Las 'urbanizaciones medievales', refugio de las viudas de las Cruzadas, ahora Patrimonio de la Humanidad

Los beaterios son conjuntos arquitectónicos compuestos por viviendas para mujeres que fueron muy populares durante la Edad Media.

David Alonso Rincón

Los beaterios flamencos, 13 de los cuales pertenecen a la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, son espacios de serenidad y paz, donde dar un paseo con calma, pequeños pueblos a las afueras o dentro de ciudades como Gante, Malinas o Brujas, que se extendían por decenas de ciudades en los antiguos Países Bajos, a los que por aquel entonces pertenecía Flandes.

En la actualidad es posible visitarlos y encontrar entre sus calles un museo o, incluso, una cafetería, además de preciosos jardines y fachadas impecables. En su interior convivían las mujeres juntas, pero de manera completamente independiente. No rendían cuentas a las autoridades eclesiásticas, sino que se regían por sus propias normas y valores. Incluso trabajaban para ganarse el sustento.

Los beaterios son conjuntos arquitectónicos compuestos por austeras viviendas que fueron muy populares durante la Edad Media, ya que debido a las duras condiciones de vida causadas por las epidemias de peste y por las bajas de soldados que eran enviados a las Cruzadas, muchas mujeres quedaban viudas o en situación de desamparo y acudían a estos pequeños refugios hasta que podían recuperarse. Tenían voto de castidad, que podían abandonar en cualquier momento, sobre todo cuando volvían a casarse, pero no de pobreza (la última beata falleció en 2012). En la actualidad ya no quedan mujeres residiendo ahí con ese propósito, aunque sí es posible pasearse por sus estrechas callejuelas donde imaginar cómo era la vida en su interior durante una época tan convulsa como fascinante.

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Flandes. | David Alonso Rincón.

Estas colonias o pequeñas urbanizaciones suelen estar en las afueras de la ciudad y las hay de diferentes tipos. El beaterio urbano, que se ajusta a los planos de las ciudades medievales, en forma de tablero de damas. En otros lugares encontramos beaterios con un patio central o jardín, rodeado de casas. Hay un tercer tipo que comparte características de ambos. Suele tener un patio interior alrededor del cual hay dos hileras de viviendas, e incluso calles.

Los beaterios más típicos son el de Lier, a 20 kilómetros del centro de Amberes, construido en 1258 y cuenta con 92 casitas de nombres curiosos, como Het Stalleken van Bethlehem (El establo de Belén) o Wijngaert des Heren (Viñedo de los caballeros), dado que en aquella época las casas todavía no tenían número.

Durante el periodo iconoclasta, a mediados del siglo XVI, el de Malinas quedó totalmente destruido, tras lo cual las mujeres encontraron un nuevo hogar, esta vez dentro de las murallas de la ciudad. Es por esta razón por la que el de Malinas, reconvertido a pequeño barrio, destaca por su particular estilo único respecto a los demás beaterios de Flandes.

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l Beaterio de Malinas. | David Alonso Rincón.

La bella ciudad de Gante, muy ligada con España porque fue aquí donde nació Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, cuenta con un beaterio grande, de ocho hectáreas y otro pequeño, ambos muy cerca del ayuntamiento medieval. Tiene tres patios y una amplia zona verde. Igual que en la mayoría de los antiguos beaterios, hoy en día las casitas vuelven a estar habitadas, aunque no por beatas.

En Lovaina, la gran ciudad universitaria por excelencia con un ambiente joven y creativo, donde los estudiantes que pueblan esta urbe se cuentan por miles, eso sí, a toda velocidad, ya que su medio de transporte favorito es la bicicleta. En este caso el complejo histórico del beaterio está en manos de la propia universidad.

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El Beaterio de Lovaina. | David Alonso Rincón.


En la actualidad la mayor parte de los beaterios que existen en la región flamenca de Bélgica tienen una función residencial y a veces social, aunque algunos se han destinado a otros usos.

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