

Es una exageración por parte de Juan Mora Catlett que Gibson plagiara su película pero merece la pena subrayar que tanto el mexicano como el australiano, además del idioma original, centraron sus respectivas historias en el suceso fundamental que conduciría a la victoria inapelable: la rebelión del resto de pueblos nativos contra la explotación sanguinaria a la que eran sometidos por los mexicas. Tanto El retorno de Aztlán como Apocalypto (que comenzaba con la cita del historiador Durant "Una civilización no es conquistada desde fuera hasta que se destruye ella misma desde dentro") pueden verse como precuelas de la conquista propiamente dicha.

También trata indirectamente de la conquista, en clave metafórica, Epitafio, una atmosférica película de Rubén Imaz y Yulene Olaizola sobre la expedición de tres guerreros españoles para abrir un camino a través de la cima del volcán Popocatépetl (el "Popo" para los amigos), con la naturaleza y lo desconocido como símbolos de lo que les esperaba en la magnífica Tenochtitlán de Moctezuma. Diego de Ordaz es el soldado de Cortés protagonista de la gesta y no es retratado, como suele ser habitual, como una especie de monstruo sanguinario sino más bien como alguien a medio camino entre su ambición de riqueza, su anhelo de evangelización y su fascinación ante la riqueza natural y natural que descubrieron.

La otra conquista, dirigida por Salvador Carrasco, se centra en uno de los hijos de Moctezuma y su reclusión e intento de conversión por parte de unos sacerdotes cristianos. Trata de representar el conflicto identitario de México como fusión entre la cultura española y los diversos pueblos con los que se encontraron Cortés y compañía, de los enemigos mexicas a los aliados totonacas y los tlaxcaltecas.

Entre las aventuras de los españoles en la Nueva España hay batallas épicas, derrotas infames y, también, acciones más íntimas como la de Álvar Nuñez Cabeza de Vaca, un naufrago de la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida y que fue esclavizado por un chamán. Nicolás Echevarría fue el director de Cabeza de Vaca basándose en Naufragios y comentarios del conquistador y esclavo español.

Con pretensiones tanto de poema lírico y visual como de reflexión antropológica sobre el encuentro-choque entre hombres de distintas civilizaciones, Cabeza de vaca consiste más bien en lo que Echevarría supone que le pasó por la cabeza Álvar Nuñez que a lo que contó en sus grandiosas memorias. Considerada una de las cien mejores películas mexicanas.

Todas estas películas son valiosas en sí mismas pero también sirven como introducción para la serie Hernán, de Amazon Prime Video, que explica cómo Cortés consiguió aunar la voluntad de los diversos pueblos enemigos de los dominantes mexicas para convertirse en un primus inter pares en la formación de Nueva España, en primer lugar, y en el moderno México al final del proceso.

Cortés, como antes Julio César y Alejandro, tuvo además que romper con su superior inmediato, el gobernador de Cuba. Es en el segundo capítulo cuando Óscar Jaenada, el actor protagonista, pronuncia un Alea iacta est que resume el talante y la actitud de Cortés, firme y audaz, sensato pero implacable, pirata y estadista, religioso pero belicoso, traidor pero honesto, torero y santo, ambicioso y heroico. Especialmente relevante es la serie por el personaje de Malinche, la náhuatl que fue dada como esclava a Cortés pero se convirtió en su interprete, consejera y madre de su hijo, símbolo del mestizaje que sería uno de los rasgos decisivos de la expansión española por América. Lo mejor de la serie, brillantemente construido, es que refuta con decisión el mito del Cortés asesino en el que suele regodearse la leyenda negra anglosajona, al estilo de Cortez killer de Neil Young.

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